Día del Niño

Por: Jorge Ernesto Fingado

Nuestros niños guatemaltecos sufren en la actualidad uno de los más horrendos desprecios, marginación y discriminación, solo por el simple hecho de venir de hogares pobres económicamente desintegrados o de padres alcohólicos o drogadictos, sin valores éticos y morales, mucho menos cristianos y de familia.

Este es el panorama muy generalizado en nuestro país Guatemala, pero tampoco es la totalidad de la niñez y adolescencia; puesto que constantemente desde hace muchas decenas de años, con ayudas internacionales se han mantenido programas específicos de atención inmediata, mediata y largo plazo en favor de la niñez guatemalteca.

La situación actual por la que pasan nuestros niños guatemaltecos es tan delicada, que están siendo utilizados en manifestaciones de todo tipo. Atraídos por doctrinas extrañas y por sistemas tecnológicos bajo el control de las grandes empresas internacionales con el contubernio de empresas nacionales que se aprovechan de la pobreza y de su inocencia natural para iniciarlos en actividades fuera de su edad, de su entorno y de su familia.

Este gravísimo problema las instituciones educativas no han podido corregir, pues, los actuales programas de educación carecen de fuerza moral y legal para que nuestros niños y adolescentes en sus propios establecimientos educativos, nacionales o particulares, aprendan a combinar tecnología con creatividad. Las artes industriales y las artes plásticas todas están saturadas por láminas impresas que venden en establecimientos comerciales y las que les ordenan obtener por medio de Internet. Esto, por supuesto, no es malo del todo, pero si necita que el niño y el adolescente coordinen con sus maestros, orientadores educativos, promotores sociales y cuanta institución esté interesada en la “salvación inmediata” de nuestros niños y adolescentes que constituyen el mayor y seguro soporte de una sociedad más justa, en paz y próspera.

Da tristeza y conmueve todo nuestro ser interior ver cómo niños de 4 a 15 años acompañan a sus padres con un mecapal en la cabeza y un puño de leña en la espalda, con los brazos abiertos soportando objetos pesados para ayudar a sus padres a sobrevivir una de las más terribles pobrezas. Niños en la calle y de la calle vendiendo toda clase de cosas para lograr unos centavos y palear el hambre. Niños trabajadores que son explotados por comerciantes usureros que les ponen tareas difíciles y son enviados a enfrentarse a una sociedad violenta.

Muchos niños y adolescentes utilizados por el crimen organizado y narcotraficantes para trasladar drogas de distinto (color) a los puntos de expendio, mientras tanto, los actos y festejos son parte de sistemas económicos distractores conocidos como (pan y circo), y así sucesivamente podríamos horrorizar el panorama actual nacional e internacional.

La única esperanza que nos queda es actuar con amor, caridad, fe y esperanza en promover cambios de actitudes en toda la sociedad sin distinción de nadie, para que en el Día del Niño ofrezcamos nuestro mejor esfuerzo y protección para todos ellos.

Redacción DCA