Destrucción de Palestina

El 2 de noviembre del 2017 se cumplió el centenario de la Declaración Balfour, que permitió la partición de Palestina, el ilegal despojo de sus territorios y la creación del Estado de Israel.

La Declaración, rubricada por el Ministro de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, Arthur James Balfour y dirigida al barón Lionel Walter Rothschild, líder de la comunidad judía en ese país, allanó el camino para la inmigración en masa de judíos de todo el mundo a Palestina.

En 1917, los habitantes judíos de Palestina constituían el 10 por ciento de la población. La población judía pasó de 50 mil a 600 mil hasta que Israel declaró su independencia, tres décadas después de la Carta de Balfour.

El Gobierno británico (después administrador de Palestina), promovió la Resolución 181 del 29 de noviembre de 1947 de la Asamblea General de Naciones Unidas, que estableció la partición de Palestina y la creación, artificiosa, del Estado de Israel. En 1948 se produjo la Nabka, en la que cientos de miles de palestinos fueron asesinados o forzados a abandonar sus hogares para ceder territorio donde se estableció el Estado de Israel.

El embajador de Guatemala en la Naciones Unidas, Jorge García Granados, quien también era miembro de UNSCOP (United Nations Special Committee on Palestine), emitió el primer voto a favor de la Partición de Palestina. Guatemala fue el primer país en reconocer al Estado de Israel, tras la votación de 1947. En 1956, Guatemala fue el primer país en abrir una Embajada en Jerusalén y García Granados fue el primer embajador. Un siglo después, el Estado de Israel extendió sus fronteras a casi la totalidad de Palestina, edificando miles de ilegales asentamientos de colonos judíos y aplicando acciones represivas contra la población civil en la Franja de Gaza y en la ocupada Cisjordania.

Aún en las más adversas circunstancias, despojados de sus tierras, expulsados de su patria, asesinados, encarcelados, privados de sus medios fundamentales de existencia y diseminados por el mundo, los palestinos no cesan en su lucha por establecer el Estado Palestino, soberano e independiente, con las fronteras que tenían antes de 1967, y con su capital en Jerusalén oriental.

Marco Vinicio Mejía