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Tres errores de Faetón. Chip cerebral, IA y Elon Musk (I)

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Luis Echarte
Profesor de Ética Médica.
Máster en Cristianismo y Cultura
Contemporánea

El pasado 28 de enero, Elon Musk anunció el primer implante de chip cerebral en un ser humano. El oscurantismo rodea al supuesto avance, y digo supuesto porque desde hace varios años, centros de investigación de todo el mundo están experimentando con neuroprótesis, especialmente China.

Es significativo que el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información del gigante asiático haya declarado “producto icónico innovador” sus últimos adelantos en “interfaz cerebro-computadora”. Encuentren aquí una importante pista sobre por qué la Unión Europea no está siendo más restrictiva en su propuesta de ley para la regulación de la inteligencia artificial –esencial para que los chips logren hacer todo lo que se promete-.

Estados Unidos y China pugnan por la supremacía tecnológica, y en esta carrera la UE está quedándose rezagada. ¿Qué hay en juego con los chips? Musk los presenta bajo ese mesianismo tan propio de él: la panacea para los enfermos de hoy y la herramienta para “desbloquear el potencial humano del mañana”. Esta afirmación conlleva una idea de fondo que debería preocuparnos.

Musk es nieto de Joshua Halderman, líder del Movimiento Tecnocrático de 1936 a 1941.

Musk es nieto de Joshua Halderman, líder del Movimiento Tecnocrático de 1936 a 1941. Según este movimiento, la democracia debía desaparecer y sus políticos ser sustituidos por ingenieros y científicos; vestían de gris y tenían números por nombre; su símbolo (un círculo rojo y blanco) aún puede verse en las paredes de algunos laboratorios de Silicon Valley.

No es agua pasada. Elon Musk encabeza la lista de ricos, según Forbes y su hijo menor se llama X Æ A-12. Añade leña al fuego saber que lo que Joshua N. Haldeman presentaba como un ferviente anticomunismo acabe pareciéndose, paradójicamente, a lo que es hoy un estado comunista con economía de mercado. Quizá la próxima gran guerra no sea entre bloques con sistemas políticos enfrentados sino simplemente una guerra entre tiranos.

Sobre este riesgo ya avisa, hace casi un siglo, Aldous Huxley, uno de los primeros en proponer que el desarrollo de tecnologías capaces de abrir brechas en la privacidad y la autonomía de los ciudadanos podrían convertirse en el principal catalizador del declive de las democracias. Continuará...

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