Septiembre Negro

No debemos dejar que nos manipulen en los juegos de la muerte.

En septiembre hubo dos clases de caídas, con 28 años de distancia entre una y otra. La de 1973 fue el fin de la “vía pacífica hacia el socialismo” en Chile. En 2001, los atentados contra el World Trade Center, permitieron la reafirmación del magno unilateralismo militar de Estados Unidos para asegurarse el acceso a las reservas petrolíferas más importantes del planeta.

El asalto al gobierno de Salvador Allende provocó la muerte de 3 mil 197 personas. Los embates contra las Torres Gemelas causaron la pérdida de 3 mil 21 vidas humanas. Las víctimas sufrieron los ataques del fanatismo y de la intransigencia.

Los medios no han justificado los fines, como lo vislumbró el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), William Colby, quien declaró el 25 de octubre de 1974: “Estados Unidos tiene derecho a actuar ilegalmente en cualquier región del mundo, acumular investigación en los demás países y hasta llevar a cabo operaciones tales como la intromisión en los asuntos internos chilenos”.

En 2000, el presidente William Clinton ordenó la desclasificación de 16 mil documentos secretos. Quedó al descubierto el papel desempeñado por la Casa Blanca y la CIA en el cruento 11 de septiembre de 1973, cuando el golpe militar encabezado por Pinochet decapitó al gobierno de la Unidad Popular y condujo al suicidio del presidente Salvador Allende. También se esclareció la responsabilidad de los servicios secretos de Estados Unidos en la Operación Cóndor, que reactivó las acusaciones contra el exdictador chileno.

La caída de Allende permitió la consagración continental de la criminal Doctrina de Seguridad Nacional. Al mismo tiempo, la dictadura chilena puso a prueba las nociones principales del Consenso de Washington.

Han transcurrido dieciséis años desde los ataques en Nueva York y contra el Pentágono. Alrededor del planeta prolifera la lucha contra el terrorismo. Mientras mantienen un campo de concentración en Guantánamo, los sepulcros blanqueados vociferan contra el autoritarismo cubano. Las compañías petroleras se lanzaron al expolio de los recursos naturales de Irak y Afganistán. ¿Qué se oculta detrás de todo esto? ¿Se trata del sueño de dominio de un pueblo elegido o de una raza superior? ¿O más bien del sueño de un imperio universal que ha acompañado a la humanidad desde sus inicios? No podemos saberlo, pero en todo caso es importante no dejarse arrastrar por unas dicotomías que solo a ellos interesan, no caer en el  juego de la muerte.

Marco Vinicio Mejía