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Cómo compartimos bacterias entre nosotros (I)

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Ignacio López-Goñi

Miembro de la SEM (Sociedad Española de Microbiología) y catedrático de Microbiología

Se acaba de publicar el trabajo más completo y extenso hasta ahora sobre la transmisión de bacterias intestinales y de la boca entre generaciones y entre personas que viven en contacto estrecho. Y la conclusión se resume en una frase: heredamos bacterias de nuestra madre y las compartimos en nuestro círculo más cercano.

En el estudio han colaborado 43 investigadores procedentes de 18 centros de investigación de una decena de países. Su análisis se basa en más de 9 mil muestras de heces y saliva de madres e hijos, nonagenarios (entre 94-105 años) y sus descendientes, voluntarios sanos que conviven juntos en la misma casa, familias completas, grupos de gemelos…

Para identificar a los microorganismos se han empleado técnicas de metagenómica. Para entender cómo funciona, imaginemos por un momento que digo una frase, solo una, para que identifiquen el título del libro al que pertenece y su autor. Si pronuncio “En un lugar de la Mancha…”, muchos sabrán que hablo de la novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, escrita por Miguel de Cervantes Saavedra. Los más listos incluso serán capaces de ponerle fecha: escrito entre los siglos XVI y XVII. Y todo a partir de solo seis palabras. No necesitamos leer el libro entero para saber eso.

De manera similar, las técnicas de metagenómica permiten detectar e identificar qué bacterias hay en la muestra, concretando hasta el tipo de cepa, sin necesidad de cultivarlas en el laboratorio: solo leyendo un pedacito de la información que contiene su ADN.

Ya sabíamos que heredamos bacterias de nuestra madre en el momento del parto. Y que, como la leche materna no es ni mucho menos estéril, nos seguimos nutriendo de bacterias durante la lactancia. Sabíamos también que compartimos bacterias entre nosotros y que cada uno posee una microbiota única que nos distingue unos de otros. Pero hasta ahora todos estos resultados se habían obtenido con un número de muestras muy limitado.

Los autores del nuevo estudio han caracterizado y cuantificado el patrón de transmisión de bacterias, de persona a persona y en distintos escenarios, para entender exactamente cómo las intercambiamos. Lo primero que les ha llamado la atención es que el 37 por ciento de todas las cepas detectadas corresponde a genomas de bacterias desconocidas, que no somos capaces de cultivar en el laboratorio y que ni siquiera tienen nombre.

Continuará…

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