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COLUMNAS

El año en el que a Spielberg le robaron el Oscar (II)

En 2016 dejó a La La Land sin su merecida estatuilla y esta vez le ha quitado el Oscar de las manos a Steven Spielberg.

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Ana Sánchez de la Nieta

Revista Nuestro Tiempo

La historia de una inmigrante china con problemas para hacer la declaración de la renta y que acaba descubriendo una brecha en el multiverso para acceder a sus vidas pasadas encandiló a la crítica y a una gran parte de un público cada vez más reacio a pasar por taquilla si no le ofreces algo diferente. Además, detrás de esta historia tan contemporánea como inverosímil no estaba una major, sino una pequeña productora independiente, de esas que pensamos que existen para distribuir películas de dos personajes con problemas existenciales y preferentemente músicos, que así no gastas en bandas sonoras. Todo a la vez en todas partes, sin embargo, no tenía problema en presentar batallas o, mejor dicho, batallitas multiespaciales, y un sinfín de efectos especiales, muchos de ellos ridículos, pero efectos especiales, al fin y al cabo.

Reconozco que mi interés por la película duró media hora; lo que tarda la protagonista en entrar en el multiverso. Y eso que valoro la propuesta. Hay pasajes ingeniosos e incluso, a ratos, miré con interés y benevolencia su pretendida reflexión sobre la maternidad. Pero no conseguí entrar en una historia de idas y venidas aleatorias. Lo intenté, pero me agotó. Demasiada pirotecnia y muy poquito cine. Por eso, reconozco que me han sorprendido los sucesivos premios a la película, en especial el Oscar. Podría decir que es un tema generacional si no fuera porque la mayoría de los académicos de Hollywood me sacan muchos años. Así que más que una cuestión generacional puede ser un prejuicio generacional. A la Academia de Hollywood se la suele tachar, con razón, de conservadora e inmovilista; de no arriesgar, de premiar siempre lo convencional, el drama sobre la comedia, los grandes estudios sobre las plataformas, los argumentos tradicionales sobre las tramas originales. De vez en cuando, para desafiar esas mismas normas no escritas, innova y rompe y arriesga. Y hay que elogiar el intento rupturista. Pero a veces le sale, como cuando premió Parásitos, en 2019, que además de ser arriesgada y diferente es una magnífica película. Y a veces no, como cuando premió la inane Moonlight, en 2016. Y el problema, entonces, no es tanto lo que premian sino lo que dejan de premiar. En 2016 dejó a La La Land sin su merecida estatuilla y esta vez le ha quitado el Oscar de las manos a Steven Spielberg.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

¡Lengua de Señas, mi identidad!

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Consejo Editorial Conadi

En nuestro país, hay un grupo de personas que por medio de señas, por años han demandado las mismas oportunidades en igualdad de condiciones, como lo indica la Convención de Naciones Unidas Sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, instrumento adoptado por el Estado de Guatemala.

En su articulado hace referencia a los derechos fundamentales de toda persona con esta condición, dentro de estos destaca la igualdad y la no discriminación. Ante ello, el Consejo Nacional para la Atención de las Personas con Discapacidad (Conadi) incidió ante el Congreso de la República la aprobación del Decreto 03-2020, ley que reconoce y aprueba la Lengua de Señas de Guatemala como el medio de comunicación propia de las personas sordas y sordociegas; además, rige el cumplimiento al derecho a la comunicación a través de la inclusión de intérprete de lengua de señas.

Este Decreto también declara el 23 de septiembre como el Día Nacional de la Lengua de Señas, en este 2023, se cumple el tercer año de conmemoración y de promover la inclusión de las personas sordas, que según la Unidad de Lengua de Señas del Conadi viven cerca de 361 mil guatemaltecos con alguna dificultad para escuchar.

En este 2023, se cumple el tercer año de conmemoración y de promover la inclusión de las personas sordas. Cerca de 361 mil guatemaltecos con alguna dificultad para escuchar. 

Para este año, se promueve el lema Lengua de Señas, mi identidadcon el objetivo de resaltar el reconocimiento del uso y fomento de la Lensegua como el idioma oficial de la comunidad sorda.

Como compromiso social, todos y todas deberíamos aprender la lengua de señas para poder comunicarnos con las personas sordas que sin duda también tienen mucho que darnos a conocer. No obstante, mientras aprendemos la lengua de señas, también podemos interesarnos por conocer a esta población que forman parte de la comunidad e informarlos sobre los programas de inclusión. 

El Conadi hace el llamado para que todos nos unamos en apoyar y proteger la identidad lingüística y la diversidad cultural de las personas sordas, y como ente coordinador y asesor en la temática de discapacidad promueve la inclusión de todas las personas con discapacidad en la sociedad.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Equidad y gestión de riesgo a desastres

Publicado

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Ana Leticia Aguilar Theissen

Secretaria Presidencial de la Mujer

[email protected]

Referirse a la gestión de riesgo en un país como Guatemala, con una alta vulnerabilidad y propensión a la manifestación de múltiples amenazas, hace imprescindible iniciar con una reflexión respecto a la gobernanza de la problemática, dados los escenarios y capacidades, que tienen las instituciones públicas en general, de anticiparse, responder y recuperarse. 

El Plan Nacional de Desarrollo K´atun Nuestra Guatemala 2032 plantea una serie de desafíos vinculados con debilidades institucionales, escasez de recursos y capacidades necesarias para abordar la gestión de riesgo en el antes, durante y después de la ocurrencia de un evento natural, socio natural o antrópico.

