Rodolfo Zelada
Periodista
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La evolución de la vida es constante. Lo mismo pasa con los grupos criminales. Eso queda evidenciado con el trabajo de inteligencia realizado por el Ministerio de Gobernación que derivó en los operativos a gran escala realizados el domingo pasado contra diferentes estructuras de la mara Salvatrucha, que de las extorsiones han evolucionado a la distribución de droga en diferentes partes del país.
Las pesquisas de las fuerzas de seguridad dan cuenta que desde hace aproximadamente 15 años los pandilleros entraron en pugna por controlar el mercado del narcomenudeo con los Caradura, agrupación delictiva que se adueño del sector tras la muerte de líderes como Marín, Marioco y el Morado, también conocido como el Coyote, quien inició trasladando personas hacia el norte del continente y posteriormente se involucró en el negocio de los estupefacientes.
Lo cierto es que, en la actualidad, la lucha por la distribución de narcóticos en zonas importantes del país ha sido basada en violencia y muerte, especialmente en áreas donde funcionan clubes nocturnos, bares, discotecas y prostíbulos, entre otros.
Entre los resultados obtenidos por las diligencias figura la vinculación de al menos cuatro atentados y crímenes ocurridos recientemente en las zonas 3, 7, 10 y en Ciudad Quetzal, Sacatepéquez.
De hecho, los operativos del domingo se realizaron en el barrio El Gallito, punto neurálgico de acción de los pandilleros convertidos en dealers, así como en colonias y asentamientos cercanos, además de otros en las zonas 7, 10, 11, 12 y 13. El accionar de las fuerzas de seguridad también tuvo lugar en Santa Catarina Pinula (Guatemala), Escuintla, Santa Rosa y Jutiapa.
Es más, entre los resultados obtenidos por las diligencias figura la vinculación de al menos cuatro atentados y crímenes ocurridos recientemente en las zonas 3, 7, 10 y en Ciudad Quetzal, Sacatepéquez.
El objetivo de las autoridades con este golpe es claro: contener las nefastas consecuencias de las extorsiones, ataques armados y muertes que ha dejado hasta el momento esta lucha de poder por parte de los grupos criminales.
Sin embargo, tampoco se puede dejar de lado la afectación que puede significar para los pandilleros el hecho de que hayan golpeado sus áreas de operación en cuanto a la distribución de drogas, toda vez que para ellos “no es negocio” el que las fuerzas de seguridad tengan identificados y controlados los sectores que se han convertido en sus fuentes de ingresos constantes y voluminosos.
La ampliación de actividades delictivas por parte de los pandilleros es evidente, incluso, las
autoridades sospechan de su involucramiento en otras áreas, como los bienes raíces, por ejemplo, fachadas que pueden utilizar perfectamente para lavar el dinero producto de sus actividades ilícitas.











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