Guatemala y la historia de sus traidores

La traición a Guatemala principió desde que se proclamó su independencia.

Hace 202 años, el 3 de mayo de 1814, se suscribió el Tratado de Lircay entre el Gobierno de Chile y el ejército realista dirigido por Gabino Gaínza. El acuerdo permitió un cese breve de las hostilidades. Los patriotas chilenos tuvieron que reafirmar su lealtad al rey Fernando VII. Los sublevados se comprometieron a retroceder sus tropas. Este fue uno de los varios actos fallidos del brigadier Gabino Gaínza y Fernández de Medrano (1753-1829). Primero luchó en nombre del rey. Después se convirtió en presidente de la Junta Provisional Consultiva que proclamó la independencia de Guatemala.

Gaínza desembarcó en Chile el 31 de enero de 1814 para reavivar la lucha realista contra los patriotas. No cumplió los términos del Tratado de Lircay y fue destituido por el virrey José Fernando de Abascal, quien lo sometió a corte marcial. Gaínza fue absuelto en 1816, pero su reputación en el ejército estaba fuertemente dañada. En 1821 fue llamado a ejercer el puesto de jefe político superior de la provincia de Guatemala, nombramiento que fue protestado por el nuevo virrey de Perú, Joaquín de la Pezuela.

A diferencia de los otros procesos de emancipación política, en Guatemala el movimiento no fue una gesta, ni fue encabezada por héroes. Al frente estuvo un traidor, quien le dio la espalda al rey de España. El 25 de febrero de 1821, Gaínza ordenó que se tomara el juramento de adhesión al Imperio de México y después pidió el envío de las tropas mexicanas, que al mando de Vicente Filisola llegaron a la ciudad de Guatemala, el 12 de junio de 1821.

Nos quejamos de que en Guatemala no hay nacionalismo. Esta falta de identidad es resultado de no sentirnos orgullosos y orgullosas de un invento de las élites, llamada Guatemala. Para frenar el descontento entre los militares que después desembocó en el enfrentamiento armado interno, en los años sesenta del siglo pasado hubo un llamado al nacionalismo con la recuperación de Belice. Se fomentó la lealtad hacia una patria indefinida. Así surgió la leyenda de Tecún Umán, quien comandó las tropas que enfrentaron a los españoles en el Valle de Olintepeque, en Quetzaltenango. Un símbolo militar de resistencia frente a los invasores.

La misma iconografía no contribuyó a percibirlo como un guerrero que defendió una soberanía difusa. Basta observar el quietismo del Tecún Umán, estatua de Roberto González Goyri, que nos vigila desde la entrada a La Aurora. Ese centinela pasivo contrasta con el desafiante capitán K’iche esculpido por Rodolfo Galeotti Torres, apostado en la entrada a Xelajú.


Marco Vinicio Mejía