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COLUMNAS

El Congreso es la clave

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La razón es muy sencilla: solamente el Congreso puede reformar la constitución y solamente el Congreso puede convocar a la asamblea.

No puede hacerse sin el Congreso reforma alguna, y es el Congreso, lo que debe reformarse. Sin contar con el Congreso de la República ninguna reforma constitucional puede hacerse como tampoco puede llegar a instalarse una Asamblea Nacional Constituyente.

La razón es muy sencilla: solamente el Congreso puede reformar la Constitución y solamente el Congreso puede convocar a la Asamblea.

Bueno es saber, por otra parte, que de conformidad con la Constitución vigente tan sólo puede convocarse a una Asamblea Nacional Constituyente si es para reformar artículos que se refieren a derechos humanos individuales, es decir, del 3 al 46 del texto constitucional, y el que así lo dispone.

La reforma de cualquier otro artículo –salvo los denominados pétreos– puede hacerla también tan sólo por el Congreso, debiéndose someter lo resuelto a Consulta Popular.

Tanto para convocar como para reformar se precisa del voto favorable de 106 de los 158 diputados.

Son muchos los que propugnan por reformas, muchos los que se quejan, pero casi ninguno hace un alto en el camino para pensar cómo lograrlas.

Pues bien, bueno es saber y entender, de una vez por todas que, sin el Congreso, nada es posible.

También es importante comprender, de igual manera, que el Congreso no solamente es el sujeto de la reforma –quien puede hacerla o convocar para que la haga la Asamblea (sin el Congreso –reitero– ninguna reforma es posible) sino el objeto de la reforma ya que sin cambiar el Congreso –en sus manos la definición del presupuesto y de las leyes nada podría cambiar entre nosotros y el Congreso solamente cambiará si cambiamos la forma de elegir los diputados.

Toda otra reforma sale sobrando, –mi sentencia es lapidaria– si no se reforma el Congreso.

Son muchos quienes apuntan a los problemas pero pocos a la solución– la única– establecer entre nosotros el Sistema Electoral de los Distritos Pequeños, algo que puede hacerse con la reforma de un solo artículo de la Constitución, el 157.

Reformado el artículo 157 se hará posible que sepa Usted quien es SU diputado, lo que hoy ignora y seguirá ignorando, si no cambiamos el sistema de elegirlos.

El cambio que propongo es muy sencillo: Todo aquel que quiera ser candidato a diputado puede serlo sin necesidad de que lo postule un partido político.

Lo que elimina el monopolio de los partidos.

Guatemala se divide en 158 distritos pequeños y cada distrito elige un solo diputado, incluyendo dentro de esos 158, los distritos que correspondan a los migrantes.

Por ser pequeños los distritos, aproximadamente de 60 mil votantes cada uno, los electores podrán conocer muy bien a los candidatos y también estos a los electores, las campañas se hacen cortas y baratas–de puerta en puerta– y no se pierde el cordón umbilical entre el electo y los electores porque el mandato es tan sólo de dos años siendo la reelección, el premio y la no reelección, el castigo.

Todo puede cambiar, sí, pero si cambia el Congreso.

continuará

Acisclo Valladares Molina
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COLUMNAS

Libros amigos (I)

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Joseluís González 

profesor y escritor

@dosvecescuento

Leer libros que acaba de publicar gente cercana, alguien a quien nos vinculan los dones de la amistad, hace mayor el afecto. Y multiplica, como una imprenta,  el tesoro de la admiración.

Dirigido a uno de sus pocos amigos, al erudito y además singular ser don José González de Salas, Quevedo (1580-1645) compuso a los cincuenta y tantos años ese soneto de ecos senequistas que empieza “Retirado en la paz de estos desiertos”, de estas soledades. Se refería a la tranquilidad, quizá tampoco tanta, por los pleitos en que se enzarzó don Francisco, saboreada en una localidad entre la Mancha y Sierra Morena, Torre de Juan Abad, de la que él era señor, un título heredado. 

