Dulce muerte

Ahora que está de moda la generación de pánico social con el invento de conspiraciones izquierdistas o con motivaciones espurias de una derecha anquilosada en viejas formas y lacerantes prácticas de abuso, extracción y saqueo de los recursos públicos, recordé una problemática que en un futuro, quizás no muy lejano, ocupe de nuevo nuestra posición de contrarios, oponentes.

La producción nacional del azúcar representa el producto más importante de las exportaciones del país. Es, según la Asociación de Azucareros de Guatemala (Asazgua), el 33 por ciento de la exportación nacional. De hecho, la exportación de azúcar, melaza y alcohol derivado representa la mayor cantidad de divisas. En 2016, ingresaron US $862 mil 479, llegando a representar el 3 por ciento del PIB nacional. Pero, desde hace unos años, en la Organización Mundial de la Salud se impulsa la tendencia al incremento de los impuestos a los refrescos azucarados, toda vez que los impactos de esta en el cuerpo humano producen una gran cantidad de efectos nocivos. Hay básicamente tres grandes grupos de azúcares: la glucosa, la fructosa y la sacarosa. La última es la llamada azúcar de mesa. Es la más popular en el mundo. Por su importancia y en la creciente ola de informes que sustentan los daños y las consecuencias para la salud humana, sería conveniente, y oportuno, que la tan importante industria agrícola de exportación iniciase desde ya la posibilidad de generar otro tipo edulcorante. Será cuestión de pocos años para que se tenga que hacer sobre la base de restricciones al mercado europeo y, paulatinamente, al mercado norteamericano. Habiendo otras azúcares, posponer esta diversificación no hará más que repetir el modelo, salvando las diferencias históricas, con lo ocurrido con la exportación de cochinilla, que vino a suplirse con la producción de café, en el siglo XIX. O, poco después de mediados del siglo pasado, la sustitución de las plantaciones de algodón por, precisamente, las de azúcar.

Los cambios ahora ocurren a velocidades vertiginosas. Los informes ya no se pueden restringir y los estudios no pueden ser negados por un tiempo prolongado. Pronto será un tema de actualidad y de debate. Antes que digan que una recomendación como la presente es parte de cualquier otro tipo de conspiración, ahora que está de moda ante la crisis política, estimé pertinente este llamado a la reflexión y a un cambio en el modelo de producción agrícola para fines de exportación. Los azucareros tienen la palabra.

Walter del Cid