La Virgen de los Pobres, venerada en el templo de San Francisco, es una de las imágenes marianas más antiguas y significativas del país. Su reconocimiento se ha recuperado, tanto por su valor devocional como por la relevancia histórica ante la popularidad de aquellas típicas de la Semana Santa.
Sus orígenes
Según el historiador Aníbal Chajón, se sitúa su origen entre 1544 y 1556, período que coincide con la consolidación del primer convento franciscano. La escultura responde a un modelo manierista y presenta, a los pies de la Virgen de la Concepción, las figuras de San Francisco y un ángel, lo que confirma su temprana datación.
“Por contar con dos tallas incorporadas en la escultura, sí corresponde al siglo XVI”, explicó Chajón, quien subrayó que esta característica la distingue de otras imágenes marianas posteriores.
Gonzalo Mejía —investigador que recopiló las diferentes imágenes del templo de San Francisco— narró que pese a la precariedad de recursos, fray Gonzalo Méndez logró que un bienhechor la mandara esculpir por su cuenta, lo que la convertiría en la primera escultura de la que se tiene certeza fue hecha localmente.
La obra estaba destinada al altar mayor de Ciudad Vieja, mientras se aguardaba la llegada de otras imágenes. Sin embargo, antes de que saliera del taller, arribaron unas enviadas por el rey. Por lo tanto, quedó desplazada, situación que provocó su resguardo en una casa particular.
Allí se sitúa uno de los episodios más conocidos, descrito por fray Francisco Vázquez, un supuesto milagro ocurrido cuando una carta calumniosa, colocada en manos de la Virgen, apareció en blanco. Se le erigió un altar especial.
Desde entonces, se le veneró con el título de Nuestra Señora de los Pobres, nombre que, como explicó Chajón, se escogió para diferenciarla de otras efigies. Su festividad quedó fijada para el segundo domingo de enero.

Encarcelada
Crónicas antigüeñas recuerdan que en 1717, erupciones volcánicas y temblores afectaron la ciudad. Como era costumbre, sacaron una advocación en procesión para pedir cese de desastres.
Según relata Agustín Mencos Franco, un autor de Crónicas de La Antigua Guatemala, surgió un conflicto entre autoridades y órdenes religiosas, sumado a los roces entre el obispo Juan Álvarez de Toledo y el capitán general Francisco Rodríguez de Rivas. Mientras Rodríguez y los dominicos proponían la del Rosario, Álvarez y los franciscanos defendían a la de los Pobres.
Finalmente, se impuso esta última y se realizó una procesión penitencial en medio de los escombros. Pero, dando las 21:00 horas y con el resentimiento aún vivo, el capitán mandó redoblar la guardia y cerca del barrio de San Sebastián deshizo el cortejo bajo excusa de una cédula real que prohibía estos actos a ciertas horas de la noche.
El enfrentamiento dejó detenidos, entre ellos la Virgen que pasó la noche en prisión. José Barillas, sacerdote e historiador, explicó que debido a ello el Presidente de la Real Audiencia luego la juraría como Patrona de Armas del Reino de Guatemala, en deseos de reparar lo sucedido.
Intervenciones artísticas
En el siglo XIX se modificó su anatomía para darle mayor altura, y parte del entallado para vestirla mejor, se le cambiaron los ojos y el rostro. “La Virgen fue alterada, acomodándola a los gustos de la época”, señaló Chajón. Bajo las vestiduras aún se conserva buena parte del tallado original. Este proceso se revirtió parcialmente en 2024, cuando concluyó una restauración que permitió recuperar una versión más cercana a la propuesta original.












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