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OPINIÓN

Trágico retorno

No se trata de culpar, todos tenemos algo que ver, somos una sociedad que le falta evitar, proponer, exigir para no lamentar.

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No se trata de culpar, todos tenemos algo que ver, somos una sociedad que le falta evitar, proponer, exigir para no lamentar.

El lunes, inicio de semana laboral, después de un descanso, reflexión espiritual, viaje y reunión familiar, me llamó la atención el titular principal de uno de los periódicos de sucesos, que con letras rojas sobre la fotografía expresiva de un hecho violento en carretera, posicionaba en tres palabras “un trágico retorno”, lo que no hemos podido superar los que llevamos la responsabilidad de vidas en el interior de un vehículo, por distintos motivos que se desprenden de la irresponsabilidad a la hora de conducir y llevar personas.

Recién monitoreaba los medios impresos, en donde los de sucesos coincidieron con la fotografía principal y con distinto criterio en el titular de la misma noticia, cuando me entero por la inmediatez de la radio y las redes sociales que 19 personas habían fallecido y más de 40 quedaron heridas, producto de un accidente provocado por un autobús de una de las empresas más antiguas en el transporte colectivo, que de San Marcos viaja a la ciudad capital.

Las causas son por alta velocidad, sobrecarga de pasajeros, fallas mecánicas, falta de precaución en una curva, etcétera.

Cualquiera de las citadas recae en la irresponsabilidad, más cuando se sabe que de uno dependen varias vidas a abordo. Lo primero como piloto responsable es verificar y estar convencido que el automotor está en perfectas condiciones, luego la prudencia a la hora de conducir, eso incluye lo demás, porque en carretera una piedra, bache o perro travieso, puede ser causa para un giro de timón inesperado que puede hacer perder el control si la velocidad es excesiva.

Ahora no se puede decir que no hubo llamados. Las emisoras, canales de televisión, medios impresos y redes sociales sirvieron para multiplicar mensajes de sensibilidad para los viajeros. Se establecieron campamentos antes y durante la Semana Santa, por lo visto no fue suficiente para evitar las desgracias que ocurren en esa operación o plan retorno, como lo han llamado, y que concluye con ese titular, “un trágico retorno”. Tristes escenas se han vivido en las carreteras de Guatemala.

No se trata de culpar, todos tenemos algo que ver, somos una sociedad que le falta prevenir y exigir para no lamentar. Somos cómplices de situaciones repetitivas. Si sabemos que eso ha pasado, porqué insistir nuevamente en lo mismo, por qué arriesgar su vida, a sufrir consecuencias. Hasta que nos unamos y velemos unos por otros, dejaremos de sufrir de manera severa y absurda, en hechos distintos, pero similares.

Autoridades, cuerpos de socorro, medios de comunicación y algunos guatemaltecos, cumplieron con la prevención, alertas y alarmas para evitar desgracias. Somos nosotros los humanos, los que conducimos vehículos, quienes no contribuimos con evitar accidentes, lo que no queremos entender es que manejar vehículo requiere concentración, prevención, habilidad, destreza y excesiva responsabilidad en sus actos. Mientras no nos unamos y actuemos con responsabilidad, seguirán pasando hechos, como ese lamentable suceso del kilómetro 160 en territorio de Nahualá, Sololá.

Rolando Castillo
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COLUMNAS

Conociendo sobre discapacidad múltiple

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Consejo Editorial Conadi

La Multidiscapacidad, definida como la amalgama de dos o más discapacidades sensoriales, físicas, intelectuales y/o psicosociales en una misma persona, va más allá de una simple suma de impedimentos.

Se caracteriza también por el nivel de desarrollo del individuo y sus posibilidades en términos funcionales, comunicativos, sociales y de aprendizaje, factores determinantes que delinean sus necesidades específicas.

Esto conlleva la necesidad de un amplio abanico de apoyos tanto en el ámbito de las habilidades adaptativas como en el desarrollo personal.

