El olor a café por la mañana, los juegos entre los árboles y el canto de los pájaros, ambientan el libro La niña del aserrín, una historia que conecta directamente con el corazón, a través de la alegría y la nostalgia de una infancia vivida intensamente. Su autora, la guatemalteca Sonia Oliva, celebra en estas páginas su tierra natal, Esquipulas, y el poder evocador de los recuerdos.
¿Cuál es el origen de La niña del aserrín?
La historia nace el mismo día en que nací. Mi mamá comenzó a sentirse muy mal y no tuvo más remedio que buscar ayuda en el lugar más cercano, que resultó ser un aserradero. Allí nací, y me cubrieron con aserrín. Desde entonces, quedó esa anécdota familiar que, con los años, se convirtió en el título de este libro.
¿Cómo fue su proceso para rescatar esos recuerdos?
Con los años, uno olvida cosas. Pero siempre me decían: “Usted es la niña que nació en un aserradero”. Mis abuelos también me compartieron muchas historias, al igual que algunas amistades. Así, con sus recuerdos y los míos, fui armando el rompecabezas de mi niñez.
¿Este viaje a su niñez le trajo recuerdos olvidados?
Sí, muchos. Al empezar a escribir, vinieron memorias que creía perdidas. Algunas no llegaron a incluirse en el libro porque no las recordaba en ese momento, pero han seguido apareciendo desde entonces. Muchas anécdotas se quedaron en el camino, pero las más significativas están ahí.
¿Cuál fue su mayor reto durante la redacción?
La estructura. Recordar fue sencillo, pero ordenar todo, darle coherencia y forma, fue lo más complicado. Aun así, logré completarlo y estoy satisfecha con el resultado. Con este libro, Sonia Oliva entrega un pedazo de su alma.
Se trata de un relato íntimo que invita al lector a detenerse y valorar los momentos sencillos, de esos que muchas veces pasan desapercibidos.
Pero esta autora no se detiene. También participó en El gran libro del amor, una obra colectiva, coordinada por Francisco Navarro, que reúne a más de 300 autores y que ya está disponible en Amazon.











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