El soneto ensalza con acierto el valor de la lectura y la capacidad de revelación que se hospeda en los libros clásicos. El acto prodigioso de leer, entendido como una conversación, una de las ocupaciones más verdaderamente humanas que hemos recibido. 

El acto prodigioso de leer, entendido como una conversación, una de las ocupaciones más verdaderamente humanas que hemos recibido. 

Voy a referirme a libros recientes de tres personas amigas que, afortunadamente, siguen en este mundo apasionante y que podrán publicar aún más obras. 

Es fácil que la camaradería y la fascinación me nublen parte de la capacidad crítica, si es que me queda. Quienes admiramos el estilo y la conducta de Clarín (1852-1901) estamos prevenidos, gracias a él, ante esa plaga ruidosa de la “sociedad de bombos mutuos”. La superficialidad y el incienso dulzón de las alabanzas aturden. 

De mis amigos, procuro que de todas las personas, prefiero ver en primer lugar lo positivo, la imagen que derrite los defectos. Aquí no reseño sesudamente novedades, aquí animo a leer. 

Una galería de testimonios sobre amores y decepciones y más que nada felicidad y cortesía. Y un ensayo que es un encuentro fogoso: como vivir relacionando y relacionándose, cavilando, con salero y pasión, con ángel. También un libro de poemas con temperatura narrativa y humor sincero que ha necesitado veintibastantes años de biografía. Va por ustedes.

                    Continuará… 

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Peregrinación del Naufragio de Pedro Gobeo (IV)

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Teo Peñarroja 

Revista Nuestro Tiempo

No existe ninguna referencia moderna a esta obra en ninguna parte porque todos los ejemplares se perdieron en la noche de la historia. Se conoce que hubo un ejemplar en la Biblioteca Nacional de México en 1898, pero anda en paradero ignoto.

En 1950, un librero barcelonés vendió el último ejemplar del que hay constancia documental a un particular y, más de setenta años después, no se sabe nada de ese último libro. Hasta 2004. Había un hombre en la Universidad de Jaén, Raúl Manchón, experto latinista, que había dedicado varios años a la búsqueda de ese libro extremadamente raro.

Después de rebuscar en las bibliotecas de medio mundo halló el único ejemplar conocido en la Universidad de Mannheim. Este unicum es un ejemplar de la primera edición española de 1610 al que le faltan las últimas dieciséis páginas, que se arrancaron en algún momento de sus más de cuatro siglos de vida.

Tanto el naufragio de Pedro Gobeo como el de su libro constituyen dos tramas inverosímiles.

Ese mismo año, 2004, Miguel Zugasti estudiaba a otro viajero del Siglo de Oro, Pedro Ordóñez de Ceballos, y Manchón y él intercambiaron correos electrónicos con noticias e información inédita sobre sus respectivos campos de estudio. Esa clase de amistades que propicia la vida académica, tal y como consigna Zugasti en una entrevista. Su relación profesional se alargó casi dos décadas y era ya un hecho consolidado cuando llegó la pandemia.

Por aquel entonces, Manchón constató con cierto desasosiego que su hallazgo, como sucede con más frecuencia de la que nos gusta pensar, no encontraba quien lo estudiara. Después de pensarlo durante una semana, el tema requería meses de trabajo casi exclusivo, Zugasti decidió recoger el guante de Manchón y hacerse cargo de la reedición contemporánea del libro de Pedro Gobeo. Primero preparó una edición filológica y académica.

Tanto el naufragio de Pedro Gobeo como el de su libro constituyen dos tramas inverosímiles y sin embargo verdaderas. El resultado, publicado en mayo de 2023 con prólogo de Luis Gorrochategui, es un apasionante libro de aventuras del todo actual, una de esas rarísimas ocasiones en las que un lector moderno puede asistir a la reedición de un texto que llevaba cuatrocientos años fuera de circulación y que, sin embargo, nos habla todavía hoy, de un modo brutalmente sincero, de la condición humana. Queda ahora un interrogante abierto: dónde están las dieciséis páginas que faltan al final del libro.