Los expertos sugieren una serie de recomendaciones.

Para quienes enfrentan la multidiscapacidad, las barreras sociales no solo representan obstáculos para su desenvolvimiento pleno y efectivo, sino que se rigen con desafíos que condicionan su vida diaria. Es fundamental comprender las complejidades y las consecuencias inherentes a cada una de las condiciones que presentan estas personas, las cuales abarcan aspectos tan fundamentales como la salud, la participación social, el aprendizaje y la afectividad.

A ello se suma el hecho de que, al igual que cualquier individuo, tienen necesidades básicas que deben ser satisfechas, como el amor, la seguridad, el estímulo y la oportunidad de explorar y aprender del mundo que les rodea. Para los familiares de personas con discapacidades múltiples, el camino puede resultar abrumador y desconcertante en ocasiones.

Por ello, los expertos sugieren una serie de recomendaciones para hacer frente a esta realidad: informarse exhaustivamente sobre las discapacidades que presenta el ser querido, buscar apoyo y orientación tanto de profesionales como de grupos familiares, desplegar todos los recursos disponibles para brindarles ayuda, e involucrar a cada miembro de la familia en sus procesos de aprendizaje y en su vida diaria, enfocándose en la personalidad única de la persona con discapacidad múltiple.

El Consejo Nacional para la Atención de las Personas con Discapacidad (Conadi) insta a derribar el paradigma médico-rehabilitador y a fomentar el acceso a programas destinados a la inclusión social.

Estos programas, fundamentados en el bienestar de la sociedad y en el desarrollo económico, político, social y cultural, deben garantizar la protección integral de los derechos de las personas con discapacidad en todos los ámbitos de la vida social.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Los nuevos sofistas

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Gerardo Castillo Ceballos
Profesor de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra

La sofística está de nuevo vigente en una época en la que el relativismo ha vuelto con más fuerza e influencia social que en tiempo de Protágoras de Abderas y Gorgias.

El significado de ‘sofista’ ha evolucionado a lo largo de la historia. Comienza en la Antigua Grecia, con los expertos en retórica, considerados personas muy instruidas y guías en el uso de las palabras. La mayoría de los sofistas de la época clásica pecaban de relativismo.

Según esa doctrina, el conocimiento humano es incapaz de llegar a verdades absolutas y universales; la verdad es relativa y su fundamento estaría en cada sujeto que juzga (subjetivismo). Por ejemplo, lo que uno considera bello puede ser feo para otro.

Como reacción, surgieron los ‘amantes del saber’, en oposición a quienes se autodefinían como ‘sabios’. A partir de la filosofía de Sócrates y Platón, el término ‘sofista’ se consideró de forma peyorativa.

Platón se opone al relativismo de los sofistas y afirma que la verdad es única y susceptible de definición inequívoca. Se llega a ella a través del conocimiento de las ideas, mientras que para los sofistas es una cuestión de mera habilidad.

El arte de la persuasión hoy no suele estar al servicio de la verdad, sino de los intereses del orador. 

A partir de ese momento, se acusa a los sofistas de utilizar la retórica a su conveniencia, presentando argumentos o ideas que eran falsas, pero que, a través de premisas plausibles, convencían a muchos de ser verdad.

Pero, ¿quiénes son los sofistas de ahora?En buena parte, algunos ‘expertos’ o gurús de internet. Vivimos un nuevo esplendor de la sofística basado en el fácil acceso a toda clase de información.

En nuestra sociedad se ha separado el conocimiento, que emana de la investigación científica y filosófica, de los saberes populares comúnmente aceptados.

La sofística vuelve a estar vigente en una época en la que el relativismo ha vuelto con más fuerza e influencia social que en tiempo de Protágoras de Abderas y Gorgias.

Así lo atestiguan, por ejemplo, unas palabras del cardenal Ratzinger pronunciadas unos días antes de ser elegido Papa como Benedicto XVI: “Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja solo como medida última al propio yo y sus apetencias.

