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COLUMNAS

Israel contra Hamás: entre la legítima defensa de un Estado y la proporcionalidad

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Gabriela Fajardo 

Doctoranda de Relaciones Internacionales de la Facultad de Derecho Universidad de Navarra

El Estado de Israel está siendo atacado por el grupo terrorista Hamás, autoridad de facto en la franja de Gaza desde que en 2007 tomó el control del territorio por la fuerza. Desde la zona del conflicto han llegado imágenes de la toma de civiles como rehenes, de familias torturadas y masacradas y de la condena por parte de la comunidad internacional de los delitos más atroces cometidos contra los israelíes.

En respuesta, Israel ha movilizado a más de 300 mil reservistas, ha sido acusado de recurrir a armas de fósforo blanco y ha podido observar el apoyo de su aliado incondicional, los Estados Unidos, que ha movilizado un segundo portaaviones al Mediterráneo y ha asegurado que Israel tendrá todo lo que necesite para defenderse.

Israel declaró la ofensiva total. La respuesta, que debería tener objetivos militares, se ha materializado también en el corte del suministro de agua, comida y electricidad. El ejército israelí ha atacado infraestructuras civiles, causando la muerte de miles de palestinos y el colapso del sistema de salud en Gaza.

” Las respuestas de un Estado se deben ceñir a medidas que afecten lo menos posible a la población
civil.“

Tras la escalada militar de la operación Espadas de Hierro, Israel advirtió a la población de Gaza que tenía 24 horas para abandonar el norte de la franja, mientras la comunidad internacional observaba el avance de la ofensiva y continúa con el temor de que se abra otro frente a manos de Hezbolá desde la frontera con el Líbano. Hasta el momento, más de la mitad de la población del norte de Gaza ha abandonado sus hogares por miedo a los bombardeos.

Una guerra asimétrica.

Ante estos hechos, ¿qué debe exigir la comunidad internacional a Israel que, como Estado soberano, ha recurrido a una respuesta nunca vista para asegurar la supervivencia del Estado en línea con su responsabilidad primordial de proteger a su población? ¿Cómo debe responder un Estado cuando el agresor no respeta los derechos humanos más básicos y arremete contra la población civil de manera
generalizada y sistemática?

Estamos una vez más ante una realidad poco abordada desde el derecho internacional: los conflictos asimétricos, donde los actores no son únicamente los Estados y el agresor, como en este caso, no ostenta el reconocimiento internacional. Eso implica que no se adscribe a las normas básicas del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos en situación de conflicto.

Mas allá de la legítima defensa de un Estado que le es debida considerando que su soberanía deriva indiscutiblemente –entre otros factores– de su capacidad de proteger a su población, sus acciones defensivas también deben guiarse por la proporcionalidad y el respeto al derecho internacional humanitario que le es vinculante. Pero ¿cuál es el límite cuando el agresor no se ciñe a estos límites y tampoco tiene la intención de ceñirse a ellos?

Encontramos un espacio gris entre, por un lado, los límites infranqueables y debidos a los Estados, que les obligan a respetar el derecho internacional humanitario, y, por otro lado, un agresor cuyas acciones no se van a ver limitadas por el espectro de medidas no coercitivas desarrolladas a lo largo de los últimos años para poner fin a la barbarie. 

Cuando delitos atroces son cometidos por grupos terroristas, el comportamiento del agresor es impredecible y conlleva vulneraciones que van en contra de la dignidad humana.

El peligro de equiparar a Hamás con toda la población de Gaza.

No obstante, una respuesta que equipara a Hamás con la población de Gaza debe ser cuestionada por la comunidad internacional. El bloqueo total de una población y el presunto uso de armas prohibidas por parte de un Estado es contrario al derecho internacional humanitario. 

Hay que dejar claro que el ataque a civiles y a su infraestructura, limitar los servicios básicos, así como causar hambruna, puede constituir delitos de lesa humanidad. Las respuestas de un Estado se deben ceñir a medidas que afecten lo menos posible a la población civil.

La ofensiva de Israel debe tener como objetivo a los responsables de la comisión de delitos atroces y no a los civiles. Es imperante el establecimiento de corredores humanitarios para permitir la salida de la población civil de la franja de Gaza.

Universidad de Navarra
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COLUMNAS

Un compromiso renovado con el futuro de Guatemala

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CONJUVE
www.conjuve.gob.gt

El Consejo Nacional de la Juventud (Conjuve) se embarca en un nuevo capítulo, comprometido con el empoderamiento de los jóvenes y su participación activa en la construcción del futuro de Guatemala. Como entidad asesora de la Presidencia, nuestro objetivo es claro: transformar vidas e impulsar el desarrollo, consolidándonos como líderes en la definición de estrategias y políticas juveniles.

