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COLUMNAS

El informe de las Naciones Unidas en Guatemala

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Miguel Barreto, Representante del Secretario General y Coordinador Residente, Sistema de las Naciones Unidas en Guatemala
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El Sistema de las Naciones Unidas en Guatemala tuvo el honor de presentar el pasado 28 de mayo el Informe Anual de Resultados 2023. Este documento resume el trabajo de 24 agencias, fondos, programas y organismos especializados para acompañar al Estado y la sociedad de Guatemala en sus prioridades nacionales de desarrollo.

Este informe es un ejercicio de rendición de cuentas, que se hace en cerca 160 países en donde la ONU tiene presencia. Es la forma principal de reportar a cada Estado y a la cooperación internacional, sobre los resultados alcanzados durante un año de trabajo, teniendo presente que debe seguir una lógica de seguimiento, evaluación y mejora continua.

Esta semana presentamos el Informe Anual de Resultados 2023. En camino hacia la cumbre del futuro.

En tal sentido, nuestro instrumento principal de planificación es el Marco Estratégico de Cooperación firmado con Guatemala, el cual toma como base un Análisis Común de País que hacemos con periodicidad, y se alimenta de talleres de consultas multisectoriales, reuniones periódicas de seguimiento con las diferentes contrapartes y un diálogo constante con el Gobierno para asegurar coherencia con las prioridades nacionales. En unos meses iniciaremos con un nuevo proceso, debido a que el Marco actual concluye en el 2025 y de allí pasamos a otros cinco años de cooperación que se iniciará en enero de 2026.

En 2023, trabajamos con 42 contrapartes gubernamentales, incluyendo gobiernos locales, por medio de 12 programas conjuntos y decenas de proyectos que tuvieron una ejecución total que asciende a 135 millones de dólares, provenientes de la cooperación internacional.

Resaltamos el generoso aporte de por lo menos 12 países y cinco fondos globales, así como diversos mecanismos de financiamiento. Y por supuesto agradecemos la confianza de instituciones del Estado al permitirnos ejecutar 91 millones de dólares provenientes de recursos públicos, los cuales podrían incrementarse en los próximos años.

Asimismo, se han aportado 45 millones de dólares en apoyo a personas en emergencia. De manera que el monto global de la ejecución suma 271 millones de dólares.

Nuestro trabajo también nos permite un seguimiento a los avances de las 169 metas que tienen los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Nuestros aportes al desarrollo sostenible están alineados con ese compromiso global con la Agenda 2030, el cual fue avalado por el Estado de Guatemala en septiembre de 2015.

Este informe también es congruente con la política general del gobierno actual. Hemos encontrado un gran número de puntos coincidentes de esa política y nuestro Marco de Cooperación, por lo que saludamos iniciativas como el Registro Social de Hogares para identificar a los más vulnerables, Mano a mano la cual, a través de un modelo intersectorial y participativo, agiliza acciones para combatir la pobreza y la malnutrición.

También, vemos una acción muy valiosa en la construcción y mejora de los caminos rurales en el marco del programa Avenidas para el buen vivir, con un enfoque de mejora de la productividad, propiciando mejores accesos a mercados.

Todo lo que hemos hecho representa para nosotros un motivo de alta satisfacción, agradecimiento por su confianza y un compromiso para que cada niña, niño, adolescente, mujeres, pueblos indígenas y población en vulnerabilidad pueda transitar por un camino allanado y que pronto pueda alcanzar la cumbre del futuro.

Hacemos patente nuestro agradecimiento a nuestros donantes y al Estado guatemalteco, al sector privado y a la sociedad civil por seguir confiando en un Sistema de las Naciones Unidas que procura hacer realidad el ideal de no dejar a nadie atrás.

El Informe Anual de Resultados de las Naciones Unidas ya está disponible en nuestro sitio web Guatemala.un.org. El camino a la cumbre del futuro en septiembre próximo está lleno de subidas y bajadas, pero nos esforzaremos que sea como la descripción del Popol Vuh: “… buenos caminos, hermosos caminos planos”.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Si todo es un trastorno mental, nada lo es (I)

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Patricio Ramírez Azócar
Docente Bienestar y Salud Concepción

Hace unos 10 años se publicó el libro Si todo es bullying, nada es bullying, un texto donde el psiquiatra infanto-juvenil Sergio Canals proponía una guía para que padres y educadores de niños y adolescentes pudieran distinguir el maltrato verbal, físico, social o psicológico en el contexto escolar, de otras agresiones de menor gravedad.

