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COLUMNAS

Necesaria refutación

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En Guatemala toda persona es inocente, en tanto no se haya pronunciado sentencia en su contra.

Y no basta con que se emita sentencia siendo preciso,además, que se encuentre debidamente ejecutoriada, es decir, que no quepa ya recurso alguno.

Tal y como nadie puede estar “casi” por encima de la Constitución, nadie puede tampoco ser tratado en Guatemala como “casi” culpable o como “un poquito menos inocente” conforme avanza un proceso penal ya que la Constitución no contempla esos “estados intermedios”, plenamente congruente con que  la sentencia final podría  ser absolutoria.

En una muy desafortunada entrevista publicada ayer en Prensa Libre incurre el Comisionado de la CICIG en ese gravísimo error, inconstitucional error, de considerar a las personas no inocentes,  o “menos inocentes”, sin que hayan sido condenadas, lo que explica el mal uso que se hace de la prisión provisional, vicio inveterado entre nosotros que, en vez de corregir, ha venido a acrecentar. Desafortunadas sus afirmaciones de “menos inocente” o “casi culpable”, afirmaciones –muy grave– que contradicen la Constitución de la República.

Errores como este debieron incluirse en el documento ayuda de memoria que recoge lo que habría de exponerse en la reunión de Nueva York.

También se hizo referencia al indebido uso mediático de la acusación penal pero, en el preciso momento en el que este se le señalara a la Organización de las Naciones Unidas, volvía a repetirse, presentándose en conferencia de prensa –luz, cámara, acción– un nuevo antejuicio en contra del Presidente de la República, antejuicio que –precisamente por ello– no pudo ya sustraerse del sabor de político y, consecuentemente, de su exposición al entredicho.

Una cosa es la publicidad del sistema acusatorio –todos pueden ver lo que se actúa y lo recoge la prensa– y otra muy distinta ¡Por favor! el show mediático.

El error –recurrente error– era suficientemente grave como para condenar el antejuicio al fracaso pero, además, pudo constatar el Congreso de la República su inconsistencia ya que la representación legal de una entidad no hace necesariamente responsable de todos sus actos a quien la representa, siéndolo tan solo aquellos sin cuya su participación no se hubieren dado –la ley es la ley– habiendo concluido la Comisión Pesquisidora que no había evidencia alguna de la participación directa del Presidente de la República en los actos denunciados, algo que cualquiera podría haber comprendido de inmediato: imposible que un candidato presidencial y máxime en una campaña discreta económicamente, lo que implica un inmenso esfuerzo personal de su parte, pudiera hacerse cargo, además, de los registros contables.

Los informes omitidos  –incumplimiento de la obligación de presentarlos– se trata de infracciones administrativas –no delito–que tienen contemplada su sanción. Aprecio el trabajo realizado por el Comisionado pero, por lo mismo, señalo sus errores y –con más energía– si persiste ellos.

Quienes le han acarreado a lo mediático, a la inconstitucional consideración de la “inocencia disminuida” y a percibirse “casi” por encima de la Constitución, han comprometido su trabajo y –queriéndolo o no– la eficiencia de la lucha en contra de la corrupción, una lucha sin calenturas ni entredichos.

Redacción DCA
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COLUMNAS

Día Mundial de los Océanos: una tarea colectiva

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Bernardo Broitman
Profesor Titular FAL

“Y si te toca llorar, es mejor junto al mar”, cantaba Serrat desde su pueblo a la orilla del mar Mediterráneo. En los países del Pacífico Americano, el mar también es una fuente de inspiración, de pertenencia y a veces de temor, desde caldillo de congrio en cocinas y poemas, a maremotos y Caicai vilú en nuestra historia.

Pero, en el mundo físico, ¿sabía usted que el océano es el termostato del planeta? El océano global regula la temperatura absorbiendo el exceso de calor que se está acumulando en la atmósfera, ayudando a moderar la velocidad del calentamiento global, el agua puede guardar mucho más calor que el aire: cuesta más calentar el agua de la tetera que aire alrededor.

Nuestra prosperidad pasa por el mar: comercio, transporte, recursos, identidad, descanso e
inspiración.

Eso quiere decir que de todo lo que se ha calentado el planeta desde que se aceleró este proceso en los años 70, los mares han absorbido un increíble 90 por ciento de este exceso de calor el que, por ahora, está guardado en sus profundidades.

O quizás usted sin duda se ha planteado que “el agua es vida”, pensando en nuestras recurrentes sequías y la futura falta de lluvias. Esta afirmación popular tiene mucho de realidad, la vida en el planeta se originó en sus océanos primitivos.

Sabemos que había mucha agua líquida sobre el planeta muy poco después de que se formó, agua que quizás fue traída por cometas antes que tuviéramos una atmósfera como la de hoy. Eso fue hace miles de millones de años, cuando el Sol no brillaba tanto como lo hace ahora, o sea muy poco después que se formó en el Sistema Solar.

Entonces, si pensamos en el mar, sería bueno agregar que, además de envolvernos en cultura, sabiduría y sabor, fue el lugar donde partió la vida en el planeta. Y a eso sumar que actualmente el océano es lo único que nos protege del desorden que hemos causado al sistema climático a medida que insistimos en quemar esas plantas muertas y enterradas hace cientos de millones de años, mejor conocidas como combustibles fósiles.