Los desafíos son notables, pero también emocionantes. Nos enfrentamos a la tarea fundamental de fortalecer nuestras bases internas, evaluando objetivamente nuestra estructura y funcionamiento. A través de un diagnóstico del personal, identificaremos áreas de mejora y optimizaremos nuestros recursos para maximizar nuestro impacto en los más de 6 millones de jóvenes guatemaltecos.

Esta semana, Conjuve presentó la planificación para los primeros 100 días de gobierno, en la cual se destaca el fortalecimiento institucional de la entidad para su mejor y óptimo funcionamiento, así como la implementación de una estrategia de comunicación social efectiva que será esencial para conectar con cada rincón del país y fomentar una participación activa.

¡Gracias por acompañarnos en este compromiso renovado con el futuro de nuestra nación!

Otro aspecto importante es mejorar las relaciones interinstitucionales a través de un diagnóstico situacional, identificaremos alianzas operativas en el ámbito nacional, departamental y municipal, priorizando la firma de convenios de colaboración para fortalecer el apoyo a las juventudes, así como el lanzamiento de un diplomado de liderazgo juvenil.

Una de las acciones más significativas es la aprobación de la Política Nacional de la Juventud, la cual es una herramienta que orienta a corto, mediano y largo plazo las líneas estratégicas de atención, trabajo e inversión del Estado en materia de juventud, para dotarlos de capacidades y oportunidades que lo acerquen al desarrollo integral, reduciendo la brecha de desigualdades sociales y económicas Marzo y abril marcan un período crucial para fortalecer la institución y avanzar hacia un futuro donde la juventud sea el motor de nuestro desarrollo.

Trabajaremos incansablemente por la transparencia, eficiencia y eficacia en todas las operaciones, asegurando que Conjuve sea un espacio abierto, inclusivo y respetuoso.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Europa y el mundo necesitan que Ucrania prevalezca

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Dmytro Kuleba
Ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania
Josep Borrell
Alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores
y Política de Seguridad y vicepresidente de la Comisión Europea.

El 24 de febrero de 2022, cuando Rusia introdujo cientos de miles de tropas en Ucrania, marcó el inicio de un gran terremoto geopolítico. Durante dos años, Europa ha vivido la cruda realidad de la mayor guerra de agresión del continente desde la Segunda Guerra Mundial, con atrocidades generalizadas y horripilantes. Lo que está haciendo Rusia es un ejemplo clásico de agresión imperial y colonial al estilo del siglo XIX.

Ucrania está soportando lo que muchos otros países han sufrido cruelmente en el pasado. Para Rusia, esta guerra nunca ha tenido que ver con la neutralidad de Ucrania, la ampliación de la OTAN, la protección de los rusoparlantes ni ningún otro pretexto inventado. El presidente ruso, Vladimir Putin, ha afirmado en repetidas ocasiones que Ucrania no existe como nación y que la identidad ucraniana es artificial.

La guerra consiste únicamente en aniquilar un país independiente, conquistar tierras y restablecer el dominio sobre un pueblo que decidió ser dueño de su propio destino. La ambición imperial de Rusia es sin duda familiar para muchas naciones de todo el mundo que anteriormente estuvieron sometidas al dominio colonial y a la opresión. Las consecuencias de la agresión rusa contra Ucrania se han dejado sentir mucho más allá de Europa.

La guerra ha afectado a la seguridad alimentaria y a los precios de la energía, y ha ido acompañada de campañas masivas de desinformación y desestabilización política. Estas ondas de choque han sido verdaderamente globales. Putin está dando paso a un mundo cada vez más transaccional.

Esta fórmula es la única propuesta de paz seria que hay sobre la mesa, y pedimos a todos los países comprometidos con la paz que se unan a nosotros para ponerla en práctica.

Ha desplegado el Grupo Wagner en África, ha desestabilizado otros países mediante golpes de Estado y ha ejercido la coerción económica mediante la amenaza del hambre, ofreciendo grano que él mismo ha hecho escasear quemando sistemáticamente campos en Ucrania, atacando infraestructuras de almacenamiento y bloqueando importantes rutas marítimas de exportación. Así pues, la guerra y sus consecuencias afectan a todos los países. Si Rusia se impusiera, enviaría un mensaje muy peligroso de que “la fuerza da la razón”.

Todas las potencias agresivas del mundo se verían tentadas a seguir los pasos de Rusia. Si al final la agresión es rentable, ¿por qué no iban a actuar en consecuencia todos los que tienen reclamaciones territoriales contra sus vecinos? Por eso a muchos países asiáticos, africanos y latinoamericanos les interesa que Ucrania gane la guerra.

En última instancia, esta guerra no es de “Occidente contra el resto”. Apoyar a Ucrania no es ser “prooccidental”. Se trata de rechazar la guerra y el terror. Se trata de defender el principio de unas relaciones internacionales basadas en el respeto mutuo, y de apoyar el derecho de los ucranianos a la seguridad y la libertad.