En un intento por resaltar la importancia de cómo identificar, prevenir, disminuir la frecuencia y aminorar los efectos del bullying, el autor entendía que era clave acotar específicamente a qué se refería el término y aclarar para qué situaciones, que igualmente deben ser atendidas, su uso no aplicaba.

Pero el mayor uso de los conceptos relativos a los trastornos mentales también ha traído consecuencias negativas y que, a juicio de algunos expertos, debe ser considerada una degradación indeseable.

Pensando en otros temas candentes en nuestra sociedad y que se dan en la discusión pública, podríamos mantener la idea expresada en el título de ese libro y aplicarla a muchas cosas como, por ejemplo: si todo es acoso, nada es acoso; si todo es discriminación, nada es discriminación o, como se plantea aquí, si todo es un trastorno mental, nada es un trastorno mental.

Términos como trauma, depresión, ansiedad, trastorno mental o el común, pero inespecífico, problema de salud mental, aparecen no solo en ámbitos clínicos, académicos o asistenciales, sino que también forman parte del diálogo cotidiano de las personas, de titulares de prensa o de cientos de libros de divulgación o autoayuda.

¿Es eso un problema? En principio, no lo es. Es más, a buena hora las sociedades, unas más, otras menos, y sus diferentes actores, se han ocupado de resaltar lo relativo a la salud mental y sus trastornos, y que la preocupación por ellos no esté restringida a psicólogos o psiquiatras, así como que no sea solamente un quehacer en hospitales, clínicas o consultas.

Pero el mayor uso de los conceptos relativos a los trastornos mentales también ha traído consecuencias negativas y que, a juicio de algunos expertos, debe ser considerada una degradación indeseable.

Continuará…

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Bosques de algas pardas en amenaza

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Bernardo Broitman

Profesor Titular FAL

Escuchamos el cambio climático global y se nos viene a la mente calor y sequía. O quizás, con el invierno, algunos términos científicos muy recientes en los matinales: ríos atmosféricos e isoterma cero. 

Esta jerigonza meteorológica y sus coloridos mapas estimulan nuestra imaginación gracias a la capacidad de observar y predecir el ambiente a escala de semanas.  Satélites y supercomputadores permiten adquirir, procesar y asimilar datos ambientales al ritmo de la farándula. Pero aunque Ud. no lo crea, los supercomputadores más poderosos del mundo invierten gran parte de sus horas en modelos para predecir el clima global durante el resto del siglo. Aquí no sirven las respuestas inventadas que escupe chatGTP

Nadie quiere que el cambio climático global lo pille desamparado, la ciencia nos da algunas claves para prepararnos, pero descubrir nuevas formas para disfrutar de forma sustentable del océano es una tarea fundamentalmente colectiva.

Estas máquinas calculan representaciones sobre cómo el  mar “mueve” a la atmósfera y viceversa, en el espacio y a través del tiempo. Un mundo de  supercomputadoras y grupos científicos que las manejan, repartidos alrededor del planeta, donde se consensúan escenarios climáticos para inferir qué va a pasar en el futuro en nuestro medio ambiente.

Se pronostican importantes cambios en nuestros ecosistemas costeros durante las próximas décadas. Las bajas temperaturas de esta orilla del océano Pacífico –la corriente de Humboldt, desde Chiloé hasta Perú se deben a que esas aguas han estado a mucha profundidad –y en la oscuridad– por mucho tiempo.

El viento ayuda a que suban a la superficie y entreguen sus nutrientes a las algas y microalgas quienes, usando la luz del sol para crecer, alimentan la enorme productividad y diversidad de nuestros ecosistemas costeros.

Tres estudios recientes, utilizando los escenarios climáticos más refinados, nos alertan de que hacia mediados de siglo el norte de Chile y el sur de Perú van a experimentar eventos ambientales extremos olas de calor marinas y supresión de la llegada de nutrientes a la superficie. Dos estudios predicen que estos escenarios climáticos llevarían a la desaparición de un ecosistema emblemático de esa zona: los bosques de algas pardas. 

