Jonathan Menkos
Ministro de
Finanzas Públicas
de Guatemala
En 1973, el Gobierno taiwanés creó el Instituto de Investigación Tecnológica Industrial (ITRI) con el mandato de generar conocimiento, formar talento y desarrollar las tecnologías que harían posibles industrias que todavía no existían. En sus primeros años, el ITRI trabajó, por ejemplo, con tecnología de RCA, la aprendió, adaptó, mejoró y transfirió al sector privado. De ese proceso nació la primera empresa de semiconductores del país. Y de esa empresa, años después, surgió la Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC).
El ITRI es solo el primer anillo del ecosistema. El segundo es el Parque Científico de Hsinchu, construido deliberadamente en 1980 junto a dos universidades de ingeniería de primer nivel —la Universidad Nacional de Tsing Hua y la Universidad Nacional Chiao Tung— replicando el modelo de Silicon Valley, que nació junto a la Universidad de Stanford. La idea era que investigación pública, formación universitaria y empresa privada se retroalimentaran en tiempo real y en el mismo espacio físico. Hoy el Parque alberga más de 500 empresas que emplean a 160 mil personas y es hogar de TSMC y otras empresas globales. El propio Morris Chang, fundador de TSMC, lo reconoció: “Si no hubiera sido por los parques científicos, muchas empresas tecnológicas no habrían sido posibles”.
El tercer anillo es el capital humano. Más de 50 empresas son spinoffs del ITRI o de las universidades colindantes. En el ecosistema se forman ingenieros, se incuban empresas, se les transfieren patentes y se les acompaña hasta que vuelan solos. El ecosistema transfiere permanentemente sus resultados a la sociedad y a la economía.
En el plan de gobierno del presidente Arévalo ya está en ejecución el componente de innovación.
Lo que hace al ITRI especialmente notable es que camina construyendo el futuro. Su hoja de ruta al 2035 organiza el trabajo en cuatro dominios: Vida Inteligente, Salud de Calidad, Ambiente Sostenible y Sociedad Resiliente, todos impulsados por inteligencia artificial, semiconductores de nueva generación y comunicaciones avanzadas. Con programas de trabajo, plazos y presupuesto.
¿Qué puede aprender Guatemala? Que hay conocimiento que el mercado solo no construye y que requiere inversión pública deliberada; que la innovación ocurre en ecosistemas donde universidad, investigación y empresa privada se retroalimentan; y que una hoja de ruta de largo plazo no es burocracia, sino la diferencia entre reaccionar al presente y construir el futuro. En Guatemala se puede fomentar la innovación en sectores de alto potencial como el textil, el automotriz y la vivienda, creando laboratorios de innovación y formando ingenieros y técnicos especializados en esas industrias.
En el plan de gobierno del presidente Arévalo ya está en ejecución el componente de innovación, con el recién creado Fondo de Innovación y Transformación Productiva (FIT), y se trabaja con Taiwán para que seamos parte de la ruta del chip. Toca seguir sumando piezas al ecosistema de innovación guatemalteco, con la convicción y madurez con que Taiwán construyó el suyo.











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