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OPINIÓN

El transporte se puso pesado

En total, nueve días duró el paro de los transportistas de carga pesada, en protesta por la ampliación de la restricción establecida por la municipalidad capitalina para su circulación.

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En total, nueve días duró el paro de los transportistas de carga pesada, en protesta por la ampliación de la restricción establecida por la municipalidad capitalina para su circulación.

Los medios de comunicación sirvieron de cuadriláteros para que personeros municipales y los inconformes se inculparan. De esto, lo que quedó claro, porque fue expuesto por los primeros y no refutado por los segundos, es que la medida avalada por el Concejo edil fue negociada y consensuada desde el año pasado. Pero más allá, ninguno de los involucrados expuso la base técnica sobre la cual se ensanchó el horario de la prohibición.

La pregunta general que queda en el aire es: ¿cómo se mide y cuál es el impacto económico de la circulación de los vehículos?

La respuesta la tendríamos clara si las personas que participan en nuestro nombre en las instancias que supuestamente buscan solucionar nuestros problemas se dieran a la tarea de informar sobre sus oficios. En este sentido, el ayuntamiento carga con culpa, porque ha tenido a su disposición medios de comunicación para transmitir información de interés público, pero a sus mensajes se les ha dado otro enfoque. Hoy contaría con una masa crítica del área metropolitana que respaldaría de forma más decidida la acción.

Durante el paro recién resuelto se benefició de que sus adversarios no son los mejores comunicadores y trataron de lograr que la población se identificara con ellos por medio de argumentos mal planteados, de tipo sectorial y emotivos, y que,  aderezaron con amenazas, como la de traer mil camiones a la ciudad.

Por su parte el sector privado organizado demandó al Gobierno operaciones contra quienes entorpecieron la locomoción y pidió que se analizara establecer un estado de prevención.

Sería interesante conocer su planteamiento frente a sus colegas empresarios, empleadores de los pilotos.

La atención de todo el público que debió haber tenido el diálogo original para tomar la medida generadora de la discordia fue reclamada por la crisis, que con la intervención del Gobierno central, de momento, se ha solucionado. Una lección que se nos reitera frecuentemente, pero que nos está costando aprender.

Eddie Fernández
Magister en Políticas Públicas, licenciado en Ciencias de la Comunicación, periodista profesional, diplomado por el Tecnológico de Monterrey en Periodismo para el Desarrollo.

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ARTES

Da 5 Bloods, una película marca Spike Lee

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El cine de autor transgresor marca Spike Lee Joint siempre es emocionante de ver y regocijarse. De esa entrañable Do The Right Thing, pasando por la épica Malcom X, la feroz 25th Hour y la gran BlacKkKlansman, ahora toca celebrarlo con Da 5 Bloods, una cinta apadrinada por Netflix.  

Sin duda, Lee es la voz que más presencia y fuerza tiene en EE. UU. sobre la dignidad y el papel que el afroamericano tiene en la Gran América secuestrada por Trump, un reality que ya perdió su chiste. Controversial, sin miedo y fiel a su voz como artista y como afroamericano, el director logra cautivarnos con una película en la que nos muestra el rol que tuvieron los afroestadounidenses en la Guerra de Vietnam.

El realizador usa a cinco amigos, que se hacen llamar Bloods (Sangres), para adentrarnos en los rastros del conflicto que marcó a una generación de estadounidenses, con no menos de 58 mil muertos, y 1 millón 300 mil entre Vietnam del Norte y del Sur. Los cuatro amigos que sobreviven planean regresar por los restos de Norman, interpretado por Chadwick Boseman, quien era su líder. El otro plan es recuperar un cofre de oro que enterraron en la selva. Este oro lo entregaba el Gobierno de EE. UU. a nativos, para comprar armas, y así ayudar a su causa.

Lo que siempre encanta del cine de Spike es ver a actores secundarios que dejaron huella en sus películas, como el caso de Delroy Lindo en Malcom X e Isiah Whitlock Jr en 25th Hour; y, recientemente, Paul Walter Hauser y Jasper Pääkkönen, como integrantes del KKK. Las secuencias de intérpretes flotando en tomas y las confesiones de los personajes en primer plano son parte de la marca registrada en la filmografía del director estadounidense.

