Ottoniel, Kimberly y María tienen en común que han superado las adversidades de la vida y que por medio del Comité Nacional de Alfabetización (Conalfa) han aprendido a leer y escribir, que ha sido la base para seguir creciendo académicamente.
Con 22 sedes departamentales y cobertura en 340 municipios, el programa atiende a guatemaltecos de 15 años en adelante que por situaciones varias no encontraron la oportunidad de estudio en el pasado.
El índice actual de analfabetismo es de 15.49 por ciento, lo que representa una reducción de 3.7 puntos porcentuales con respecto al 2018. En 2024 se inscribieron en el programa 101 mil 830 personas, de las cuales 86 mil 289 fueron promovidas. Para este año, la meta asciende a 150 mil.
Historias como la de Ottoniel relatan la satisfacción que significa terminar la primaria luego de años de trabajo duro.
Otras narrativas, como la de Kimberly, cuentan el deseo de superación inspirado por ver a los padres estar orgullosos de sus hijos por cumplir sus sueños y metas profesionales.
María, por su parte, es muestra de esa vocación de ayudar a las personas, luego de pasar por una vida sin oportunidades que, al encontrarlas, no duda en aprovechar y devolver el apoyo que algún día recibió.
Sueña con ser abogada
Kimberly López
“Yo nací en un área rural. Específicamente de El Tumbador, San Marcos. En esa aldea, la opción de estudiar no era para todos. Cuando llegué al cuarto primaria, mi papá me dijo que ya no siguiera los estudios”, recuerda la entrevistada.
Cuenta que desde ese entonces trabajó en tareas agrícolas. Fue hasta los 17 que decide venir a la ciudad de Guatemala, en donde labora en maquila y repostería.
Ya con una hija, agrega, encuentra estabilidad en una empresa de cable, donde lleva cinco años trabajando como cobradora de campo, lo que le ha permitido alcanzar varias metas.
“Este 2025, con 31 años, y a pesar del miedo de olvidar todo lo aprendido, retomé los estudios en Conalfa. Fui motivada por mis amigas. Hay días que quiero tirar la toalla, pero el sueño de convertirme en abogada, es un sueño que quiero cumplir por mis padres”, destaca con orgullo.
Reunión que le cambió la vida
Ottoniel Sánchez
“Yo soy del oriente del país, por el lado de Jutiapa. En mi comunidad, la educación era muy escasa. Recuerdo que solo había un maestro para muchos niños y niñas. En ese tiempo, los padres estaban más enfocados en que uno trabajara en el campo”, rememora Ottoniel.
Narra que esas condiciones solo le permitieron completar el segundo grado de primaria. Cuando cumplió 18 años le tocó irse de su casa. Entonces, se topó con la cruda realidad: las empresas no lo aceptaban por no tener los papeles que certificaran estudios.
“La necesidad de regresar a la escuela se agigantaba. Fue hasta que encontré, en una congregación católica, la recomendación de estudiar en Conalfa. Comencé a ir todos los domingos”, dice el entrevistado.
Luego, enfatiza: “Terminé los estudios y, miren, ahora soy electricista industrial. Además, puedo darles estudios a mis hijas. Espero, pronto, lograr sacar un técnico universitario”.

Esfuerzo la lleva lejos
María Sicán
Ella recuerda que cuando era pequeña no tuvo la oportunidad de estudiar y sus padres no pudieron darle apoyo, por lo que solo terminó primero primaria.
“Luego, por razones de la vida, conocí el programa de Conalfa. Debido al esfuerzo y dedicación, y sin importar los altibajos que se presentaron, logré terminar la primaria. Fue bastante satisfactorio el proceso. Posteriormente, saqué mis básicos y el diversificado”, relata con orgullo.
“Gracias a Dios, actualmente, tengo la maravillosa oportunidad de ser docente. También, con orgullo, les cuento que ya estoy en el segundo año de la universidad”, comenta.
Tras echar una mirada al pasado, destaca que a pesar de que en su infancia no tuvo la oportunidad de recibir los conocimientos educativos que debía, el Altísimo la ha bendecido. “Les cuento que soy alfabetizadora. Estoy muy agradecida con Conalfa por ayudar a superarme”, concluye.












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