Encontrar el Salón de Ensayos I no es tarea sencilla, pero perderse un poco en el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias es un lujo. El edificio, imponente y a la vez íntimo en sus rincones menos transitados, es el punto de partida para un viaje distinto: la búsqueda del elenco que dará vida a El tren amarillo, de Manuel Galich.
En el exterior, una fila de unas diez personas aguarda su turno. Mientras completan la ficha de información, intercambian miradas que combinan nervios, expectativa y el deseo de impresionar lo suficiente para que su hoja llegue a manos del director.
No es cualquier obra: escrita en 1950, El tren amarillo es una pieza clave del teatro político guatemalteco, que denuncia la explotación en las fincas bananeras y la injerencia de la United Fruit Company. El tren, en la ficción y en la historia, transporta tanto bananos como miseria, violencia y despojo.
Dentro del salón, una cinta amarilla en el piso delimita el espacio escénico. Allí, los aspirantes reciben de manos del director un guion con escenas específicas, instrucciones sobre el carácter del personaje y, en algunos casos, acentos que den forma a la voz. Bracamonte, el canche Menjívar, Mistress Whip, Joe… nombres que empiezan a poblar el espacio imaginario de la obra mientras las voces se elevan, los gestos buscan encarnar vidas ajenas y los cuerpos se mueven probando el peso de cada
emoción.
Afuera, los que esperan escuchan fragmentos de diálogos y pasos apresurados, intentando descifrar qué busca el director. Adentro, se empieza a tejer la trama que, dentro de unos meses, volverá a poner sobre el escenario la historia de un país enfrentado a la injusticia y la resistencia. Hay risas nerviosas, silencios densos y aplausos tímidos que se cuelan por las paredes.
En esas horas de audición, la obra no es todavía un montaje, pero ya es un territorio compartido: un punto de encuentro entre ficción y memoria, donde las voces de hoy ensayan para revivir las de ayer, y recordar que hay historias que nunca deben dejar de contarse.











Deja un comentario