A pesar de las tragedias personales de cada protagonista, la amistad entre los Bloods es lo que más destaca en la cinta, y después de muchos años continúa intacta. Norman, el líder ausente, es quien les enseña a comportarse como afroamericanos de bien, honrados, rectos e íntegros. El personaje de Norman está inspirado en la figura de Martin Luther King Jr., cuyos valores siguen vigentes.

Luego tenemos la búsqueda del cofre de oro que, de una u otra manera, será una compensación por haber luchado por su país, ante el olvido sistemático del Gobierno a los veteranos de guerra. La empresa no será fácil, y tendrán que adentrarse en la selva espesa, donde aún existen mercenarios y minas personales que intentarán hacer más complicada la misión.

Como en cada una de sus películas, Lee hace un llamado de conciencia sobre la violación de los derechos humanos de la comunidad afroamericana, represión abanderada por el presidente de turno y ejecutada por las fuerzas policiales de casi todo el país.

Directores como Antoine Fuqua, el fallecido John Singleton y el mismo Spike son las voces más fuertes que pelean por la igualdad social y el fin del racismo en EE. UU. Da 5 Bloods es el documento cinematográfico de que la lucha continúa vigente. Muy recomendada.

Allan Martínez
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ARTES

LOS BOLETINES DE STAN

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En 1965, Marvel Comics se había consolidado como una editorial de historietas exitosa, gracias a títulos como los Fantastic Four y Spider-Man. No conforme con eso, el editor Stan Lee deseaba interactuar con los aficionados de Marvel en un tono afable e informal, compenetrando al equipo editorial y a los jóvenes lectores, convirtiéndolos en cómplices de las historias que se publicaban.

Lee retrabajó las secciones de Cartas al Editor de sus publicaciones, creando así los  Marvel Bullpen Bulletins. El bullpen del título es un término deportivo usado en el beisbol, el cual también se empleaba para aludir a espacios de oficinas sin divisiones entre los escritorios, como los que se usaban en las oficinas de editoriales de la época. La nueva sección, ahora de dos páginas, contenía cartas de los lectores, pero además incluía noticias e información de otros títulos publicados, todo siempre presentado en un tono cordial y alegre, el cual se convertiría en el estilo editorial característico de Marvel. 

Dos años después hizo su aparición Stan’s Soapbox, el púlpito desde el cual Lee se dirigía mensualmente a sus feligreses, los fieles lectores de Marvel, hablándoles con un tono más sincero y menos mercantilista que en otras partes de la revista. Inicialmente, Lee se limitaba a comentar sobre el avance de sus títulos, ocasionalmente mencionando a sus colaboradores con amistosos apodos, como Fabulous Flo Steinberg y Jovial Joe Orlando. Pero, poco a poco, el editor fue abordando temas más escabrosos, como la guerra de Vietnam y la discriminación racial. Cuando algunos lectores se quejaron del tono moralista de algunas historias, Lee contestó que “una historia sin un mensaje carece de alma”. 

En 1972, Lee se retiró de su puesto de editor en jefe y dejó los Bulletins en manos de sus sucesores, aunque siguió escribiendo su columna hasta finales de la década. En 2009 Marvel Comics y The Hero Initiative recopilaron todas las columnas escritas por Lee de 1967 a 1980 en un libro titulado Stan’s Soapbox: The Collection.

Pero no todos fueron fans de los Bulletins, empezando por algunos de los creativos de Marvel. Unos, como Jack Kirby, refunfuñaban en lo privado, aunque le seguían la corriente a Lee; pero otros, como Steve Ditko, estaban furiosamente opuestos a la ficción de una amistosa fraternidad. 