El relativismo imposibilita el diálogo para alcanzar una verdad común sobre la que construir la convivencia humana, el desarrollo como personas y como sociedad, e introduce una dictadura, la del propio yo y sus apetencias”.

En muchos debates actuales no se suele hablar de la verdad, sino de ‘mi verdad’ y de ‘tu verdad’. Unos versos de Antonio Machado son muy elocuentes: “¿Tu verdad? No, la Verdad; y ven conmigo a buscarla”. Coincido con Marta Luquero en que vivimos en la sociedad de los sofistas: hoy sobran sofistas y faltan filósofos; abundan los sofismas y escasean los axiomas.

Frente a principios de verdades incuestionables, predominan argumentos falsos que se hacen pasar por verdaderos.

El arte de la persuasión hoy no suele estar al servicio de la verdad, sino de los intereses del orador. Poco ha cambiado, solo los medios para hacer llegar los sofismas al pueblo.

La televisión e internet han sustituido al ágora. Los sofistas de ahora, como los de la antigua Grecia, simulan saber de todo; no buscan la verdad, sino la apariencia de saber, ya que lo importante es que la falacia parezca verdadera.

“Frente a principios de verdades incuestionables, predominan argumentos falsos que pretenden hacerse pasar por verdaderos”. Actualmente el “yo solo sé que no sé nada” ha quedado anulado. Se cree que sabemos de todo.

Los programas televisivos están ocupados algunas veces por pseudocientíficos y tertulianos omniscientes.

Me parece correcto invitar a un tertuliano que sea experto en un determinado tema; pero lo que no tiene sentido ni utilidad es invitar a uno que habla de todos los temas con ‘autoridad’. ¿Saben distinguir la mayoría de los oyentes o televidentes españoles entre el experto y el sofista? Creo que en muchos casos no.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Rusia-Ucrania: lo que sucede y lo que vendrá (II)

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Mathieu González

Facultad de Artes Liberales

Gracias a esta victoria estratégica, Ucrania ha obtenido importantes dividendos económicos para su maltrecha economía, privando a Rusia de uno de sus principales medios de presión hacia los países pobres.

En el aire, ambos contendientes continúan en una situación de empate. Pese a su superioridad numérica, Rusia no ha logrado obtener supremacía aérea.

Muestra de ello es que durante la batalla de Avdíivka perdió un poco más de una decena de aviones por utilizarlos de forma más arriesgada.

Más preocupante para Rusia resulta la pérdida de los A-50, ya que en este momento no tiene cómo remplazarlos. Por otro lado, Ucrania está a la espera de la llegada de los F-16, con la esperanza de poder romper este equilibrio.

Más preocupante para Rusia resulta la pérdida de los A-50, ya que en este momento no tiene cómo remplazarlos.

A nivel terrestre ha habido una serie de avances tácticos rusos, principalmente en torno a Avdíivka. Sin embargo, ninguno de estos ha sido estratégicamente importante, sino más bien victorias políticas para el régimen.

Por otro lado, la falta de municiones, principalmente de artillería, ha obligado al ejército ucraniano a retiradas parciales y a la pérdida de iniciativa ofensiva. Si bien las pérdidas rusas han sido importantes, tienen lugar a un ritmo sostenible durante por lo menos dos años más. 

Del lado ucraniano, las pérdidas hasta la fecha también son soportables, pero los problemas de los últimos meses se agudizarán si no reciben rápidamente un número suficiente de municiones.

Junto a esto, parece difícil pensar que Ucrania pueda lanzar operaciones militares ofensivas de envergadura, ya que no dispone de tropas suficientes para ello (el número de soldados necesario en operaciones ofensivas es, en promedio, cuatro veces mayor que lo que se requiere en la defensa).

Lo militarmente racional sería que ambos bandos aumenten sus tropas con una nueva movilización, pero los costos políticos de algo así pueden ser muy grandes, o incluso contraproducentes.

                  Continuará… 

Colaborador DCA
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