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OPINIÓN

La corrupción nos hunde

La corrupción no es solamente un delito, es un sistema de poder alternativo.

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La corrupción no es solamente un delito, es un sistema de poder alternativo.

Concluyó el lapso del remanso político, social, económico y religioso. En los vientos que se cuelan, se anticipan tormentas, sacudidas que probablemente provienen de los capitales más tradicionales, tanto como aquellos emergentes y otros no necesariamente lícitos en su radio de acción. En 2015, la conciencia colectiva fue literalmente zarandeada por los casos de corrupción destapados a partir del 16 de abril del año pasado.

De forma generalizada se arribó al desenlace en cuanto a que la corrupción nos hunde. Que la corrupción nos niega oportunidades de desarrollo. Y más aún, que la corrupción es homicida al trastocar ilegalmente los recursos del erario nacional destinados a la red hospitalaria y su equipamiento, así como los concebidos para la seguridad ciudadana. “El cáncer de la democracia es la corrupción”, afirmó Enrique Neira Fernández, en un ensayo titulado precisamente corrupción, cáncer de la democracia auspiciado por la Universidad Colgate de Nueva York. La frase ha sido reiterada en múltiples ocasiones.

De España a Argentina, Brasil, Colombia y Guatemala deambula la afirmación que agita la conciencia de la población de cada país. La verdad de Perogrullo, sin embargo, encuentra en nuestro territorio no uno, sino múltiples detractores. Personas y entidades que con sus medios obstruyen investigaciones, obstaculizan el esclarecimiento de los hechos alrededor de las redes de corrupción, son aquellas que pregonan por el estatu quo, que no haya cambios. Que las reglas continúen en su beneficio y que la capacidad del Estado sea reducida a su mínima expresión para sancionar a los corruptos.

En Brasil; la corrupción ha sido instrumentalizada por un sector ultraconservador para ensalzar los errores de la administración gubernamental del Partido de los Trabajadores (de 2003 a la fecha). Allá tienen a su propio Iván Velásquez. El doctor Sergio Moro es el paladín de la justicia. Y como aquí, aplaudido por unos y criticado o censurado por otros. Por aparte, la estrategia empleada en nuestro país conlleva la preservación de una soberanía que en realidad cobija las redes y entramados de impunidad. Los indicios apuntan a batallas que se habrán de librar a partir de la arena política. Ese ha sido el tradicional frente de confrontación.

Los esfuerzos de la institucionalidad pública estarán, a partir de ahora, en constante prueba de eficiencia, agilidad y eficacia. Los retos que impondrán para equilibrar la frágil gobernabilidad con la que nos fuimos en el receso de “verano”, estarán a flote con más ahínco que antes.

“No puede haber democracia sin lucha contra la corrupción, porque la corrupción no es solamente un delito, es un sistema de poder alternativo al sistema democrático de poder. Lo mismo pasa con los mafiosos, los mafiosos no son solamente criminales. La mafia es un sistema de poder económico, un sistema de poder político, un sistema de poder religioso, un sistema de poder financiero… La nueva corrupción del tercer milenio se llama conflicto de intereses. El conflicto de intereses destruye la democracia, el libre mercado, destruye el normal funcionamiento del sistema”, afirmó el diputado italiano Leoluca Oralondo, en 2009, al visitar Bogotá, Colombia. La corrupción nos hunde sin duda alguna.

Walter del Cid
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COLUMNAS

Conociendo sobre discapacidad múltiple

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Consejo Editorial Conadi

La Multidiscapacidad, definida como la amalgama de dos o más discapacidades sensoriales, físicas, intelectuales y/o psicosociales en una misma persona, va más allá de una simple suma de impedimentos.

Se caracteriza también por el nivel de desarrollo del individuo y sus posibilidades en términos funcionales, comunicativos, sociales y de aprendizaje, factores determinantes que delinean sus necesidades específicas.

Esto conlleva la necesidad de un amplio abanico de apoyos tanto en el ámbito de las habilidades adaptativas como en el desarrollo personal.