Ucrania y la Unión Europea comparten una visión de las relaciones internacionales en el siglo XXI que es exactamente opuesta a la de la Rusia de Putin. Nuestra visión se basa en el derecho internacional, el respeto y el beneficio mutuo, en lugar de la coacción, el soborno y el miedo. Nadie tiene más interés que nosotros en poner fin rápidamente a esta guerra y devolver la paz a nuestro continente.

Para lograrlo, Ucrania ha propuesto una fórmula de paz de diez puntos que la UE apoya plenamente que no solo prevé el fin de las hostilidades, sino que también incluye propuestas para reforzar la seguridad alimentaria, la seguridad nuclear, la protección del medioambiente, la seguridad energética, la justicia internacional, los derechos humanos y el respeto de la Carta de las Naciones Unidas.

Esta fórmula es la única propuesta de paz sería que hay sobre la mesa, y pedimos a todos los países comprometidos con la paz que se unan a nosotros para ponerla en práctica. Ucrania está organizando actualmente en Suiza una Cumbre Mundial por la Paz, y la UE apoya activamente este proceso. Líderes de todo el mundo trabajarán para llegar a un acuerdo sobre una visión común de una paz justa en Ucrania basada en la Carta de las Naciones Unidas.

A continuación, se presentará a Rusia esta posición consolidada que representa a la mayoría mundial, sin dejarle otra opción que comprometerse de buena fe. Cuando la guerra entra en su tercer año, nuestro mensaje es de resistencia frente a la agresión y el terror. No podemos permitir y no permitiremos que se recompense la agresión en el siglo XXI; por el contrario, nos movilizaremos contra ella. La única manera de lograr una paz justa es redoblar el apoyo a Ucrania.

La UE ha hecho exactamente eso en los últimos meses, y está dispuesta a aumentar aún más la ayuda en 2024. Nuestro objetivo común es garantizar que Ucrania pueda cambiar el curso de la guerra a su favor para que pueda alcanzarse una paz justa lo antes posible. El apoyo del mundo es crucial para lograr este resultado. A todos nos interesa que se respete el derecho internacional y que la cooperación sea la máxima prioridad. No debe haber un retorno al oscuro pasado de la agresión militar, el imperialismo y el colonialismo, ni en Europa ni en ninguna otra región. Copyright de Project Syndicate.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

La luz del estándar

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Frank Gálvez
Locutor y Periodista
[email protected]

Increíblemente, la mayoría de la gente nunca sabe o entiende exactamente qué es tener estándares. No solo se trata de la correspondencia entre durabilidad y calidad de los objetos materiales o de modelos estéticos, sino también en el concepto de los niveles que atesoramos reflejados en nuestras relaciones familiares, amorosas, laborales e incluso en nuestras amistades.

Los estándares sirven como principios rectores que dan forma a nuestras elecciones, comportamientos y, en última instancia, a la existencia misma. Son puntos de referencia que reflejan valores, aspiraciones y límites, que, aunque se puedan percibir como restrictivos, de hecho, son la piedra angular del crecimiento personal, ya que increíblemente olvidamos con frecuencia que siempre merecemos algo mejor.

Tener normas en la vida cultiva el respeto por uno mismo. Cuando nos adherimos a estándares, creamos una base sólida para el desarrollo y la resiliencia frente a los desafíos. Si nos fijamos altas expectativas, vamos más allá de nuestra zona de confort y nos esforzaremos por mejorar continuamente, fomentando el crecimiento propio. Esto nos motiva a buscar la excelencia y alcanzar el máximo potencial, pues al aspirar a la grandeza, inspiramos a otros y contribuimos positivamente a la sociedad.

“El desafío máximo es superar los elevados estándares que tú mismo te has impuesto” (Dimple Kapadia).

Paralelamente nos sirve como filtro para las interacciones diarias. Instaurar límites y expectativas nos protege de la toxicidad y la manipulación; toda relación saludable se basa en el respeto, la confianza y la empatía mutuas, que solo prosperan cuando ambas partes mantienen pautas similares. Por el contrario, comprometer nuestros estándares a menudo genera insatisfacción y rencor, desgastando las relaciones cercanas.

En conclusión, tener estándares en la vida es fundamental para la realización del ser humano. Sin embargo, es esencial lograr un equilibrio al establecerlos. Es crucial ser flexibles y compasivos con nosotros mismos, reconociendo que el crecimiento es un viaje marcado tanto por éxitos como por reveses. Al definir valores y límites, junto a un esfuerzo honesto por alcanzar la excelencia, creamos un mapa con destino al éxito.

A medida que navegamos por los desafíos y oportunidades de la vida, nuestros estándares sirven como faro, iluminando el camino hacia una existencia auténtica y con propósito. Como dijo la chef británica April Bloomfield: “Todavía me preocupa poder ser mejor. De ahí vienen los estándares, del no conformarse. El miedo a no ser lo suficientemente bueno te impulsa siempre”.

Frank Gálvez
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