Karin Larissa Herrera Aguilar
Vicepresidenta de la República de Guatemala
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La Universidad de San Carlos de Borromeo de Guatemala (USAC) ha sido, históricamente, un faro de pensamiento crítico, formación profesional y compromiso social. Su nombre no es casual: San Carlos Borromeo, figura clave de la reforma educativa en el siglo XVI, promovió la formación rigurosa, la disciplina académica y el compromiso ético. Ese legado sigue siendo un recordatorio de que la educación exige profundidad, responsabilidad y vocación de servicio.
Pública y autónoma, su esencia radica en su acceso amplio y en su capacidad de formar generaciones que transforman el país. Ese brillo no es casual: es resultado de la exigencia, del rigor académico y del compromiso de quienes la integran. Sus egresados han destacado tanto en la academia como en otros ámbitos.
Sostener ese legado implica decisiones firmes. La elección de sus autoridades debe responder a los más altos criterios de excelencia, idoneidad y ética. La calidad de la educación superior depende de liderazgos capaces de promover la investigación científica y social con altos estándares, dignificar la docencia y a los estudiantes, así como fortalecer y modernizar los medios e infraestructuras para la enseñanza-aprendizaje. Elegir bien es una apuesta por el futuro del país.
La esencia de la USAC radica en su acceso amplio y en su capacidad de formar generaciones que transforman el país.
En este camino, conviene decirlo: las acreditaciones externas resultan superficiales cuando no existe un control interno sólido ni un liderazgo con amplio respeto y reconocimiento nacional e internacional. Sin respeto a las normas, sin rigor en los procesos y sin autoridades comprometidas con el deber ser, cualquier sello pierde sentido. La calidad no se decreta ni se certifica únicamente desde afuera; se construye todos los días desde adentro.
Recientemente, dos niños resumían con claridad lo que a veces olvidamos: “los buenos maestros exigen” y “los buenos estudiantes cuestionan”. En esa sencilla conversación se encierra una verdad profunda. La educación de calidad no se construye desde la comodidad, sino desde la exigencia mutua, el pensamiento crítico y el deseo constante de superación.
Honrar la investigación, la docencia y la extensión universitaria es reconocer que la universidad: es un espacio de generación de conocimiento, de debate y de construcción de ciudadanía. Y, al mismo tiempo, es indispensable garantizar que ese espacio siga siendo inclusivo, que no excluya a nadie por su pensamiento, origen o condición.
La Universidad de San Carlos ha brillado y debe seguir brillando. Pero ese brillo requiere coherencia, decisiones valientes y una visión clara: la de una universidad pública que, sin renunciar a su carácter inclusivo, eleva constantemente su nivel y honra su misión histórica desde una excelencia que se construye, primero, desde adentro, compartiendo lo bueno: el conocimiento.











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