Los Bulletins fueron objeto de mofa en 1963, en una miniserie escrita por Alan Moore, que satirizó muchos de los clichés de la Era de Plata de los Cómics. En un segmento titulado el Sixty-Three Sweatshop, Moore escribe jovialmente como Affable Al, un editor tiránico que vive tomando crédito por las creaciones de otros y promocionando todo tipo de mercadería a sus lectores.

Alejandro Alonzo
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ARTES

Persiguiendo a Trane

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El jazz de los años 50, 60 y 70 es una fascinación para mí, porque hay en las composiciones una especie de locura y de escape a otro mundo; un universo musical imposible de descifrar y entender. Cada canción es una forma de perderse en uno mismo, y al terminar, lastimosamente, regresamos con total desgano a esta vida.

Por eso, es refrescante encontrarse en un disco o en un documental una figura que simbolice el escape de la realidad. Miles Davis es una leyenda que explora el sentimiento del humano y sus bestiales desgracias, que son retratadas en composiciones urbanas. Hay algo que Davis encontró en John Coltrane, y es un espíritu a punto de explotar. Cuando lo invitó a las sesiones de Kind of Blue, John aportó con su talento a la mirada de otro. Aunque Davis le soltó el espíritu creativo, Coltrane sabía que no era su visión, y prefirió aprender. 

Coltrane es, en sí, la locura. Aceptó que su música era una manera de luchar contra la violación de los derechos humanos y la segregación de los afroamericanos en EE. UU., y que, además, le serviría para perseguir a Dios de una forma frenética, febril y demente. Para cuando empezó a grabar Giant Step, entre los recesos de Kind Of Blue, su talento estaba desbocado. Coltrane sufría de muchas dudas y, cinco años antes, Thelonious Monk, ese otro genio de la locura del jazz, fue quien lo alentó a descubrirse y a tener confianza para romper con todo y todos. 

Cuando reiniciaron las grabaciones al lado de Miles, Coltrane ya no quería estar ahí. Ya sabía lo que tenía qué hacer, y así comenzó una carrera estratosférica y breve: la de un cometa que se convirtió en la más brillante estrella.

El documental Chasing Trane, que se puede ver en Netflix, es una lectura basta del hombre, sus miedos y las dudas autodestructivas, que querían aplastarle el talento y lo llevaron a las drogas. A veces no se entienden muchas cosas, ni cuáles son nuestros deberes en la Tierra y en la vida. Ese sobrecogedor pensamiento hizo que Coltrane perdiera todo antes de empezar. 

Sus primeras grabaciones eran un desastre, y solo los que rayan en la locura encontraron en Coltrane un diamante en bruto que con el paso del tiempo brillaría. Aquel feroz trompetista Dizzy Gillespie lo tuvo bajo su ala para nutrirlo, pero a John le ganaron sus demonios y, eventualmente, fue despedido de la banda de Dizzy. John se hizo una promesa y logró desintoxicarse. A partir de ahí inició su meteórico ascenso al olimpo de los dioses del jazz, algo que asumió como un llamado divino.

Chasing Trane intenta explorar la mente de John y su abstracta creatividad. Su mayor creación, el disco A Love Supreme, es el segundo mejor álbum de jazz desde Kind Of Blue, de Miles, y no es el primero por poco. Insisto, es locura, la locura del divino. Por momentos no entendemos ese frenesí pero este jazz; no puede cuestionarse, porque es un universo donde la crueldad del mundo no llega, no toca, no muerde. Habita en lo azul del cielo, flota en el sentimiento infantil y en la nobleza del espíritu. 

No se puede ser el mismo después de escuchar a John con su saxo, su clarinete o flauta. Si The Birth Of Cool, de Davis, que también puede verse en Netflix, es una lectura profunda de Miles en crecimiento, esplendor y trágica decadencia, Trane es la tragedia del astro cuya luz pasó muy rápido pero su cola iónica aún es visible. 

Hay una desventaja de morir joven, y es que al que parte pronto se le extraña mucho en los otoños más aciagos. Sin embargo, levantar la vista y admirar su rastro cósmico en el cielo provoca la sonrisa más angelical. Muy recomendado.

Allan Martínez
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