El Diario de Centro América recibió la visita del pintor Agust Julajuj, quien compartió su viaje, que se inició en las montañas de Sololá y que hoy se expande en muros por toda Guatemala.
Para el creador el arte no fue un camino trazado por la academia, sino un destino forjado por la persistencia. Originario de la aldea Pixabaj, Sololá, y radicado en la capital desde los 10 años, su historia es el testimonio de que el talento no conoce límites.
La chispa se encendió en primero de primaria, cuando obtuvo el segundo lugar en un concurso de dibujo en su aldea; el verdadero “enamoramiento” con el color llegó años después, durante el bachillerato. “Me pidieron pintar un paisaje con témpera, y descubrí que me encantaban los colores”, recordó.
Lo que empezó como un ejercicio escolar se tornó una obsesión para perfeccionarse. Al ser un autodidacta, su escuela fue la calle: se detenía frente a las obras para descifrar secretos, preguntándose: “¿Cómo lo harán?”

Del lienzo al muro
El salto de calidad ocurrió gracias a la generosidad de un amigo artista de Comalapa, quien le enseñó a preparar el lienzo con base de pegamento y pintura para que el óleo no perdiera su brillo.
A partir de entonces, su técnica evolucionó con el dominio del óleo y una marcada especialidad en retratos. Su versatilidad le permitió expandir horizontes creativos, mientras que sus pinceladas dieron vida a figuras emblemáticas como Kaibil Balam, escenas de rituales mayas y Kaminaljuyú.
Entre sus murales sobresale El Coloso de Patzún, obra de 18 metros de largo por 7.5 de alto que domina el paisaje con una temática religiosa. Su destreza lo ha llevado a colaborar en proyectos del Inguat , al dejar su huella en municipios como Santo Domingo Xenacoj.
Con más de 20 años de trayectoria, Julajuj no oculta los desafíos. En un mercado que a veces confunde la artesanía con el arte, él se mantiene firme en su trabajo. Para 2026, proyecta con una agenda de desafíos: perfeccionar el retrato realista y viajar a cualquier rincón del país donde se necesite transformar una pared gris en una ventana a la cultura y la emoción guatemalteca.











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