El informe identifica, como oportunidades prioritarias, el fortalecimiento de la transparencia en la gestión pública y el combate a la corrupción.
Esta semana la fundación Konrad Adenauer presenta el Índice Desarrollo Democrático para América Latina (IDD-Lat) 2015, el cual evalúa, de forma comparativa, el desempeño del desarrollo democrático en 18 países de la región. Para realizar el análisis, el informe se basa en cuatro dimensiones: democracia de los ciudadanos, democracia de las instituciones, democracia social y humana y democracia económica.
Los resultados a nivel regional permiten evidenciar una mejora en el promedio general, en comparación con años anteriores. No obstante, cuando se individualizan los resultados por país, se puede identificar el trabajo que desde los gobiernos se está realizando para mejorar las condiciones de desarrollo democrático. En ese sentido, no sorprende que países como Uruguay, Chile y Perú estén en la cabeza del ranking en la región, acompañados de Costa Rica y Panamá como representantes del Istmo.
En el caso de Guatemala, salimos mal evaluados en el índice, especialmente en el régimen de respeto de derechos y libertades, en la dimensión de desarrollo social y humano y en la dimensión de desarrollo económico. Cabe destacar que para 2014 ya se percibía una creciente en el malestar social y político, por la forma como se estaba manejando la gestión gubernamental.
Como contraparte, el informe no solo critica, también propone e identifica oportunidades para mejorar el desarrollo democrático, siendo la más destacada el fortalecimiento de la transparencia en la gestión pública y el combate a la corrupción.
No todo es negativo para Guatemala, pues aunque no está bien posicionado en el índice, es uno de los cuatro países que registraron mayor variación positiva en comparación con el año anterior. Además, después de ocho años consecutivos de obtener una mala calificación, en la actualidad se pueden identificar pequeñas intenciones de cambio en el sistema, que podrían permitir una transición positiva a largo plazo.
En este punto juega un papel importante la voluntad política de los tres poderes del Estado, quienes deben demostrar intención de cambios significativos en el sistema. Por otro lado, a nosotros nos queda la responsabilidad de trabajar en aras de una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones, que encaminen a Guatemala a una mejora en su desarrollo democrático.











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