Marco Antonio Sagastume Gemmell
Presidente del Comité de Derechos Humanos de la Federación Interamericana de Abogados (FIA).
Aristóteles nos decía que hay tres reinos: el mineral, el vegetal y el animal, y de esos, hay tres grupos que son seres vivos: el vegetal, el animal y un animal que posee una dignificación porque tiene la capacidad de razonar y posee espíritu, este es el ser humano.
Tomás de Aquino, un filósofo que nace en 1525 en Italia, le propuso a la iglesia católica incorporar este concepto a su doctrina, agregándole que este ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios; al principio no lo aceptaron, pero posteriormente consideraron que era muy importante y pasó a formar parte integral de su doctrina.
El Papa Juan Pablo II, al estudiar este concepto, se dio cuenta de que había la necesidad de agregarle la praxis, porque a diferencia de los otros animales, el ser humano siempre mejoraba su entorno, y nos decía: “Si colocamos a varios animales irracionales en un espacio, allí harán sus necesidades y no las limpiarán; sin embargo, el ser humano limpia su entorno constantemente”.
¿Hasta dónde aguantará nuestra paciencia? ¿Yo no sé; y usted? Y sí usted no tiene la solución, menos yo, que no le entro al sistema político.
Un día me invitaron a conocer una isla habitada por monos en el lago de Catemaco, cerca de Veracruz, México; unos investigadores hicieron experimentos con monos, y al terminar, dejaron a los monos sobrevivientes. Cuando íbamos en la lancha, el guía nos dijo: “Hay una prohibición, y es que nadie se puede reír al desembarcar en la isla”. Y como yo soy de la generación de los que pintamos en las paredes: “Queda terminantemente prohibido prohibir”. No estuve de acuerdo y le pregunté por qué. Y me respondió que, hacía 15 días, un australiano se puso a reír y los monos lo atacaron, porque el ser humano es el único animal que enseña los dientes en señal de alegría; en los demás animales es señal de agresión. Entendí y cerré mi boca.
Somos un animal mamífero maravilloso. Dándoles clases de derechos humanos a oficiales del ejército de Guatemala, un oficial me decía: “Yo no soy animal”, y le respondí: “Entonces es vegetal o mineral, porque no se ha inventado otro reino”.
También somos los únicos que podemos aplicar la humildad en nuestras vidas y creemos en un ser superior. Mi hija Anaite me regaló uno de los libros judíos más antiguos y es el Zójar, y dice: “Quien se hace pequeño, Dios lo engrandece, y quien se hace grande, Dios lo empequeñece”.
También, somos los únicos que podemos rectificar, si cometemos o estamos en un error, como la corrupción; el ejemplo de líderes nos puede hacer cambiar.
¿Cuál es nuestro principal problema?, me preguntan. El sistema político que tenemos, respondo. Ya no implica progreso o desarrollo; cada partido político es una oficina de negocios, las candidaturas se venden y esperan que al llegar al cargo mediante la corrupción, reúnan lo que pagaron y enriquecerse.
Veámoslo más despacio, el presidente de la República detuvo el chorro de dinero para comprar votos en el Congreso, y a los diputados les urge pagar lo que han invertido; entonces, su Junta Directiva les aumenta el sueldo con el beneplácito de la Corte de Constitucionalidad y es una novedosa manera de corromperse, pero no se han dado cuenta de que los salarios de miseria de los trabajadores del Estado harán protestas mediante manifestaciones públicas y crearán crisis.
Pero como el sistema político se basa en el individualismo, no en lo colectivo, lo que les importa es llevar agua a su molino, aunque el pueblo no tenga los requerimientos de la
dignidad.











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