Patricia Letona D. Innovación y Relacionamiento Estratégico
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Nacer pobre no tiene por qué ser una condena ni una sentencia para toda la vida. Aunque es una condición dolorosa, adversa y no deseable, no debe determinar nuestro destino. Lo digo desde la experiencia personal y desde los testimonios de amigos muy queridos y familia, personas que admiro y respeto inmensamente.
No se confundan ni se apresuren a juzgar. Escribo esto con toda la sensibilidad y solidaridad que siento hacia nuestro pueblo, consciente de que una gran parte vive en condiciones de extrema pobreza. Lo hago pensando, de manera incansable, en cómo podríamos salir de ese agujero en el que tantos se encuentran.
Nacer en condiciones de pobreza no significa que tengamos que vivir lamentándonos de la suerte que nos tocó o resintiendo la buena fortuna de otros. Importa mucho la historia que nos contamos a nosotros mismos.
Guatemala es un país rico en recursos, naturaleza y cultura, pero ¿por qué tantos guatemaltecos viven bajo la línea de pobreza?
La revolución más importante de tu vida será salir adelante.
Resolver este problema es una tarea titánica, casi imposible si no se abordan las causas estructurales. Sin embargo, creo firmemente que el cambio puede comenzar desde nosotros.
Tenía solo tres años —aunque suene inverosímil— cuando salí de mi casa sin permiso con un cuaderno y un lapicero que mi mamá usaba para la universidad. Me escapé para escabullirme a una escuela de párvulos que estaba a un par de cuadras de nuestra casa en la zona 21. No imagino el susto que mi mamá debió haberse llevado, pero, por supuesto, no tengo memoria de ese evento; sé de ello solo porque ella me lo contó.
Desde muy pequeña me sentí atraída por aprender. Aunque no fui precisamente una niña abanderada, siempre me gustó descubrir cosas nuevas. Entendí que aprender salvaría mi vida y que el conocimiento ensancharía mi mundo a dimensiones inimaginables.
Nelson Mandela dijo: “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. Doy fe de que cambió mi mundo y lo sigue haciendo. Cada vez que aprendo algo nuevo, mi mundo se transforma y nuevas oportunidades se abren ante mí.
Lo que comenzó en una escuelita de la colonia Justo Rufino Barrios me llevó por el mundo. He tenido la fortuna de estudiar en lugares que en aquellos entonces parecían inimaginables, como el centro de formación de Reuters, en Londres, Madrid o el MIT en Boston.
No ha sido un proceso fácil. Como dije al principio, nacer en condiciones humildes limita las opciones de educación. No es lo mismo asistir a una escuela pública (si es que se tiene la oportunidad, ya que muchas niñas son obligadas a cuidar de sus hermanos en lugar de estudiar) que recibir una educación bilingüe o trilingüe de primer mundo. Sin embargo, ninguna excusa es válida: no importa tu condición, lucha con todas tus fuerzas.
La revolución más importante de tu vida será salir adelante y convertirte en la mejor versión de ti mismo gracias a tu esfuerzo y formación.Sea cual sea tu condición, aprovecha la oportunidad que tengas para estudiar. Agradece si tus padres te pueden facilitar estudios o busca por tus medios cómo aprender. Internet está lleno de herramientas. También hay gente que está dispuesta a compartir lo que sabe.
Seguiré siendo una eterna y humilde estudiante. El mundo es demasiado grande y, a la vez, tan pequeño que vale la pena descubrirlo. Nunca es tarde para soñar y dar el primer paso.
A las puertas de celebrar la Navidad, no importa cuál sea nuestra condición, siempre hay al menos una razón para agradecer: estamos vivos. Esa es una oportunidad invaluable para seguir aprendiendo, creciendo y construyendo un futuro mejor.











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