De remesas  y turismo

Debo admitir que mi única experiencia en turismo fue un reportaje que realicé sobre Antigua Guatemala, siendo estudiante de comunicación. Dicho trabajo me valió una beca para estudiar periodismo turístico en Medellín, Colombia. Era aquel lejano 1977. Como resultado de dicha aventura académica conocí a la hermosísima María Elena, con quien entablamos una relación de cartas durante algún tiempo, hasta que la guadaña de la distancia cercenó aquella ilusión.

Han pasado muchos años. El turismo es hoy un rubro muy importante en la generación de divisas. Ocupa el segundo lugar. El primero son las remesas: esos ingresos que reciben miles de guatemaltecos de parte de sus familiares que, a fuerza de angustia, cansancio, sudor y lágrimas, inciden en la economía, dando su significativo concurso a las grandes cuentas nacionales, y por supuesto, llevando el pan a la mesa de los más necesitados. Este año, al mes de septiembre el Banco de Guatemala reporta, por ingresos de remesas, 6,097,334 millones de dólares. Nada menos que el 58 por ciento del presupuesto nacional del 2017. Si algún día nuestros paisanos en el extranjero se declararan de brazos caídos y no enviaran la sagrada remesa, Guatemala se convertiría en el país más pobre de la Tierra. ¡Y pensar que muchos de nuestros hermanos que han emigrado apenas saben leer y escribir, sin embargo, tienen una voluntad de hierro y un sentido de solidaridad, que bien debieran emular los grandes potentados y muchos aprovechados que hacen del tesoro nacional su caja chica! En cuanto al turismo, el Banco de Guatemala reportó a diciembre de 2016, 958.8 millones de dólares, aproximadamente 7,191 millones de quetzales. Durante ese mismo año, en cambio, las remesas familiares alcanzaron la cantidad de 7,159,967.6 millones de dólares ¡7 veces más que el turismo!

Como decía al inicio de esta columna, no sé mucho de turismo. Sin embargo, el sentido común me indica que el país tiene muchos rubros de atracción. En primer lugar, un patrimonio cultural envidiable, por cierto, muy descuidado; una variedad climática, fauna y flora diversa que, a pesar del deterioro medioambiental y los altos índices de contaminación, aún se exhibe exótica. También posee prácticas culturales ancestrales: ceremoniales, telares, comida, idiomas, en fin, un sinnúmero de cualidades que el extranjero podría buscar.

Hace falta, por supuesto, mejorar la infraestructura del país, especialmente las vías de comunicación, la conservación del patrimonio cultural, el desarrollo y mejoramiento de la hotelería y centros turísticos de diversa índole. Y, por supuesto, una agresiva estrategia para vender a Guatemala en el extranjero y provocar que el turista ponga sus ojos en nuestro país como un lugar de descanso, recreación y enriquecimiento cultural. Del turismo interno mejor ni hablemos. Apenas tenemos para comer y muy pocos recursos para pasear.

Carlos Interiano