Otros estudios alertan de que si desaparecen los bosques, se pierde todo lo que el ecosistema que estos albergan: peces, moluscos, otras algas. Los resultados de estos estudios son producto del consenso global de la mejor ciencia que tenemos, hay que tomárselo en serio y pensar qué podemos hacer. La leche ya fue derramada.

Las algas pardas que forman estos bosques, conocidas colectivamente como huiros, son de los ecosistemas más productivos del mundo. Esto permite que su extracción artesanal pueda sustentar un sector económico pujante pero precario, que es una fuente importante de ingresos en tiempos de necesidad. 

Un estudio aún más reciente descubrió un ciclo en esta economía: al disminuir los precios del cobre y aumentar el desempleo, aumenta la presión de cosecha sobre los bosques de algas pardas. ¿Podremos conciliar la protección de un medio ambiente amenazado por su mal uso y el cambio climático, y la legítima aspiración de una fuente de ingreso estable? Una posibilidad es verlo con una perspectiva socioecológica: la sustentabilidad de los bosques depende de la gente que los trabaja, la gente depende del ecosistema para trabajar.

De esta forma, se puede cultivar la capacidad adaptativa del socioecosistema con la flexibilidad de parte de autoridades y comunidades, recursos para asegurar la sustentabilidad de los bosques, organización dentro de las comunidades, conocimientos –nuevos y ancestrales– y finalmente, esa enorme iniciativa que despliegan los que buscan su sustento.

Nadie quiere que el cambio climático global lo pille desamparado, la ciencia nos da algunas claves para prepararnos, pero descubrir nuevas formas para disfrutar de forma sustentable del océano es una tarea fundamentalmente colectiva.

Colaborador DCA
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Enganchar con menos: la televisión se acorta (I)

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Alberto N. García 

Profesor titular de Comunicación Audiovisual y crítico cultural  

Revista Nuestro Tiempo 

Sabemos que hay más series nuevas que lentejas y material de archivo en las plataformas como para morir de viejo ante el televisor. Como el espectador no quiere espicharla, pero tampoco renunciar a la novedad, las cadenas han desarrollado fórmulas para ganarse la atención del público entre una oferta ingente.

Por supuesto, persisten los reclamos de siempre: una estrella rutilante (Nicole Kidman), un creador consolidado (David Simon), una marca fiable (HBO), un universo familiar (la franquicia de Star Wars) o un concepto inédito y sofisticado (El juego del calamar), por citar ganchos antiguos y efectivos. Sin embargo, este artículo se centra en la forma, no en el contenido.

Lo reseñable es la fortaleza que han adquirido ahora, tanto en cantidad como en calidad.

En formatos más frugales en duración, para ser precisos. Si miramos al estándar de la televisión estadounidense, la hegemónica, destaca el cambio con respecto al número de episodios por año. Los nostálgicos con el flamante estuche de El Ala Oeste, 24 o CSI pueden comprobar la extensión habitual: 22 episodios por año durante más de siete temporadas.

El equivalente mainstream en la actualidad podría ser The Crown, una serie popular y longeva creada para Netflix. El drama regio consta de seis temporadas, sí, pero de diez episodios cada una. El ejemplo sirve para constatar la norma: en el streaming es arduo encontrar series de éxito que rebasen esa cifra de capítulos (piense en The Boys, The Mandalorian, Yellowstone o Severance, por citar emblemas de cada plataforma).

Si bajamos un escalón llegaríamos a la pegada que han adquirido las miniseries. Los más talluditos intentarán adelantarse: “Oiga, que yo pedí la liberación de Kunta Kinte y aún sigo emocionándome con la épica militar de la Compañía Easy”. Sí.

Nadie dice que la miniserie sea nueva; así lo atestiguan la tradición de la BBC, donde siempre ha gozado de predicamento, o clásicos como Raíces, La mejor juventud o Hermanos de sangre. Lo reseñable es la fortaleza que han adquirido ahora, tanto en cantidad como en calidad.

Cada cual tendrá sus favoritas: Gambito de dama, Unorthodox, Chernobyl, Mare of Easttown, Watchmen, Devs, La maldición de Hill House, Antidisturbios… Si a uno le recomiendan cualquiera de estas propuestas, sabe que con seis o diez horas de su vida tiene la satisfacción de un relato completo, cerrado. 

                Continuará… 

Colaborador DCA
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