Nacido en Chicacao, Suchitepéquez, en 1937, Marco Augusto Quiroa creció entre los paisajes cálidos de la costa sur guatemalteca antes de trasladarse, siendo aún adolescente, a la ciudad de Guatemala en 1950. Aquel cambio de entorno coincidió con los últimos años de la Revolución de Octubre, una época de efervescencia política y social que marcaría profundamente su visión del arte y de la vida.
Desde joven mostró múltiples inquietudes, como la pintura, la escritura, la docencia y un incansable explorador de los lenguajes artísticos. Estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas Rafael Rodríguez Padilla, donde comenzó a destacar por su talento y espíritu inconforme. A finales de los años cincuenta, su nombre ya resonaba entre los nuevos creadores que buscaban romper con los moldes del arte tradicional.

En la pintura, Quiroa transitó por diversas etapas, que abarcaron desde el expresionismo y la abstracción inicial hasta un realismo social que rescataba las formas, colores y rostros del pueblo guatemalteco. Su obra plástica abarcó pintura, grabado, dibujo, caricatura, escultura e incluso objetos intervenidos, siempre con una mirada crítica y comprometida con la realidad nacional. En 1969, junto con Roberto Cabrera y Elmar René Rojas, fundó el Grupo Vértebra, un movimiento artístico que rechazaba el arte decorativo y defendía una creación con contenido social y conciencia nacional. Años antes había formado parte del Círculo Valenti, otro colectivo clave.
Narrador y cronista
Su faceta literaria emergió con igual fuerza. Fue narrador, cronista y un maestro del cuento, género al que imprimió humor, crítica y una profunda ternura humana. En los años ochenta alcanzó amplio reconocimiento con su libro Semana menor (1984), que le valió el Premio Quetzal de Oro de la Asociación de Periodistas de Guatemala. Más tarde publicaría títulos como Gato viejo (1990), Plaza Mayor (1990), El mojado y la seca (1994), Receta para escribir un cuento y otros cuentos (1996) y Doña Mazacuata y otros animales (1998).
Comprometido con los marginados
Su escritura, marcada por la ironía y la sensibilidad popular, reflejaba su compromiso con los marginados y su búsqueda de un lenguaje literario auténtico. Fue fundador del grupo La Rial Academia, de escritores que reivindicaban la irreverencia y el habla cotidiana como vehículo de expresión literaria.
A lo largo de su carrera recibió múltiples reconocimientos, entre ellos el Premio Único del Concurso de Cuento Carlos Novella en dos ocasiones (1990 y 1994) y el título de Emeritíssimum otorgado por la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos. En el ámbito público, también tuvo una breve incursión política, ya que en 2003 fue electo diputado por la Alianza Nueva Nación.
Quiroa falleció el 31 de octubre de 2004, en Amatitlán. Tenía 67 años y una obra inmensa, tanto literaria como plástica, que sigue siendo referencia obligada para comprender el arte del siglo XX.

Su legado es el de un creador integral, lúcido y solidario, cuya vida y obra trazan un puente entre la estética y la conciencia social. Como lo definió el maestro Carlos Mérida, Quiroa fue “el más guatemalteco de los pintores”, y, podría añadirse, uno de los cuentistas más entrañables de nuestra literatura nacional.











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