Ya era tiempo de que las aspiraciones y necesidades sociales se alinearan a las políticas públicas. Que los funcionarios pensaran en el beneficio de quienes más lo necesitan y no en el propio. Llegó la hora de atender los derechos primarios de un pueblo acostumbrado al desprecio, a ser explotado.
Vaya si no pasó tiempo. Debieron transcurrir 94 años. Sí, casi un siglo, para que el Estado diera vida, con seriedad y honradez, a un programa que permita a algunos guatemaltecos comprar su primera vivienda. Obtener el refugio familiar que, tal vez, fue el anhelo imposible de nuestros padres, abuelos y bisabuelos.
Porque, parafraseando lo expresado por el presidente Bernardo Arévalo, durante el acto en el que el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) oficializó la entrega de 250 millones de quetzales para el fondo de vivienda, las residencias son más que cuatro paredes. Son la cuna de sueños y realidades. La satisfacción del deber cumplido y el albergue donde crecerán los hijos y nietos.
Similares sensaciones se registraron en Senahú, Alta Verapaz, donde el jefe de Estado participó en el acto de entrega de los primeros 50 mil aportes del Bono Único, que desembolsará 1 mil quetzales a 100 mil guatemaltecos, de 21 de los 22 departamentos del país. Asistencia que pretende financiar necesidades sentidas y elementales.
La entrega implica la posibilidad de llevar alimentos a la mesa o, como lo describe doña Julia Chu Caal en esta edición del Diario de Centro América, un rayo de esperanza ante la incertidumbre que causa la pobreza. El no tener qué comer.
Es imposible resolver los problemas más sentidos de los connacionales, los que, en buena medida, son producto de gobernantes corruptos, que hoy se saben intocables e impunes. Pero sí es posible comenzar. Trazar el rumbo que devuelva la esperanza. La ilusión. La vida misma.
Cuando concluya 2024, 350 familias tendrán un hogar dónde jugar con sus hijos. El Ejecutivo proyecta que en 2025 los beneficiados lleguen a 3 mil 500 y, al término de esta gestión, 10 mil compatriotas se conviertan en propietarios. Es cuestión de tiempo, de devolver los fondos públicos a los más necesitados. Todo pasa por satisfacer los sueños, esperanzas e ilusiones perdidas. Robadas e ignoradas.











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