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COLUMNAS

Educación inclusiva y equitativa,
de calidad

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Antonio Palma,
Voluntario asociado en comunicación, ONU Guatemala
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¿Cuál es el primer paso para transitar a una educación inclusiva de calidad? En el marco de la Cumbre Transformando la Educación, que se celebró en la sede de las Naciones Unidas, he meditado sobre el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 4, que habla sobre la educación inclusiva y equitativa de calidad.

Dicho ODS explica la necesidad de asegurar el acceso igualitario al sistema educativo a personas con discapacidad, pueblos indígenas y niños en situaciones de vulnerabilidad; también manifiesta la necesidad de construir o adecuar los centros educativos para que sean accesibles y seguros para los grupos ya mencionados.

Como podemos ver, la educación inclusiva debe ser el objetivo para lograr el pleno cumplimiento del ODS 4, esto se refuerza con marcos de derechos humanos como La Convención de 1960 de la Unesco contra las Discriminaciones en la Esfera de la Enseñanza, la Convención sobre Derechos de las Personas con Discapacidad (CPD) y otras normas que señalan la importancia de no excluir ni limitar en el acceso a la educación a niñas, niños o jóvenes por su condición de discapacidad o cualquier otro motivo.

La educación inclusiva debe ser el objetivo para lograr el pleno cumplimiento del ODS 4.

Pero: ¿Cuál es el primer paso para transitar a una educación inclusiva de calidad? Uno de los primeros pasos es comprender la diferencia entre cuatro palabras clave: exclusión, segregación, integración e inclusión. De forma breve podemos decir que la exclusión es impedir o negar el acceso a espacios educativos a niñas, niños o jóvenes, mientras que la segregación ocurre cuando la educación se imparte en entornos separados, especiales para determinadas condiciones de discapacidad; es decir que personas ciegas estudien en una escuela y personas sordas en otra, apartados de estudiantes sin discapacidad.

Por otro lado, la integración se da cuando las y los estudiantes con discapacidad estudian en un centro educativo convencidos de adaptarse a los requisitos normalizados; en cambio la inclusión, según la Observación general número 4 de la CDPD, implica un proceso de reforma sistémica que conlleva cambios y modificaciones en el contenido, los métodos de enseñanza, los enfoques, las estructuras y las estrategias de la educación para superar los obstáculos con la visión de que todos los alumnos de los grupos de edad pertinentes tengan una experiencia de aprendizaje equitativa y participativa y el entorno que mejor corresponda a sus necesidades y preferencias.

Dicho en otras palabras, la educación inclusiva es aquella que permite a todas las niñas, niños y jóvenes estudiar en un mismo lugar, sin importar su género, discapacidad o pertenencia cultural, sintiéndose seguros e incluidos en todas las actividades educativas y, sobre todo, aprendiendo los contenidos académicos.

Otro de los pasos importantes que se deben dar es tener materiales accesibles y funcionales a todos los grupos; es decir, tener documentos en distintos idiomas, en braille, en lengua de señas y en formatos de lectura fácil que contribuyan a personas con discapacidad intelectual o baja visión.

Otro aspecto importante es que los centros educativos tengan accesibilidad en su estructura; es decir, que tengan rampas, guías en el piso y señalizaciones funcionales para todas y todos, que permitan desplazarse con seguridad y aprender con comodidad en las escuelas.

Es de suma importancia transitar de la educación especial a la inclusiva, aspecto que se puede lograr trabajando de la mano con los órganos encargados de emitir leyes, para transformar el sistema educativo y cumplir con el ODS 4.

Regresando a la Cumbre Transformando la Educación, es de suma importancia que para lograr cambios significativos podamos transitar a una educación que incluya a todas y todos sin distinción y que permita que las personas puedan acceder a los espacios y contenidos académicos sin barreras que limiten su participación. Para ello, es importante que los jóvenes, la sociedad civil, docentes, gobierno y otros trabajemos de la mano para no dejar a nadie atrás.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Eduquemos a nuestros hijos

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Leonel Guerra Saravia
[email protected]

Un amigo me contaba que estaba por cambiar a su hijo de colegio, porque su hijo no estaba rindiendo en sus estudios y se mantenía decaído. Le expliqué que debemos educar bien a nuestros hijos para que sepan sobreponerse y superarse. Le hice ver sobre el bullying o acoso, que es la agresión para ejercer poder sobre otra persona.

