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La magnitud del nuevo Programa de Salud Escolar silencia todo

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El nuevo Programa de Salud Escolar, que suplió a su oscuro antecesor, continúa abriéndose paso. Refuerza su presencia y, sobre todo, muestra la trascendencia de centrar el interés en los infantes y en asegurar su rendimiento escolar, pero también en reforzar su estado físico y mental. Es una auténtica formación integral de niños y jóvenes.

Pese a ser un plan pensado en el beneficio de los estudiantes, la estrategia ha tenido que enfrentar la colosal oposición de quienes defienden una supuesta protección que, en la práctica, dejó más dudas que respuestas.

Hoy, el plan ha cambiado. Se ha mejorado y diversificado. En tan solo 16 meses, la iniciativa de esta administración muestra alcances inimaginables. Nunca antes ejecutados en los casi 40 años de democracia. Menos en el anterior gobierno.

Para empezar, es un proyecto completo. Pleno, que atiende asuntos médicos urgentes y preventivos, al igual que odontológicos, oftalmológicos y psicológicos. Además, contempla llegar a los 36 mil 798 establecimientos escolares públicos del país, lo que implica atender a los más de 3 millones de alumnos.

La ampliación de servicios ataca enfermedades ocultas o silenciadas, como la caries. Los más recientes informes de la Facultad de Odontología de la Universidad de San Carlos muestran que nueve de cada 10 niños presentan problemas bucales. Evidencia también la falta de académicos en la materia.

De hecho, las dolencias más comunes halladas en estos días en las escuelas son caries, piorrea y gingivitis, las cuales son tratadas durante las jornadas escolares. Similar situación ocurre con los chequeos de ojos. En este sentido, el Consejo Nacional para la Atención de las Personas con Discapacidad (Conadi) ha advertido sobre el incremento de la miopía, que proviene del uso incontrolado de pantallas digitales. Este mal y las cataratas figuran entre los nueve más encontrados en las escuelas.

La atención integral de los pequeños merece y requiere los mayores impulsos posibles, pero es preciso el respaldo político y social. La salud de los menores no puede atribuirse a personas ni gobiernos, es una estrategia de nación permanente, sostenida, que debía empezar en algún momento.

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