El valor social de la timidez

La timidez, aunque no es una enfermedad, puede evolucionar hacia un comportamiento patológico.

Diversos estudios recientes concluyen que uno de los grupos sociales más poblado es el de los tímidos, hasta el punto de que todos seríamos tímidos en algún grado y en ciertas situaciones, como, por ejemplo, hablar en público, ser entrevistado, pedir una hoja de reclamaciones o solicitar un aumento de sueldo.

Cuesta entender esa proliferación de tímidos, porque no se corresponde con la osadía que se le suele atribuir al hombre de hoy. Pero tras rascar un poco en la máscara que cubre el rostro del osado se aprecia el rictus de miedo típico de la persona insegura. El excesivo atrevimiento es muchas veces un disfraz del sentimiento de inferioridad; es la conducta de los “tímidos descarados”.

La sociedad ha reprobado siempre a los tímidos, mientras que premiaba a los muy sociales y decididos, como se ve en las ofertas habituales de empleo: “Se buscan personas extrovertidas”. Últimamente ese criterio está cambiando. A la timidez moderada se le atribuye un valor social frente a la cultura del atrevimiento, del exhibicionismo y del espectáculo. Se aspira a una sociedad celosa de la intimidad y del retraimiento en las formas.

Los tímidos moderados suelen tener una personalidad más profunda y mayor fortaleza frente a las adversidades que la de las personas muy atrevidas. Además se autoconocen mejor, ya que pasan más tiempo consigo mismos. Esa actitud favorece la capacidad de escucha y, por tanto, la posibilidad de tener amigos. El tímido suele hablar bajito, lo que suscita que otras personas se interesen más por lo que dice y desarrollen la capacidad de escuchar. Del mismo modo, su posible tartamudeo incita a los demás a completar sus frases inacabadas.

La timidez es un sentimiento de inseguridad y ansiedad que sufre una persona por miedo a ser juzgada de forma negativa. Aunque no es una enfermedad, puede evolucionar hacia comportamientos de tipo patológico. Cuando se convierte en un problema grave que limita la calidad de vida se transforma en fobia social, un trastorno que requiere tratamiento psicológico.

¿El tímido nace o se hace? Algunos nacen y otros se hacen. Lo más frecuente es el binomio de los dos factores.

Redacción DCA