El teatro es una plataforma que revela las condiciones humanas, el lugar para contar las historias ignoradas y crear reflexiones. La depravación queda detallada en Réquiem para dos pervertidos y una muñeca de trapo, la tercera adaptación que Luiz Tuchán hace del texto Fando y Lis, del dramaturgo español Fernando Arrabal. Intérnese en la trama los miércoles y jueves, de hoy al 1 de junio, a las 19:00 en el Teatro Dick Smith del Instituto Guatemalteco Americano, ruta 1, 4-05, zona 4. Costo Q100.
Adaptación
Réquiem para dos pervertidos y una muñeca de trapo se desprende de la obra de Fernando Arrabal para abordar la depravación humana. En la historia original existen cinco personajes: los actores Lis y Fando, y los tres hombres del paraguas. Sin embargo, en esta metáfora solo aparecen Namito (Tuchán) y Fando (Brayan Medina).
En la trama, Lis es sustituida por una muñeca de trapo que se acompaña de una lechuza. Estas dos figuras, que son una creación mental de los protagonistas, se convierten en claves para representar los altos valores humanos e intelectuales, como el equilibrio y la sabiduría, que Fando perdió al pervertirse.
Sin discusiones
La puesta en escena no pretende crear discusiones o sembrar un mensaje en los espectadores. Tuchán considera el teatro como una herramienta de autoconocimiento para lograr que las personas tomen la decisión de reconstruirse: “No es el correo para entregar mensajes, no es un púlpito para predicar valores y no es escuela para enseñar lecciones. Simplemente es un espejo en el que la sociedad ve su realidad. Muestra evidencias de los estados humanos que se deben reconocer y concientizar para promover su evolución”.
Una visión diferente de Arrabal
La primera vez que Tuchán realizó una representación escénica basada en el texto de Arrabal fue en 1973, con una exhibición de la relación sadomasoquista de una pareja. En 1988, una segunda lectura le dio al actor la visión de estrenar La ardiente pasión del silencio, que giraba en torno a la soledad. Con cada una de sus creaciones, el artista ofrece una postura distinta a la del dramaturgo, mas no contraria: “Mis metáforas son las posibilidades que mis ojos han descubierto en el relato de este famoso autor, y que él mismo no vio”.











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