Edgardo Alburez
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Las juventudes juegan un papel fundamental en la construcción del presente y el futuro, pero, cuando la individualidad toma el control de muchas de nuestras acciones diarias, es necesario reflexionar sobre la necesidad de pensar colectivamente. En la actualidad, las juventudes se enfrentan al reto de equilibrar la necesidad del crecimiento personal con la responsabilidad de contribuir al bienestar común.
La participación juvenil en los espacios de incidencia para la intervención en diferentes temáticas como deporte, prevención de violencia, participación ciudadana, arte, cultura, medio ambiente, equidad de género, entre otras, está motivada por el cambio social, permitiendo ejecutar acciones positivas que impactan en las comunidades intervenidas.
El buscar un cambio social no debe ser recorrido de manera individual, debe ser de manera colectiva, respondiendo a las necesidades de la sociedad, ya que en la cooperación mutua se construyen los cambios significativos.
El buscar un cambio social no debe ser recorrido de manera individual, debe ser de manera colectiva, respondiendo a las necesidades de la sociedad, ya que en la cooperación mutua se construyen los cambios significativos. El intento del cambio social no debe ser impulsado por la ambición de sobresalir a expensas del colectivo, es decir, no se debe buscar el reconocimiento individual sino el avance de la sociedad. Cuando los miembros de un grupo se enfocan únicamente en sus intereses personales, el avance de la sociedad se ve obstaculizado.
El deseo de reconocimiento individual o responsable de los logros fragmenta el propósito común, haciendo que el interés del cambio social se convierta en una competición, en lugar de un esfuerzo común para el crecimiento de la sociedad.
La mayoría de los dirigentes de las organizaciones, instituciones o colectivos, fomentan el proceso de individualismo, al premiar las acciones personales y retrasan el agradecimiento colectivo; esto genera una competencia desfavorable en el accionar colectivo, debido a que las juventudes, en busca del reconocimiento anticipado adoptan actitudes individuales.
Al alcanzar un logro colectivo, el valor no debería ser para el esfuerzo de una persona, sino en las fortalezas y habilidades todos los miembros de un grupo. Cuando se reconoce el esfuerzo conjunto se fortalece el sentido de colaboración y comunidad, además provoca que estas acciones tengan un impacto integral, ya que se aprovechan las habilidades y perspectivas de cada integrante.
El Consejo Nacional de la Juventud (Conjuve) reconoce que el verdadero éxito del trabajo colectivo se alcanzará, cuando el bienestar común sea reconocido por cada uno de los miembros de la sociedad.











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