Los problemas históricos del régimen penitenciario latinoamericano, permiten que la estadía en las cárceles sea de todo, menos rehabilitadora.
Sabemos que el hacinamiento es solo una de las tantas dificultades que sufre el sistema penitenciario, no solo en Guatemala, sino en toda América Latina. La capacidad para lo que fueron creadas las cárceles ha sido rebasada en más de un 300 por ciento en algunos países, dificultando el tratamiento, control y rehabilitación de los reos.
El reporte Economic perspectives on Incarceration and the criminal justice system elaborado por el Gobierno de Estados Unidos, destaca que de 1995 al 2012 la tasa de presos por 100 mil habitantes pasó de 101 a 218; en menos de 20 años la cantidad de personas privadas de libertad se duplicó. De la mano con el crecimiento del número de reos, ha aumentado la cifra de delitos contra la vida; pasando de una tasa promedio de 13 homicidios a nivel continental, a una de 26 hechos de esa naturaleza.
Si observamos los dos datos, vemos que existe una relación en el aumento de privados de libertad y el incremento de muertes violentas. Se supone que esto debería funcionar al revés; es decir, el actor ilícito debería pensar dos veces para cometer un delito con solo el hecho de saber que le espera la cárcel, especialmente por las condiciones en las que se encuentran. Esto demuestra que la prisión no puede ser llamada una medida disuasoria, porque no cumple el cometido de desmotivar al delincuente; más bien, parece que alimenta su lado criminal.
¿Y si se aumentan las penas? El estudio establece que existe un lapso de disuasión, y este puede funcionar por dos vías: la primera, la disuasión por el miedo, cuando se deben cumplir penas mayores y cuando existe alta probabilidad de ser capturado e ingresado a una cárcel, en otras palabras, bajos índices de impunidad. La segunda vía, toma curso cuando existe disuasión por experiencia propia de haber sido encarcelado con anterioridad; sin embargo, en los países latinoamericanos esto es casi nulo, porque los problemas históricos del régimen penitenciario permiten que la estadía en las cárceles sea todo menos rehabilitadora.
En la actualidad, no existen estudios que aseguren a plenitud lo que desmotiva a un actor ilícito a ser reincidente. Lo que sí se puede determinar, es que dentro del sistema penitenciario latinoamericano persisten factores que nutren la violencia, cuyo abordaje sigue incluido en los desafíos de la agenda de seguridad.











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