Motivado por un honesto amor a la ciudad de Guatemala y lo que representa en su ingeniera y estructura, el arquitecto Álvaro Véliz considera que el futuro de la metrópoli se encuentra en la visión que desea plasmar en el Centro Cívico, desarrollar un espacio donde eficiencia estatal, cultura y peatonalidad se entrelacen en comodidad con los ciudadanos.
¿Qué proyectos se impulsan para el Centro Cívico?
Existen tres proyectos estratégicos de la Presidencia de la República en planificación. Primero, un metro de superficie sobre la línea del ferrocarril que será desarrollado por Ferrovias; se espera construir varias estaciones y así dar respuesta al tráfico.
Segundo, se creará un centro cultural en la Antigua Estación Central del Ferrocarril, por lo que sus instalaciones se convertirían en museo y parque público.
Y la construcción del Centro Administrativo del Estado, que centralizará en un solo lugar las oficinas públicas y modernizará el servicio estatal, lo que da eficiencia a las gestiones estatales. Estos dos en manos de la Agencia Nacional de Infraestructura.
Estos proyectos se articulan mediante un corredor peatonal y cultural que conecta el Centro Cívico, el Teatro Nacional, la Ciudad de los Deportes y el próximo sistema de transporte.
Otorga una mirada a cómo podría desarrollarse el resto de la capital, de esta manera quienes vengan disfrutarán de características que la ciudad del futuro deberá tener: integración de lo público, el arte, la recreación, transporte digno y capaz de ser caminable.
¿En qué piensa respecto a esto?
No se puede separar movilidad, espacios verdes y peatonalidad, todo va junto. La ciudad del futuro se debe basar en el bien común, en un equilibrio entre lo público y lo privado, en una arquitectura que construya identidad y cohesión social, no responder solo a intereses económicos, sino a una visión colectiva.
Espero y confío que este impulso inspire a otros arquitectos o ingenieros a implementar ideas con estas características que abarquen e impacten en otras áreas de la metrópoli y así se construya la ciudad del futuro.
¿En cuánto tiempo se verán resultados?
Son proyectos de largo plazo. Hablamos de al menos ocho años, cuatro de esta gestión y cuatro más. Lo importante es iniciar y dejar el legado avanzado, algo que rara vez ocurre en la política guatemalteca. Esto ya no es populismo, es visión de Estado.
¿Qué le gustaría que se dijera?
Que los guatemaltecos amen su ciudad como a sí mismos. Que la sientan como su hogar común. Que caminar por sus calles, plazas y espacios públicos sea una experiencia de alegría, orgullo y pertenencia. Ese es el verdadero proyecto urbano, que la ciudad de Guatemala vuelva a ser nuestra casa.
¿Cuál es la importancia del Centro Cívico?
En muchos sentidos es el equivalente moderno de un centro ceremonial prehispánico. Es el centrosimbólico de la modernidad guatemalteca que surge de la Revolución de 1944. No es solo un conjunto de edificios, es un proyecto urbano vivo, en tiempo real, que articula arquitectura, civismo, democracia y espacio público.
En su origen fue concebido como un “corazón de ciudad”, idea promovida por el movimiento de la modernidad internacional en los años 50. Proponía que las ciudades debían tener un núcleo donde el peatón fuera protagonista, el civismo se fortaleciera y el espacio público como calzadas, escalinatas, plazas y edificios con plantas abiertas generara una experiencia creativa y colectiva.
Por ello se le puede considerar como un punto de referencia al momento de hablar sobre el pasado, presente y futuro de nuestra ciudad.
¿El lugar dialoga con lo ancestral?
En él reaparece, de forma reinterpretada, una tradición urbana y arquitectónica que se interrumpió con la conquista desde la cosmovisión maya, la relación con el Cosmos, los ejes cardinales, el Sol, la luna y la geometría sagrada.
Esto se expresa en las escalinatas, las alfardas, los puentes peatonales, el uso de la piedra y en una arquitectura que yo llamo de “cósmico-geométrica”. Cada edificio cumple un rol dentro de un conjunto que dialoga con el entorno y con la historia profunda del territorio.
¿Qué otros elementos lo hacen único?
Un tercer componente fundamental que es la integración plástica. El Centro Cívico reúne a los grandes artistas de su época como Carlos Mérida, Efraín Recinos, Roberto González Goyri, Alberto Vázquez, entre otros, quienes plasmaron en murales y relieves la cosmogonía resultante de la fusión de lo maya, lo guatemalteco y la herencia colonial.
Por primera vez se construyó una arquitectura que no solo cumplía una función, sino creaba identidad, una idea clara de guatemalidad. Arte, urbanismo, cosmogonía y modernidad confluyen en un solo espacio, aquí reside su importancia.
¿En historia y política, qué representa?
El Centro Cívico es también un símbolo material de la Revolución de Octubre de 1944 a 1954. Los edificios fundacionales como la Municipalidad de Guatemala, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, el Banco de Guatemala y el Crédito Hipotecario Nacional representan los grandes logros de ese período.
Por ejemplo, la autonomía municipal, la seguridad social, una banca nacional fortalecida y una banca pública al servicio del bien común, que ya existía, pero se decide darle más realce. No son edificios administrativos cualquiera, son símbolos de un Estado que trabajaba por el bienestar colectivo y por la democracia.

¿Cómo se gestó históricamente?
Hubo una etapa de visión previa impulsada por figuras clave como Raúl Aguilar Batres, Juan José Arévalo y el alcalde Mario Méndez Montenegro. Desde los años 40 se protegió el área del antiguo Fuerte de San José de Buenavista y del Parque Navidad para uso público, lo que sentó las bases de este futuro ente y de un gran centro cultural.
Aunque la Revolución fue interrumpida en 1954, el proyecto continuó en el ámbito municipal. En los años 60 aparecen los grandes arquitectos como Pelayo Llarena, Roberto Aycinena, Jorge Montes, Carlos Haeussler y se construyen los edificios emblemáticos dentro de los cánones de la arquitectura moderna, filtrada por la identidad guatemalteca.
¿Qué ocurrió con esta visión?
A partir de los años 80, la arquitectura pública perdió su papel protagónico. Se debilitó la planificación, se fragmentó la visión urbana y la ciudad creció sin una agenda pública coherente.
Guatemala se convirtió en una metrópolis con millones de personas sin una estrategia integral de movilidad, agua, uso del suelo o protección ambiental. Perdimos el impulso hacia el futuro que el Centro Cívico había iniciado.

¿Se pueden sentar bases para la ciudad del futuro?
En efecto. Puede ser una plataforma ideológica y urbanística para retomar ese futuro perdido. En los años 2000 impulsé proyectos de rehabilitación del Centro Cívico, el Centro Histórico y el Hipódromo del Norte, conectándolos mediante espacio público, transporte y áreas pensadas para el peatón.
El proyecto Corredor Central Aurora–Simeón Cañas, la Sexta Avenida, las plazas recuperadas y el Transmetro son ejemplos de una nueva forma de hacer ciudad, aunque aún insuficiente para cambiar su destino.

Perfil
- Graduado de la Universidad Nacional Autónoma de México.
- Consultor del Plan de Manejo del Centro Histórico para la Municipalidad de Guatemala y actualmente arquitecto asesor de Proyectos Prioritarios de la Presidencia.











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