Origen de la crisis actual del amor (II)

El autodominio de los instintos es un acto de libertad interior.

Otro antecedente es la doctrina de Freud, para quien toda conducta humana estaría movida por los instintos, que se orientan al placer. El instinto sería lo auténtico, lo natural y lo sincero, por lo que debería ser satisfecho siempre y sin demoras. Esta liberación de los instintos produciría salud, armonía, calma y madurez psicológica, mientras que toda represión o freno sería contrario a la naturaleza, por lo que originaría desorden, tensión y enfermedad.

Un mensaje para Freud y para los freudianos que no lo han leído: lo natural no es lo instintivo. Natural es lo que exige la naturaleza para su desarrollo total y perfección; la conducta sexual humana no depende solo de la biología, ya que aún es considerada en sí misma,  el hombre posee una biología peculiar que se integra en la persona; el ejercicio indiscriminado  de la sexualidad no calma ninguna ansiedad, sino que, por el contrario, despierta una ansiedad creciente que nunca termina; la inhibición o freno de la voluntad no es represión. A diferencia del animal, el hombre prefiere el sexo y deja de ser algo trivial y accesorio solo cuando se le sitúa en el marco del amor humano, en el contexto de los sentimientos y de la voluntad.

J.B.Torelló explica que el autodominio de los instintos es un acto de libertad interior  propio de la especie humana. Añade que la continencia por amor produce libertad de espíritu.

Un tercer antecedente de los movimientos de liberación es la ideología liberal burguesa, que parte del error de que “el hombre es libertad”. Lo correcto es afirmar  que “el hombre tiene libertad”·, como un medio para lograr otras cosas; libertad para hacer el bien, para servir, etcétera. Cuando se entiende la libertad como un fin en sí misma se reduce a simple independencia. Desde este erróneo punto de vista, la norma moral es considerada una represión de la que hay que liberarse.

A la crisis actual del amor ha contribuido mucho también la sexualidad de consumo, un claro síntoma de que vivimos en una sociedad que se ha erotizado. Por eso urge integrar la sexualidad en el encuentro interpersonal. Para superar la cultura de la excitación y del deseo necesitamos una ética de la sexualidad  seguida de una educación sentimental promovida principalmente en el ámbito familiar.

Redacción DCA