Como cada año, al caer la noche del 31 de octubre y asomarse el alba del Día de Todos los Santos, los cielos de Sumpango y Santiago Sacatepéquez, se llenan de color, de luz y memoria. Allí vuelan los barriletes gigantes: obras que nacen del trabajo comunitario, la cosmovisión maya y el deseo profundo de honrar a quienes ya partieron. No son solo manifestaciones artísticas espectaculares, sino símbolos que fortalecen la identidad cultural, la espiritualidad y el sentido de pertenencia de familias enteras. Durante meses, artesanos, grupos comunitarios y jóvenes barrileteros se reúnen para decidir diseños, recopilar materiales, construir la estructura y pintar el lienzo. En 2024, esta técnica ancestral fue reconocida por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, un logro que visibiliza su valor como patrimonio intangible de Guatemala, su dimensión espiritual, social y artística.












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