Texto y Fotos: Mario León
El Gifiti es una bebida tradicional de la cultura garífuna, el grupo étnico afrodescendiente que habita en la costa caribeña de Guatemala, Honduras, Nicaragua y Belice, aunque su elaboración y consumo se concentra en Lívingston, Izabal, un municipio ubicado en la desembocadura del paradisíaco río Dulce, en el mar Caribe.
Origen e historia
La bebida se elabora a partir de la fermentación de 38 tipos de raíces, además de anís Picraena excelsa, manzanilla, pericón, pimienta gorda, clavo de olor y una variedad de ramas, flores y semillas, lo que le confiere un sabor único, muy amargo, de donde proviene su nombre.
Aunque el proceso artesanal varía de una familia a otra, cada una agrega sus propios toques, pero todas las recetas incluyen cortezas de árboles, zarzaparrilla, coco, piña, tamarindo y alcohol, que puede ser ron o aguardiente, se deja reposar durante semanas, o incluso meses, en recipientes de madera o barro, según la tradición oral.

No se trata solo una bebida alcohólica, es también un elemento cultural que forma parte de la identidad de su pueblo y la conexión con los antepasados; se bebe en diversas celebraciones y rituales. Además, cada año gana popularidad entre los turistas que visitan Lívingston, quienes disfrutan su sabor exótico.
Es a la vez, para el pueblo garífuna, una bebida medicinal, por lo que existe la versión sin alcohol, especial para personas con diabetes, elaborada con agua y 27 tipos de hierbas, que además alivia dolores de cabeza, estomacales, presión alta o baja, como explica Carlos Flores, un referente dentro de la comunidad garífuna.











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