La obra moderna sí tiene final, traducido de una de esas versiones alemanas, pero mucho más corto que el original. El profesor Zugasti confía en que la publicación de Naufragio y peregrinación y la repercusión mediática del hallazgo espoleen la investigación de otros colegas hasta que la historia de la literatura pueda averiguar cómo termina esta narración épica.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

El manual de Carreño

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SELVIN CARPIO

[email protected]

En segundo grado de la educación primaria en Guatemala, allá por los años ochenta, los estudiantes llevábamos una materia que se llamaba Moral y Urbanidad. 

Se impartía tanto en las escuelas primarias nacionales como en los colegios privados; se nos enseñaba desde el aseo e higiene personal, hasta cómo debíamos comportarnos con nuestra familia, maestros, amigos y las personas en general. Se nos enseñó a saludar, a decir buenos días y todo lo relacionado a los buenos modales. 

Buenos modales que los extranjeros que visitan nuestro país resaltan que es la principal característica que identifican a los guatemaltecos, esa cortesía que, según ellos, no la encuentran en ninguna otra parte del mundo.  

Mucho de la fama de “educados” que tenemos los guatemaltecos, tuvo que ver el hecho que entre uno de los aciertos de la educación pública a mediados del siglo XX, en el llamado entonces “listado de materias” del pénsum de educación primaria, se introdujera una materia en la cual se enseñara la Urbanidad. Como en todos los países de Hispanoamérica, uno de los libros del cual se tomaron ideas, reglas, directrices o consejos para dicha materia, fue el llamado Manual de Carreño.

”El manual establece reglas y consejos sobre cómo comportarse, cuáles eran los deberes
morales…“.

El Manual de Urbanidad y Buenas Maneras, para uso de la juventud de ambos sexos de Manuel Antonio Carreño, fue un libro que tuvo mucho éxito en toda Latinoamérica y también en España durante el siglo XIX y su uso se prolongó hasta mediados del siglo XX. El manual establece reglas y consejos sobre cómo comportarse, cuáles eran los deberes morales, los deberes para con nosotros mismos y con
nuestros semejantes. 

Carreño fue un diplomático venezolano nacido en 1812, aunque educado en España, lo cual le sirvió más tarde en su carrera de político y escritor. Su manual se dedica a preparar y formar a cada persona para su vida, resalta los valores de cada individuo, elevándolos al plano de la dignidad, el decoro y buena educación, los cuales deben caracterizar a cada ciudadano respetuoso de su familia y de su patria. Para él, la Urbanidad es el conjunto de reglas que tenemos que observar para comunicar dignidad, decoro y elegancia a nuestras acciones y palabras, y para manifestar a los demás la benevolencia, atención y respeto que le son debidos.

Un ejemplo de la dedicación y preparación con que elaboró los temas de su manual, lo vemos reflejado en el capítulo segundo, el cual se refiere al aseo de la persona y específicamente al aseo de la vestimenta que portamos, en el cual expone lo siguiente: “La limpieza en los vestidos no es la única condición que nos impone el aseo, es necesario que cuidemos además de no llevarlos rotos ni arrugados, el vestido arrugado puede usarse dentro de la casa, cuando se conserva limpio y no estamos de recibo, más el vestido roto no es admisible ni aún en medio de las personas con quienes
convivimos”.

Esto era porque se suponía entonces que esa aspiración de civilización se concretaba en el perfeccionamiento de las instituciones políticas; por lo tanto, también debía concretarse con las maneras y en los usos propios, y esa concatenación era la civilización. Aunque para muchos es un libro pasado de moda y desactualizado al mundo contemporáneo, el Manual no pasa desapercibido, teniendo en cuenta que por más de un siglo guio a muchas personas por una conducta de decoro y de bien, libre de ello, su lectura siempre resulta interesante. 

Selvin Carpio
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Gobierno de Guatemala

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