Guatemala amaneció el domingo con un hecho histórico y esperanzador en materia judicial. Se marcó un antes y un después en la historia del Ministerio Público (MP), al darse la vuelta a la última página de ocho años plagados de opacidad, criminalización y abuso desde el ente investigador como herramienta política para garantizarle impunidad a los corruptos.
Un paso determinante estuvo a cargo del presidente Bernardo Arévalo, quien comenzó a escribir un nuevo capítulo al designar y juramentar a Gabriel Estuardo García Luna, como ordena la ley, fiscal general y jefe del MP. El siguiente fue tomar posesión del cargo la madrugada de ayer, completando un proceso de relevo marcado por cuestionamientos en distintas etapas, pero que ahora es pasado.
Previo a ello, en los alrededores del edificio de Gerona, zona 1, se vivió una fiesta con doble motivación: decir adiós a Consuelo Porras y su gestión degradante, y dar la bienvenida al nuevo titular del ente investigador. Fueron jornadas llenas de música, pirotecnia, marchas, parodias, mariachis y ceremonias religiosas.
Ya en el cargo, García Luna, tras liberar las redes sociales y prometer apertura con la prensa, compartió su primer mensaje a la población, el cual resultó alentador en medio del letargo de la persecución penal. Dijo que comienza una oportunidad para devolver la dignidad a la justicia en el país, la cual carece de la confianza ciudadana.
Para empezar a sanar las heridas profundas de la institución que recibe, el fiscal general hará cumplir el mandato constitucional de investigar y perseguir a quienes cometen delitos y se aplicar la ley. Porque desde su perspectiva, una acusación sin fundamento no es justicia, es un abuso. Un caso archivado sin razón no es prudencia, es impunidad, justo como la fiscal saliente favoreció a una gavilla de corruptos.
Entre los anuncios más significativos en su intervención está el compromiso de cesar cualquier persecución selectiva en Guatemala. “Ese mandato no es negociable. No se dobla ante presiones, no se acomoda con conveniencias y no puede tener distinciones”, enfatizó.
Otro aspecto que tiene claro es proteger el derecho de niños, niñas y adolescentes. También el de las mujeres víctimas de violencia, adultos mayores y toda la población que durante ocho años sintió que el sistema de justicia no era para ellos.
Fue enérgico en garantizar una lucha frontal y en coordinación con la política de Estado contra los grandes delitos que afectan a la sociedad: extorsiones, crímenes contra la vida, corrupción, narcotráfico, trata de personas, pandillas y el crimen organizado.
El nuevo responsable del MP está consciente de que recuperar la confianza ciudadana será el desafío central de su mandato, pero anuncios como liquidar la FECI por falta de credibilidad y no cumplir con sus objetivos, así como investigar a sus integrantes, brindan la esperanza de que la cooptación y dictadura judicial comienzan a desmoronarse.











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