La titular del Ministerio de Cultura y Deportes (MCD), Liwy Grazioso Sierra, hace un balance de su trabajo al frente de la cartera. Reconoce que la labor no ha sido sencilla, pero afirma que el país avanza en descentralización cultural, recuperación de patrimonio y habilitación de espacios históricos a la ciudadanía. Subraya la importancia de fortalecer la literatura nacional, publicar en idiomas originarios y proyectar a Guatemala en el ámbito internacional.
Durante la conversación, la funcionaria destaca que se reanudó la Muestra de Teatro Departamental después de 30 años, se completó la Orquesta Sinfónica Nacional y la expansión de programas culturales y deportivos a los municipios. También aborda proyectos de repatriación de piezas arqueológicas, las declaratorias ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y la necesidad de que la cultura se entienda como un derecho y no como un privilegio.
¿Cómo evalúa su gestión al frente del ministerio?
Han sido dos años de mucho aprendizaje y también de grandes desafíos. Para mí y para el ministerio ha sido un período positivo porque se notan cambios visibles. Recibo comentarios de distintos sectores y, aunque siempre hay críticas, siento que la aceptación positiva supera a los detractores. También ha sido una experiencia enriquecedora a nivel personal, porque me ha permitido conocer mejor el país y comprender las necesidades específicas de la cartera.
No niego que hay momentos de preocupación. La responsabilidad es enorme. Siempre he sido muy crítica con la forma en que se manejaba el patrimonio y hoy me corresponde dirigir la institución. Quisiera transformar todo de inmediato, pero hay procesos y lineamientos propios de la administración pública que no se pueden obviar. Lo importante es avanzar con responsabilidad y hacer lo mejor posible con los recursos disponibles.
¿Qué proyectos considera prioritarios durante este período?
Hemos impulsado varios proyectos emblemáticos. Uno de ellos fue completar la Orquesta Sinfónica Nacional, que necesitaba fortalecerse para recuperar su presencia en el país. Recuperamos la Muestra de Teatro Departamental, abandonado durante 30 años, lo cual permitió reactivar el teatro en distintas regiones. En deporte, dimos vida a programas inclusivos para personas con discapacidad y promovimos el programa Juego Limpio, que busca inculcar valores en los atletas.
En materia de patrimonio cultural, trabajamos en reforzar la protección de zonas arqueológicas, atendiendo sus necesidades de seguridad y manejo. Otro logro importante ha sido cambiar la imagen internacional del ministerio, que estaba deteriorada. Hoy tenemos una mejor relación con embajadas e instituciones culturales del extranjero, lo cual abre oportunidades para exposiciones y giras artísticas.
¿Qué avances se lograron en la proyección internacional de la cultura guatemalteca?
El cambio de política ha sido evidente. Nuestros grupos artísticos reciben invitaciones constantes y el nivel de colaboración internacional se ha incrementado. Lo esencial es que comprendimos que la cultura genera lazos más duraderos que la política. La cultura es el mejor embajador que puede tener un país. Cuando aprendemos a conocernos y apreciarnos mutuamente, fomentamos la tolerancia y la paz.
El Palacio Nacional de la Cultura ha abierto sus puertas a la población. ¿Cómo valora esta experiencia?
El Palacio es un símbolo del país y debe ser un espacio de todos. Durante años estuvo limitado a funciones de gobierno, pero hoy está de puertas abiertas. Organizamos recorridos para estudiantes, familias y turistas. Muchos guatemaltecos lo conocían solo por fuera, ahora lo disfrutan por dentro. Además, ofrecemos conciertos, exposiciones y presentaciones artísticas totalmente gratuitas. Queremos que la población sienta que el Palacio le pertenece.
En cuanto a literatura, ¿Cómo se ha fortalecido la Editorial Cultura?
La política editorial busca un equilibrio entre publicar autores reconocidos y dar espacio a escritores emergentes. No se trata de publicar por publicar, sino de garantizar calidad. Hemos ampliado la colección con autores guatemaltecos y centroamericanos, y damos especial atención a los migrantes talentosos que residen fuera del país. También impulsamos certámenes para estimular la producción literaria en jóvenes. En cuanto a publicaciones, producimos antologías de cuentos y poesía, además de ediciones especiales como el libro sobre el cacao, que combina imágenes y textos de calidad. Asimismo, hemos traducido obras de Miguel Ángel Asturias a idiomas mayas como k’iche’, kaqchikel e itzá, y planeamos ediciones en garífuna y en braille. Queremos que la literatura nacional sea accesible a todos, sin exclusiones.
¿Qué acciones concretas se emprendieron para descentralizar la cultura?
La descentralización es una de nuestras principales metas. Llevamos la Orquesta Sinfónica a Petén y a Quetzaltenango, experiencias inéditas que fueron recibidas con entusiasmo. Para llegar a lugares más remotos, formamos grupos más pequeños, como el Cuarteto Primavera y el Quinteto Xochomil, además de un nuevo ensamble de percusiones. Esto facilita que la música académica llegue a comunidades donde nunca había estado presente. También reactivamos el concurso de teatro departamental, que después de tres décadas logró reunir a 12 departamentos con obras de gran calidad. En deporte, los Juegos Centroamericanos 2025 se celebrarán no solo en la capital, sino también en departamentos como Chiquimula, Quetzaltenango y las Verapaces. Además, impulsamos talleres de patrimonio cultural en distintas regiones, porque solo se protege lo que se conoce y se valora.

Este año se anunciaron repatriaciones de piezas arqueológicas. ¿Cuál es el panorama en este tema?
La repatriación de bienes culturales es una práctica constante y necesaria. Este año logramos recuperar cuatro piezas localizadas en Brasil, aunque todavía no han ingresado físicamente al país. También tenemos procesos activos en México y Europa. El problema es que, además de las gestiones legales, corresponde al Estado costear el embalaje, seguro y traslado de estas piezas.
Afortunadamente, contamos con el apoyo de países aliados y aerolíneas que han facilitado algunos traslados. Aun así, necesitamos un fondo permanente que garantice la repatriación. El patrimonio cultural es un recurso no renovable: si lo perdemos, lo perdemos para siempre.
¿Qué proyectos impulsa el ministerio ante la Unesco?
Hemos presentado varias propuestas. Una de ellas es la romería del Cristo de Esquipulas, entendida como un conjunto de prácticas y devociones que trascienden fronteras. Incluso Panamá se adhirió a la propuesta. Otra iniciativa son los recados guatemaltecos, que representan una síntesis cultural al combinar ingredientes precolombinos y europeos.
También trabajamos en la declaratoria del lago de Atitlán, no solo por su belleza natural, sino por su diversidad cultural. En sus orillas conviven tres pueblos originarios con idiomas, indumentaria y tradiciones propias. Finalmente, promovemos la candidatura de Flores, Petén, como Patrimonio de la Humanidad por su historia precolombina, colonial y contemporánea.
¿Qué mensaje envía a la población sobre los programas culturales y deportivos?
Invito a la ciudadanía a acercarse a nuestras actividades. La cultura no es elitista ni inaccesible: es un derecho. Entre más conozcamos nuestra producción cultural y la del mundo, más amplios serán nuestros horizontes. El Ministerio de Cultura y Deportes está abierto a todos, con programas gratuitos y actividades inclusivas que incluyen a personas con discapacidad. Queremos que cada guatemalteco disfrute de la cultura, el arte y el deporte, porque son herramientas de transformación social.












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