Concretamente, los investigadores lo han definido como una serie de amenazas hostiles, físicas o verbales que se repiten, angustiando a la víctima y estableciendo un desequilibrio de poder entre ella y su acosador. El acoso puede definirse como una forma de violencia escolar especialmente dirigida hacia una víctima concreta, que sufre de manera sistemática diferentes formas de agresión física, verbal o psicológica.

El acoso escolar también es conocido como bullying se define como: la violencia repetida entre pares, compañeros, compañeras, en la que uno o más individuos tienen la intención de intimidar y hostigar a otros. Se caracteriza por el abuso de poder entre niños y jóvenes en edad escolar. El bullying puede clasificarse según el tipo de violencia que caracteriza esta relación de poder entre un agresor y una víctima.

El acoso escolar también es conocido como bullying.

Puede surgir dentro de la escuela, pero no se limita al entorno escolar: puede prolongarse fuera de las horas lectivas, ya sea en el entorno del colegio, en el barrio o a través de dispositivos como móviles u ordenadores, produciéndose entonces ciberacoso, que es un tipo específico de bullying. Para que se considere acoso escolar, debe presentar las siguientes características: abuso de poder.

Este se refiere a los comportamientos frecuentes como agresión física, intimidación y amenazas, por parte de una alumna o alumno, o bien un grupo de alumnas o alumnos para humillar o transgredir emocionalmente. Le expliqué que el bullying se puede prevenir siguiendo algunas recomendaciones.

Estar atentos a detectar casos de violencia. Derivar casos que requieren apoyo. Promover el respeto del espacio vital y los límites. Nombrar las diversas formas de violencia. Reconocer las situaciones de violencia. Hablar sobre el tema. Seguir protocolos de manejo de casos de violencia. La prevención primaria es responsabilidad de los padres, de la sociedad en conjunto y de los medios de comunicación (en forma de autorregulación respecto de determinados contenidos).

Dentro de la institución, se considera prevención primaria a todas las acciones que buscan mejorar la convivencia y el clima del centro como el empleo de la mediación, y el uso de un código de disciplina positiva para la resolución de conflictos.

Leonel Guerra Saravia
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COLUMNAS

No es lugar para débiles

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Pablo Celis
Profesor investigador
de Faro UDD

En Sin lugar para los débiles, la célebre novela escrita por Cormac McCarthy y llevada al cine de manera magistral por los hermanos Coen, se relata el sanguinario periplo de un veterano de la guerra de Vietnam, quien, luego de encontrarse con un maletín lleno de dinero producto de una fallida transa de drogas, debe huir, por una parte, de miembros del cártel y, por otra, de un despiadado psicópata obsesionado por encontrarlo y recuperar tan preciado botín.

En este escenario, un nostálgico sheriff intenta proteger al veterano y salvarlo de quienes lo persiguen, mientras ve cómo el mundo frente a él se va desdibujando por la violencia. Siendo este el eje que estructura el relato, tanto la novela de McCarthy como la versión de los Coen hacen uso de esa historia como punto de partida para ofrecer una descarnada y visceral panorámica de lo que acontece en aquellos lugares, sitios y paisajes en donde la ley entra en suspenso.

Una puesta en pausa que no es meramente simbólica, sino también fáctica.

Una puesta en pausa que no es meramente simbólica, sino también fáctica, haciendo posible que prolifere una espiral de violencia, horror e inmoralidad en tanto expresión de todo aquello que podemos llamar abyecto.

En Chile, de un momento a esta parte, con el aumento en los niveles de inseguridad que se pudo visualizar recientemente en los resultados de la Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana (Ensuc) o, por ejemplo, con el crecimiento de los homicidios en el denominado Primer Informe Nacional de Homicidios Consumados, da la impresión de que estas cifras e indicadores fueran, únicamente, abstracciones objetivantes como cualquier otro fenómeno.

El Estado, no cabe duda, requiere datos para visualizar los problemas y, a partir de ahí, tomar decisiones y proponer proyectos. El problema está, sin embargo, circunscrito a cómo esas cuantificaciones reflejan algo aún más siniestro y brutal: que estamos ad portas de vivir en el suspenso de la ley. En un interregno.

En el eventual acabamiento del orden y la rápida consumación de lo barbárico. En ese sentido, no hace falta describir la brutalidad de los hechos delictuales que se han tomado la agenda en las últimas semanas, lo que –como se ha podido apreciar– ha conducido a que algunas calles y barrios se tiñan de rojo.