¿Será algo que nos reúna como pueblo, país, sociedad, el preocuparnos un poco más del mar? Nuestra prosperidad pasa por el mar: comercio, transporte, recursos, identidad, descanso, inspiración y ahora, gracias a viejas tecnologías que recién descubrimos, el agua desalada para quitarnos la sed. Cuidemos el mar, es un lugar de vida, es colectivo, y escuchemos a Gabriela Mistral: “Voy hacia el mar voy, voy yendo.”

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Trabajo infantil en Guatemala: un llamado a la acción

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Julio César Hernández Rodríguez
Director de Estadísticas Laborales, Ministerio de Trabajo y Previsión Social

El trabajo infantil es una violación a los derechos humanos de la niñez, que tiene implicaciones sociales y económicas importantes para las sociedades.

El trabajo infantil afecta negativamente el desarrollo físico y psicológico de los niños y las niñas, pues a menudo están expuestos a condiciones peligrosas, como trabajar en lugares insalubres o con herramientas, materiales o maquinarias peligrosas, durante jornadas largas que pueden dañar su salud.

También, afecta el acceso a la educación, pues los niños que trabajan pueden tener dificultades para asistir a la escuela y concentrarse en sus estudios, lo que conlleva a un retraso en su aprendizaje y
desarrollo.

Casi 350 mil niños y niñas de 10 a 14 años se encuentran trabajando en Guatemala,
según cálculos realizados por la Dirección de Estadísticas Laborales del Ministerio de Trabajo y Previsión Social.

El trabajo infantil también se relaciona a menudo con familias en situación de pobreza y que no tienen recursos adecuados para vivir. Si los niños trabajan en lugar de estudiar, es menos probable que adquieran las habilidades para escapar de la pobreza: el trabajo infantil perpetúa el ciclo de pobreza.
Para abordar el problema del trabajo infantil, el Estado de Guatemala ha asumido compromisos nacionales e internacionales para su erradicación.

Dentro de estos compromisos se encuentra la Convención sobre los Derechos del Niño, ratificada por Guatemala, a través de esta “reconoce el derecho del niño a estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o interferir en su educación, o que sea perjudicial para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social”.

Asimismo, Guatemala ha ratificado normas internacionales del trabajo que prohíben el trabajo infantil y promueven su eliminación, entre estas: el Convenio sobre la Edad Mínima de Admisión al Empleo (núm. 138), y el Convenio sobre las Peores Formas de Trabajo Infantil (núm. 182).

Casi 350 mil niños y niñas de 10 a 14 años se encuentran trabajando en Guatemala, según cálculos realizados por la Dirección de Estadísticas Laborales del Ministerio de Trabajo y Previsión Social, a partir de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2022-2023.

Esta cifra representa que 17.8 por ciento de la población de 10 a 14 años se encuentra trabajando, siendo Totonicapán (31.9 por ciento), Chimaltenango (28.5 por ciento) y Alta Verapaz (27.9 por ciento) los departamentos con mayor incidencia de esta problemática. Los datos también muestran que de los niños que trabajan: dos de cada tres son mayas, 60.8 por ciento trabaja sin remuneración y 57.6 por ciento está en la agricultura.

Reconociendo las obligaciones del Estado de Guatemala y las implicaciones que esta problemática tiene para miles de niños y niñas del país, dentro de las múltiples acciones realizadas por el Ministerio de Trabajo y Previsión Social para la erradicación del trabajo infantil, recientemente realizó el Congreso Nacional de los Consejos Departamentales de Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil (Codepeti), reconociéndolos como espacios valiosos para la discusión y reflexión en torno a esta problemática y destacando la actuación local como clave para erradicar el trabajo infantil.

La erradicación del trabajo infantil debe ser una apuesta de la sociedad guatemalteca, lo cual requiere del compromiso y la acción de todos los actores, incluyendo el sector gubernamental, el sector privado, trabajadores, organizaciones de sociedad civil y de la población en general.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Con una nueva vida en las alforjas (III)

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Concha Martínez Pasamar
Autora del libro Bibliotecarias a caballo
Revista Nuestro Tiempo

Sin embargo, en muchas zonas, también en los parajes del este de Kentucky, no abundaban esos destinos. En aquel rincón del país, la vida recordaba a la de siglos anteriores. Desperdigadas por los valles se encontraban sencillas cabañas de troncos con un porche.

Sin electricidad ni agua corriente, aquellas cuatro paredes carecían de cuarto de baño.

El calor o el frío se colaban entre las rendijas de los tablones, haciendo de la casa un tosco refugio. Aunque las grietas se remendaban con arcilla, los materiales terminaban por deteriorarse, y los muros debían cubrirse con periódicos o viejos almanaques. Sin electricidad ni agua corriente, aquellas cuatro paredes carecían de cuarto de baño y acogían un parvo mobiliario: las camas, donde dormían varias personas, compartían espacio con algunos asientos y la mesa.

Algunas veces, colchas de retales separaban la zona de descanso del área de convivencia, en torno al hogar o a una estufa. Los pocos bienes que conectaban distintas generaciones se valoraban como tesoros: una alfombra anudada a mano, un viejo instrumento, una fotografía, un cuchillo heredado… Estas humildes pertenencias contrastaban con un rico patrimonio inmaterial de canciones, baladas y relatos.

Tal vez un libro pudiera abrir nuevas y más amplias ventanas al mundo y a la imaginación, no solo para escapar de la dureza de la realidad sino para descubrir maneras de afrontarla. Era el momento de hacerlos llegar hasta aquellos recónditos lugares.

Colaborador DCA
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