Una de las habilidades más complejas de aprender es la lectura. En primero básico iniciamos el camino hacia el desarrollo de nuestra capacidad de conectar una palabra (compuesta por vocales y consonantes) a una imagen que la representa. No es un proceso simple, pero muy importante a medida que vamos creciendo.
La trascendencia de la lectura radica en la decodificación de las palabras que leemos y el sentido que le damos. No solo forma parte fundamental del ámbito educativo para el aprendizaje, sino también nos transforma: abre puertas a nuevos mundos y experiencias que enriquecen nuestra vida.
Hace un par de semanas fueron publicados en la revista The Economist los resultados de un nuevo informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en el que se constata que en Chile los niveles de comprensión son bajos: un 44 % de los adultos posee “competencias insuficientes”.
Sin embargo, especialistas del área discrepan, argumentando que dicho informe no considera las herramientas tecnológicas que revisamos a diario (diarios electrónicos, páginas web, libros electrónicos, entre otros).
Estos datos se contraponen con el número de libros vendidos, lo que indicaría que sí se lee. Lo preocupante es que, si bien hay lectura, el problema radica en la comprensión y en el sentido que le damos a lo que leemos. Entonces, ¿en quién recae la responsabilidad?; ¿el sistema educativo?, ¿los profesores?, ¿los padres?
El mundo digital incide en este fenómeno. La capacidad de concentración de las nuevas generaciones, y las no tanto, es menor.
Nos hemos acostumbrado al scrolling, es decir, a pasar de un contenido a otro rápidamente potenciado por aplicaciones como TikTok o Instagram.
En los hogares es difícil encontrar bibliotecas o ver a los miembros de la familia leyendo libros como antes. Cada persona que habita en una casa revisa su celular constantemente. Es el modelo de las nuevas generaciones.
En el ámbito educativo, el enfoque también necesita revisión. En la educación media, particularmente en la asignatura de Lenguaje, se priorizan ejercicios basados en textos breves para preparar a los estudiantes para rendir la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES). Si bien ello es relevante, se deja en segundo plano el desarrollo de estrategias que fomenten una comprensión lectora profunda y significativa.
Afrontar esta problemática demanda un esfuerzo conjunto de manera que padres, educadores y las propias instituciones asuman un rol activo.
Los padres pueden fomentar hábitos de lectura en casa. Los profesores pueden potenciar metodologías que integren el análisis crítico y la motivación por la lectura.
Las instituciones deben asegurar que el sistema educativo promueva competencias lectoras que vayan más allá de lo instrumental.
Solo así podremos avanzar hacia una sociedad donde la lectura sea no solo una habilidad básica, sino una herramienta para transformar vidas y enriquecer el pensamiento











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