Los expertos sugieren una serie de recomendaciones.

Para quienes enfrentan la multidiscapacidad, las barreras sociales no solo representan obstáculos para su desenvolvimiento pleno y efectivo, sino que se rigen con desafíos que condicionan su vida diaria. Es fundamental comprender las complejidades y las consecuencias inherentes a cada una de las condiciones que presentan estas personas, las cuales abarcan aspectos tan fundamentales como la salud, la participación social, el aprendizaje y la afectividad.

A ello se suma el hecho de que, al igual que cualquier individuo, tienen necesidades básicas que deben ser satisfechas, como el amor, la seguridad, el estímulo y la oportunidad de explorar y aprender del mundo que les rodea. Para los familiares de personas con discapacidades múltiples, el camino puede resultar abrumador y desconcertante en ocasiones.

Por ello, los expertos sugieren una serie de recomendaciones para hacer frente a esta realidad: informarse exhaustivamente sobre las discapacidades que presenta el ser querido, buscar apoyo y orientación tanto de profesionales como de grupos familiares, desplegar todos los recursos disponibles para brindarles ayuda, e involucrar a cada miembro de la familia en sus procesos de aprendizaje y en su vida diaria, enfocándose en la personalidad única de la persona con discapacidad múltiple.

El Consejo Nacional para la Atención de las Personas con Discapacidad (Conadi) insta a derribar el paradigma médico-rehabilitador y a fomentar el acceso a programas destinados a la inclusión social.

Estos programas, fundamentados en el bienestar de la sociedad y en el desarrollo económico, político, social y cultural, deben garantizar la protección integral de los derechos de las personas con discapacidad en todos los ámbitos de la vida social.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Los nuevos sofistas

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Gerardo Castillo Ceballos
Profesor de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra

La sofística está de nuevo vigente en una época en la que el relativismo ha vuelto con más fuerza e influencia social que en tiempo de Protágoras de Abderas y Gorgias.

El significado de ‘sofista’ ha evolucionado a lo largo de la historia. Comienza en la Antigua Grecia, con los expertos en retórica, considerados personas muy instruidas y guías en el uso de las palabras. La mayoría de los sofistas de la época clásica pecaban de relativismo.

Según esa doctrina, el conocimiento humano es incapaz de llegar a verdades absolutas y universales; la verdad es relativa y su fundamento estaría en cada sujeto que juzga (subjetivismo). Por ejemplo, lo que uno considera bello puede ser feo para otro.

Como reacción, surgieron los ‘amantes del saber’, en oposición a quienes se autodefinían como ‘sabios’. A partir de la filosofía de Sócrates y Platón, el término ‘sofista’ se consideró de forma peyorativa.

Platón se opone al relativismo de los sofistas y afirma que la verdad es única y susceptible de definición inequívoca. Se llega a ella a través del conocimiento de las ideas, mientras que para los sofistas es una cuestión de mera habilidad.

El arte de la persuasión hoy no suele estar al servicio de la verdad, sino de los intereses del orador. 

A partir de ese momento, se acusa a los sofistas de utilizar la retórica a su conveniencia, presentando argumentos o ideas que eran falsas, pero que, a través de premisas plausibles, convencían a muchos de ser verdad.

Pero, ¿quiénes son los sofistas de ahora?En buena parte, algunos ‘expertos’ o gurús de internet. Vivimos un nuevo esplendor de la sofística basado en el fácil acceso a toda clase de información.

En nuestra sociedad se ha separado el conocimiento, que emana de la investigación científica y filosófica, de los saberes populares comúnmente aceptados.

La sofística vuelve a estar vigente en una época en la que el relativismo ha vuelto con más fuerza e influencia social que en tiempo de Protágoras de Abderas y Gorgias.

Así lo atestiguan, por ejemplo, unas palabras del cardenal Ratzinger pronunciadas unos días antes de ser elegido Papa como Benedicto XVI: “Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja solo como medida última al propio yo y sus apetencias.

