Felipe Landaeta
PhD en Integral & Transpersonal Psychology
La conciencia acerca de la crisis climática es cada vez mayor, transitando la conversación pública entre la evidencia científica, las noticias de catástrofes naturales, el negacionismo, el activismo y más. Hoy presenciamos también, desde una perspectiva psicológica y social, que las opiniones acerca de la crisis climática pueden relacionarse con posturas valóricas e ideológicas, pudiendo llegar a negar la evidencia y a cancelar al emisor del mensaje cuando no estamos de acuerdo con la información y los hechos presentados. Autores especializados comentan que a mayor conocimiento sobre el tema tiende a fortalecerse la propia posición, operando el sesgo confirmatorio en algunos casos y la negación en otros.
La filósofa Joanna Macy postula que frente a la crisis climática se suelen adoptar tres posturas: (a) hacer como que no pasa nada y pretender seguir igual que siempre (negación); (b) asumir que lo que está pasando implica un desastre sin retorno (un gran desmoronamiento), y (c) una posibilidad para tomar acción que, aunque pueda considerarse pequeña en escala, puede comprometer al ser humano con sus comunidades y, de forma más amplia, con la red de la vida.
Estamos a tiempo de seguir aprendiendo y organizarnos como sociedad, podemos anticiparnos a posibles escenarios.
Desde la psicología también sabemos que hay efectos en la salud mental. El término más conocido de esto es la “eco-ansiedad”, que es la preocupación por los temas ambientales, sea por experiencia directa o indirectamente por información recibida. Otros efectos incluyen el dolor emocional por el deterioro de la naturaleza conocida o cercana, así como emociones intensas como percepción de injusticia,
desesperanza, miedo, decepción, ira entre otros.
En términos de prevención estamos en deuda como sociedad. Somos un país sísmico, experimentamos catástrofes naturales cada cierto tiempo, por lo que debiéramos tener mayor preparación. La Asociación de Psicología Americana (APA) ha recomendado hace algunos años prepararse en términos de información y educación para las crisis ambientales, promoviendo la resiliencia individual y comunitaria. Esto va desde lo básico y práctico de un “kit de emergencia”, pasando por la preparación psicológica, hasta estrategias colectivas para promover la resiliencia y afrontar de mejor forma cuando suceda un evento climático de magnitud.











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