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Que la Carta Magna sea verbo

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No sustantivo, como canta Arjona, es lo más urgente. ¿Para dónde agarrar? Si o no. Unos aseguran la prevalencia de la ley con los cambios propuestos.

Buscan que el derecho prevalezca y se ejerza justicia en todo ámbito. Otros plantean razonamientos fundamentados en conocimiento constitucional, argumentan que se corre riesgo de designar equipos que arriesgan el ejercicio de la libertad, justicia y democracia.

La prevalencia de la Ley es lo primero, pero, ¿qué significa? Según el diccionario, la definición de prevalencia, etimológicamente deriva del latín de tres componentes: pre- antes, valere- permanecer en plenitud, ente que es agente y el sufijo -ia, expresa cualidad. También puede vincularse a dos verbos, prevaler y prevalecer, que se refieren a aprovechar algo para obtener ventaja, mantenerse o imponerse. Eso da miedo a la luz de lo que se decide y, sobre todo, por quienes deciden.

Da un ejemplo el mencionado diccionario: “La prevalencia de los equipos españoles en el torneo continental fue evidente”. “No puede advertirse la prevalencia de ninguno de los implicados en el caso”. Idéntico a lo que se escucha. La prevalencia de guatemaltecos que desde su corazón y su cerebro, quieren bienestar y desarrollo, están comprometidos y con ganas de ayudar.  Son celosos de la libertad y cuidadosos de injerencia, tanto de entes extranjeros, como de entes arraigados que han cooptado Estado y riqueza. La desconfianza, ignorancia y falta total de comunicación organizada es la razón de este disenso.

Qué conviene. Qué es lo mejor para la mayoría. Urge información, escuchar a las partes y comprender argumentos. La Constitución Política se menciona como buena en las aulas. Al hacer contacto con la realidad, su aplicación, es raquítica.

Lo que debiera suceder es lo que dice Arjona, que la Constitución sea verbo no sustantivo, cumplimiento y no concepto y herramienta de mercadeo político que a conveniencia de intereses individuales o sectoriales, se usa para influir en una población que se levanta de madrugada y corre a trabajar, apenas con agua para su aseo, porque el Estado no cumple con garantizar y proteger la vida humana, ni la seguridad, ni la integridad; porque al salir en buses o caminos hacia el trabajo, los estómagos truenan de hambre o de miedo por los riesgos financieros o del camino. Porque no saben si habrá pan o medicinas, porque no hay recursos.

Otros que tienen empresa, que han trabajado duro, temen también que se repita lo de hace poco, gente que en dos años se vuelve millonaria y a mansalva se apropian de recursos, detienen el desarrollo que puede generar bienestar y trabajo y se vuelven sordos a argumentos, pues han sido mareados por consignas que solo provocan catarsis colectiva de sentimientos y emociones que los unen en protestas.

Es un círculo vicioso. Hace falta que, como dice Ricardo Arjona, la Ley sea verbo y no sustantivo.

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