El relativismo imposibilita el diálogo para alcanzar una verdad común sobre la que construir la convivencia humana, el desarrollo como personas y como sociedad, e introduce una dictadura, la del propio yo y sus apetencias”.

En muchos debates actuales no se suele hablar de la verdad, sino de ‘mi verdad’ y de ‘tu verdad’. Unos versos de Antonio Machado son muy elocuentes: “¿Tu verdad? No, la Verdad; y ven conmigo a buscarla”. Coincido con Marta Luquero en que vivimos en la sociedad de los sofistas: hoy sobran sofistas y faltan filósofos; abundan los sofismas y escasean los axiomas.

Frente a principios de verdades incuestionables, predominan argumentos falsos que se hacen pasar por verdaderos.

El arte de la persuasión hoy no suele estar al servicio de la verdad, sino de los intereses del orador. Poco ha cambiado, solo los medios para hacer llegar los sofismas al pueblo.

La televisión e internet han sustituido al ágora. Los sofistas de ahora, como los de la antigua Grecia, simulan saber de todo; no buscan la verdad, sino la apariencia de saber, ya que lo importante es que la falacia parezca verdadera.

“Frente a principios de verdades incuestionables, predominan argumentos falsos que pretenden hacerse pasar por verdaderos”. Actualmente el “yo solo sé que no sé nada” ha quedado anulado. Se cree que sabemos de todo.

Los programas televisivos están ocupados algunas veces por pseudocientíficos y tertulianos omniscientes.

Me parece correcto invitar a un tertuliano que sea experto en un determinado tema; pero lo que no tiene sentido ni utilidad es invitar a uno que habla de todos los temas con ‘autoridad’. ¿Saben distinguir la mayoría de los oyentes o televidentes españoles entre el experto y el sofista? Creo que en muchos casos no.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Rusia-Ucrania: lo que sucede y lo que vendrá (II)

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Mathieu González

Facultad de Artes Liberales

Gracias a esta victoria estratégica, Ucrania ha obtenido importantes dividendos económicos para su maltrecha economía, privando a Rusia de uno de sus principales medios de presión hacia los países pobres.

En el aire, ambos contendientes continúan en una situación de empate. Pese a su superioridad numérica, Rusia no ha logrado obtener supremacía aérea.

Muestra de ello es que durante la batalla de Avdíivka perdió un poco más de una decena de aviones por utilizarlos de forma más arriesgada.

Más preocupante para Rusia resulta la pérdida de los A-50, ya que en este momento no tiene cómo remplazarlos. Por otro lado, Ucrania está a la espera de la llegada de los F-16, con la esperanza de poder romper este equilibrio.

Más preocupante para Rusia resulta la pérdida de los A-50, ya que en este momento no tiene cómo remplazarlos.

A nivel terrestre ha habido una serie de avances tácticos rusos, principalmente en torno a Avdíivka. Sin embargo, ninguno de estos ha sido estratégicamente importante, sino más bien victorias políticas para el régimen.

Por otro lado, la falta de municiones, principalmente de artillería, ha obligado al ejército ucraniano a retiradas parciales y a la pérdida de iniciativa ofensiva. Si bien las pérdidas rusas han sido importantes, tienen lugar a un ritmo sostenible durante por lo menos dos años más. 

Del lado ucraniano, las pérdidas hasta la fecha también son soportables, pero los problemas de los últimos meses se agudizarán si no reciben rápidamente un número suficiente de municiones.

Junto a esto, parece difícil pensar que Ucrania pueda lanzar operaciones militares ofensivas de envergadura, ya que no dispone de tropas suficientes para ello (el número de soldados necesario en operaciones ofensivas es, en promedio, cuatro veces mayor que lo que se requiere en la defensa).

Lo militarmente racional sería que ambos bandos aumenten sus tropas con una nueva movilización, pero los costos políticos de algo así pueden ser muy grandes, o incluso contraproducentes.

                  Continuará… 

Colaborador DCA
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