Al igual que con la equidad, considera la gestión de riesgo como un elemento transversal, que permite construir capacidades de resiliencia en las instituciones y en especial en la sociedad.

El propósito es generar conocimiento, identificar intervenciones y asignar recursos para abordar las causas y efectos de los fenómenos de manera integral, en la lógica que la equidad entre hombres y mujeres, así como la gestión de riesgo, deben ser asumidos como funciones del desarrollo.

El propósito es generar conocimiento, identificar intervenciones y asignar recursos.

Para el Estado y sus instituciones, la incorporación de esta noción en los procesos con los que se conducen el país y el desarrollo representan un enorme desafío en materia de la incorporación de acciones, medidas y normativas en el conjunto de políticas públicas, así como en los procesos institucionales previstos para la planificación, programación, presupuesto e inversión; de manera que las brechas de inequidad se puedan establecer y focalizar de manera cualitativa y cuantitativa, en los instrumentos y mecanismos políticos, técnicos y sociales, para una buena coordinación de las intervenciones públicas.

Ello redundará en la generación de capacidades de resiliencia de las niñas, jóvenes, mujeres adultas y adultas mayores y por su condición de ubicación, cultura y condiciones económicas.

Implica introducir cambios para contar con las mismas opciones y facilidades de acceso al bienestar de todas las personas, reconociendo que las mujeres, adolescentes y niñas rurales o ubicadas en zonas urbano-marginales, indígenas o con algún tipo de discapacidad, son el grupo que presenta mayor vulnerabilidad.

Desde el enfoque de sostenibilidad, promovemos condiciones que le permitan a la sociedad, la familia y las mujeres en particular, el despliegue al máximo de su potencial, propiciando una vida productiva y creativa de acuerdo con sus intereses y necesidades.

Ana Leticia Aguilar
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COLUMNAS

Historia de la comunicación en las organizaciones

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Patricia Orantes Alarcón 

[email protected]

La segunda mitad del siglo XX ha sido, con toda certeza, la etapa en la historia de la humanidad que mayores cambios ha experimentado, tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo, y con profundas repercusiones en la sociedad mundial. El comienzo del nuevo siglo aceleró los cambios y los avances tecnológicos (Rebeil, 2006).

Asimismo, refiere que precisamente al despuntar la segunda mitad del siglo pasado, la comunicación aparece como una disciplina que empieza a ser tomada en cuenta en las organizaciones, aunque de forma muy incipiente, ya que sería a partir de la década de los años setenta cuando se le adopta de forma definitiva, sobre todo en Norteamérica.

Rebeil expone que, en el caso de México, algunos de los más grandes e importantes corporativos (transnacionales), replican los diseños estructurales de sus oficinas matrices, donde vieron al comunicador en un rol de hacedor de medios y organizador de múltiples eventos, sin que necesariamente toda esta actividad estuviera concatenada a un esfuerzo estratégico a través de la que se apoyara formalmente los objetivos de negocio de la organización. 

Es la visión integral la que permite al comunicador tener una mayor comprensión de los procesos de cambio y apoya el logro de las metas de la comunicación en una entidad.

La riqueza de los medios utilizados determinaba en muchos casos el buen hacer comunicativo.

Por otra parte, la globalización ha dado paso a una revolución en las comunicaciones y en la forma de comunicarse, lo que ha significado profundos cambios en la vida de las empresas. Las comunicaciones se han orientado cada vez más a los mercados, a los clientes y a la atención que le dan a estos, así como a las comunidades con las que tienen relaciones que no son
necesariamente negocios.

Esto también es abordado por Rodríguez y Opazo (2009, Pág. 14), ya que en el mundo globalizado actual resulta fundamental contar con múltiples medios para informarse de todo lo que ocurre en la empresa; por lo que la comunicación es un elemento central del entorno.

En este sentido, la comunicación permite coordinar las acciones, transmitir información para la toma de decisiones y distribuir las actividades resultantes entre los que deberán ejecutarlas. Por lo tanto, la ineficiencia organizacional es redefinida como ineficiencia comunicativa.

De acuerdo con Rebeil, en el entorno exterior es en el que se da una enorme cantidad de variaciones, la capacidad de comunicar el cambio ha sido definida como un atributo esencial en el liderazgo de las organizaciones.

La alta dirección de las empresas ha comprendido que los cambios se generan, en primera instancia, a través de los ejecutivos y entender el rol que estos deben capacitarse y actualizarse de manera permanente, y entender la función que deben desempeñar como comunicadores.

Las relaciones públicas en las organizaciones o empresas se ocupan de las relaciones de una institución, holding o colectivo determinado, con sus distintos públicos, para la visibilidad y consecución de unos objetivos previamente fijados las relaciones públicas, por tanto, son una parte indispensable en la dirección de cualquier entidad que se precie (Barquero, 2010).

Durante la última década del siglo XXI, la comunicación se ha logrado establecer como un elemento crítico de los proyectos de cambio que surgen en las organizaciones, que suelen ser de gran complejidad y decisivos para la consecución de los objetivos trazados, lo cual explica por qué en la actualidad la importancia de la comunicación en las organizaciones va en aumento, al ser apoyada en su instrumentación.

Al hablar de la evolución que ha experimentado la comunicación organizacional en las últimas décadas, se atribuyó una importancia especial al hecho de que el especialista en comunicación debe continuar su cambio al pasar de un rol reactivo a otro estratégico.

Patricia Orantes Alarcon
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Gobierno de Guatemala

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