La muerte, en su condición abyecta y salvaje, ha devenido parte de una cotidianidad infranqueable. La pregunta, entonces, que debemos hacernos es: ¿estamos preparados para habitar un lugar que no es para débiles?

Universidad del Desarrollo
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COLUMNAS

La conflictividad indeleble

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Dr. Jorge Antonio Ortega Gaytán
[email protected]

Las batallas tienen como común denominador el uso de las trincheras, las guerras son al final la continuación de la política, son el reino de la muerte masiva de los mejores hijos de las naciones en confrontación, es el imperio de la destrucción y la desolación ¿Si existe el infierno? La guerra es la mejor representación; nuestro gen primitivo de eliminarnos entre sí nace de nuestras pasiones, ideologías confrontadas, creencias controversiales y carencias de recursos naturales.

La guerra se constituye a lo largo del pasado de la humanidad en un evento permanente, ¡siempre presente! En todos los tiempos y latitudes. Antes de Cristo, el Viejo Testamento nos describe las confrontaciones en el Medio Oriente (guerras asimétricas, clásicas, psicológicas y otras); la historia universal en forma cronología detalla las grandes campañas militares que definieron los imperios y que transformaron la geografía del mundo a través de la confrontación.

Hoy, en el horizonte mundial, se vislumbra un sinfín de conflictos de toda naturaleza y por los motivos más diversos. Por lo tanto, se hace necesario diseñar escenarios a futuro por medio de las herramientas de la prospectiva. La construcción del porvenir requiere del conocimiento de la historia y geografía, de analizar en forma integrar las probabilidades que puedan contribuir a nuestra arquitectura futurista.

Los ejes del poder mundial se están extrapolando a otros ámbitos, las cuatro expresiones (económico, político, social y militar) del poder de los Estados se están fusionando, dando fuerza a los intereses nacionales como nunca.

”La guerra se constituye a lo largo del pasado de la huma- nidad en un evento permanente“

Las amenazas están en un proceso superlativo de crecimiento y filtrándose en las estructuras gubernamentales; el cambio climático, la contaminación ambiental, la migración masiva y el desmedido crecimiento de la población del planeta, hacen validar la hipótesis del colapso de nuestro planeta, máximo, si se agrega la expansión y el crecimiento sin control de las armas de destrucción masiva, las nucleares, las químicas y biológicas.

El panorama es complejo. Necesitamos de inmediato buscar soluciones a los conflictos armados, para detener la simpatía de otros Estados por hacer la guerra, teniendo de excusa de las guerras vigentes: Rusia- Ucrania, Israel -Hamas de Palestina, Pakistán – India, las tensiones de China por Taiwán, y el liderazgo mundial; Japón – China, Corea del Norte -Corea del Sur y otros conflictos en escalada permanente en África; Hay suficientes ejemplos para legitimar una situación conflictiva.

El futuro es incierto, todo puede cambiar en un segundo, debido las decisiones en cualquiera de las expresiones del poder, que hacen posible el efecto mariposa en forma global. Todo es vinculante en la posmodernidad. La migración a Marte por los representantes de la humanidad se aproxima con mayor certeza, día a día, mientras el mundo colapsa y sus habitantes se eliminan por cualquier motivo, la creatividad de destrucción es desbordante, supera con creces a la razón de la pervivencia humana.

¿Qué nos impulsa a la destrucción? El odio, la codicia, la necesidad, el poder, nuestras creencias, nuestros pensamientos perversos… las respuestas son múltiples, las excusas infinitas. Las guerras por sus resultados y motivos se han clasificado en: santas, justas, necesarias y normalmente su razón es la preservación de la paz.

La fragilidad de la paz requiere que los Estados cumplan con su responsabilidad de la defensa de su integridad territorial, la soberanía y la independencia, la nación debe aportar su esfuerzo en esa dirección dando cumplimento a precepto constitucional de amar y defender a la patria. Lo anterior implica la legalidad, legitimidad y la permanencia de la preparación del brazo armado. Es por ello que la defensa es permanente y flexible.

La construcción de la paz es un proceso de largo aliento, con muchos obstáculos, con intereses en contraposición, pero es posible alcanzarla con voluntad política, el compromiso y esfuerzo de todos.

Dr. Jorge Antonio Ortega G.
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