De oficios y profesiones (II)

Hubo localidades en donde las alpargatas fueron fundamentales en su economía.

De zapateros y alpargateros. Contamos en España con un buen número de imágenes de zapateros desde el Románico al Barroco. Al maestro Esteban se adjudica un altorrelieve que se conserva en el Museo de Navarra y procede de la catedral de Pamplona y data de entre 1101 al 1127. En la portada románica de Santa María de Sangüesa, de la segunda mitad del siglo XII, encontramos la figura del zapatero repetida en sendas imágenes, en 2 momentos de la realización de un zapato.

La parroquia de Lumbier conserva el relieve que debió presidir el retablo de los zapateros, dedicado a san Crispín y san Crispiniano. Su fecha correrá paralela a la del establecimiento y aprobación del gremio en la localidad, en 1628 y 1629 respectivamente, algo que se aviene perfectamente con su estética tardorromanista, con incipientes rasgos de realismo de sus figuras. Otros retablos dedicados a los santos Crispín y Crispiniano no se centran en la escena de la realización de zapatos, sino que glosan su martirio, como ocurre en el de la parroquia de San Miguel de Estella (1602), aunque entre los atributos que suelen lucir siempre hay un zapato o una bota.

En Pamplona, la cofradía de los zapateros, denominados como maestros de obra prima, contó con diversas ordenanzas y estuvo bajo la advocación de san Eloy, al que rendían culto en san Nicolás y san Crispín y san Crispiniano, venerados en la de san Lorenzo. Pese a que en 1757 hubo que reformar las ordenanzas para restringir la entrada en la cofradía por ser excesivo el número de tiendas de zapatos en la ciudad, la consideración social de sus miembros era muy peyorativa.

Hubo localidades en donde la fabricación de otro tipo de calzado más humilde, las alpargatas, fue en el pasado fundamental en su economía. En una relación de 1799 de Fitero, conservada en la Real Academia de la Historia, leemos al respecto: “El gremio de alpargateros está más pujante. Consume al año en su manufactura mas de 6 o 7000 arrobas de cáñamo con el que se fabrican más de 210.000 pares de alpargatas, de las cuales, después de proveer al pueblo (que corrientemente usa este calzado) llevan lo restante a Pamplona, Tudela, Estella y otros pueblos y aun a los fronterizos de Francia. Mantiene este gremio en las diversas operaciones de su oficio como 260 o 280 personas”.

Hace poco menos de un siglo Florentino Andueza recogió en unos dibujos a los alpargateros de Fitero trabajando en sus bancos de madera.

Redacción DCA