En Guatemala existen tres “santos” sincréticos que viven al margen de la Iglesia católica. Fueron obligados a fusionarse con cultos cristianos y aún existe su veneración en los pueblos mayas: San Simón, Rey San Pascual y Diego Duende.
Tienen seguidores en todo el país. El culto a San Simón se ha extendido y es unos de los más populares, mientras Rey San Pascual se centra más que todo en la región de occidente, en Olintepeque, Quetzaltenango; mientras que Diego es venerado en templos privados, el menos popular de los tres.
Desde la llegada de los españoles a Guatemala, la evangelización no tomó mucho tiempo. El primer templo católico se construyó en 1524, en Salcajá, Quetzaltenango, y la transformación de las creencias ocurrió de forma sistemática en los siguientes años. “La etapa colonial comienza con la imposición ideológica y el despojo de tierras perpetrado por los invasores hispano-europeos, guerreros y religiosos. Con ello, se inicia una cristianización que intenta suplantar el pensamiento mágico religioso de antaño por uno nuevo, el cristiano católico, también mágico religioso”, escribió el antropólogo Carlos René García, en el artículo Sincretismos religiosos y rituales en las danzas tradicionales de Guatemala en el siglo XXI genisecular.
El santo esqueleto
Rey San Pascual es la fusión y evolución del nahual o abuelo Kemé, una conexión con la veneración maya hacia la muerte, vista como un paso hacia “la otra dimensión de la vida”. Según la cosmovisión maya, al morir, las personas no reencarnan, sino que transitan a Xibalbá, donde su destino depende de sus acciones en vida. Este lugar puede ser tranquilo y lleno de reencuentros familiares, o un espacio de sufrimiento perpetuo, como describe el Popol Wuj.
La iconografía actual del Rey San Pascual tiene influencias medievales y se relaciona con la figura de la “muerte triunfante”. Según Navarrete, en su artículo San Pascualito Rey y la Santa Muerte. Acercamiento y separación de dos imágenes, esta representación fue adaptada en el contexto guatemalteco, y se diferencia de otras figuras similares como la santa muerte.
La leyenda de Rey San Pascual, originada en San Antonio Aguascalientes, Sacatepéquez, relata cómo se apareció en forma de un esqueleto con túnicas brillantes, se presentó ante un hombre kaqchikel moribundo durante una epidemia. Prometió erradicar la enfermedad si la comunidad lo aceptaba como patrón, lo que cumplió, prediciendo la muerte del hombre en nueve días y dando inicio a su culto. Su fama creció como símbolo de fe, sanación y milagros.
El santo que no discrimina
Un hombre con bigote y sombrero, que le gusta el alcohol y el cigarro, es uno de los santos al margen de la Iglesia que es más popular en todo el país. San Simón y Rilaj maam, en el caso de Santiago Atitlán, Sololá, son parte de las tradiciones que se conservan en los pueblos mayas, y son representaciones de guardianes de cerros. Uno de los principales lugares donde se venera es en San Andrés Itzapa, Chimaltenango. Comúnmente relacionado con el santo Judas Tadeo, celebran su fiesta el mismo día, 28 de octubre, en el calendario ceremonial Oxlajuj T’zi (13 justicias). Recibe visitas de personas fieles, que en su mayoría son comerciantes, miembros de la comunidad LGTBI e incluso migrantes, dicen testigos en el lugar. Comparte los gustos por el alcohol y el tabaco, lo resguarda una cofradía que se sostiene con las ofrendas.


El duende del amor
Conocido por su nombre mestizo, Diego, es un ser al que muchos acuden por peticiones especiales de amor. También se le conoce como K’oxole, Sisimite, Alux o Ajawal, dependiendo de la región donde se haya avistado.
Según el historiador Celso Lara, “al personaje de estas leyendas en la ciudad de Guatemala lo conocen por diversos nombres. En algunos barrios se le llama Tzipitío; en otros Tzipe, en algunos, Sombrerón,y en otros se le conoce como Duende. Sin embargo, el más común por el cual los barrios más viejos de la ciudad lo nombran es el de Tzitzimite”.
Según Lara, a pesar del cambio de nombre y ciertas variantes del personaje a esas variaciones no afectan el espíritu global de la leyenda popular.
El más famoso de estos espíritus es Diego, el Alux o El Sombrerón, que se ha catalogado como un espíritu burlón, ligado al amor o lo sexual.
Su casa es el cerro Alux, entre los municipios de Mixco y San Lucas, en donde se han encontrado altares. Puede estar vestido de azul o de amarillo si se busca la fortuna o rojo si se prefiere el amor.











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