Hay personajes que se cuelan en la infancia y, aunque los años pasen, regresan con fuerza al corazón. En muchas casas de Latinoamérica, El Chavo del 8 y El Chapulín Colorado no eran solo programas, fueron parte del paisaje emocional diario. Los veíamos mientras almorzábamos, hacíamos tareas (o las evitábamos) y nos reíamos de los mismos chistes, una y otra vez, como si fuera la primera.
En mi caso, confieso que fui víctima de la “influencia chespiritiana”. De niño, me gané más de un chancletazo por decirle a mi mamá. “¡Si serás, si serás!”, después de que ella cometiera un error. Aquello no le causó tanta gracia como a mí. Para ella no fue un guion de comedia, fue una falta de respeto. El humor que yo encontraba tan inocente a veces me dejaba la nalga colorada.
Y no solo eso. Ya de adulto, cuando mi hija le gritó: “¡Torpe!” a una tía que botó un vaso con agua, me dieron ganas de prohibirle el programa. Chespirito educó emocionalmente a más de una generación, para bien… y para chancletazo.
Este año, recién terminó en HBO/Max la primera temporada de Chespirito: Sin querer queriendo, la serie biográfica que explora la vida, obra, amores, errores y genio del hombre detrás del mito. No es una comedia. Es un retrato emocional, duro en partes, brillante en otras, que revela lo que no se veía detrás del barril ni de las antenitas de vinil.
La serie ha causado un verdadero terremoto mediático. No solo revive con precisión el México de los años 70, sino que también ofrece un triple golpe de impacto: la impecable producción, los detalles históricos que pocos conocen, y claro, el infaltable chisme.
¡Ah, el bendito chisme! La serie no esquiva los temas incómodos: muestra la infidelidad de Roberto con Florinda Meza (representada como Margarita), el distanciamiento con sus compañeros de elenco y la lucha de egos. Esto ha desatado oleadas de comentarios en redes sociales, reacciones cruzadas de los actores originales y hasta nuevas entrevistas en programas matutinos. Es como ver Ventaneando, pero con escenografía de época.
Chespirito: Sin querer queriendo es una serie que hay que ver. No solo por nostalgia, sino por el valor de conocer lo que había detrás del telón más famoso de la comedia latinoamericana. Y si termina gustándote, no temas decirlo: “Fue sin querer queriendo”.
Igual, después de esta serie, los capítulos del Chavo en Acapulco, ya nunca más serán los mismos. Porque como dice la hermosa canción y los memes: “Solo quedan las ganas de llorar, al ver que nuestro amor se aleja”.
Cine
Lo nuevo de Marve
Los Cuatro Fantásticos: Primeros Pasos, que ya se proyecta en las salas del país, te transporta a una versión retrofuturista de los años 60 con una estética visual impecable. Más que héroes, son una familia unida que enfrenta un peligro cósmico. Con acción, emociones profundas y una historia fresca, es el inicio perfecto para una nueva era Marvel.

Animación
Death Love & Robots
La serie de antología animada Death Love & Robots (2029-2025) es una montaña rusa visual que mezcla ciencia ficción, horror y locura animada. Cada episodio es una cápsula creativa hecha con lo último en tecnología. Si te gustan los relatos cortos con golpes de efecto y animación, que parece sacada del futuro, esta serie creada por Netflix es un festín audiovisual imperdible.












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