No hay que hacer cosas buenas que parezcan malas, dice un refrán; el mundo está lleno de buenas intenciones, pero sigue siendo mundo.
Es un caso particular porque se trata de una personalidad del cine y de la televisión y por lo tanto es una figura pública. La artista Kate del Castillo está involucrada en un asunto espinoso al ser relacionada con Joaquín El Chapo Guzmán, detenido después de dos fugas, por un aparente afán de hacer una película de la vida del narcotraficante que en su momento se convirtió en el hombre más buscado. No vamos a entrar en análisis de si es cierta la amistad, la relación, o si es cierto el proyecto y si recibió dinero sucio para sus empresas. Lo que sí es cierto, del escándalo a la fecha y pareciera que las aguas se calmaron en contra, es que hay una mancha en su hoja de vida.
No hay que hacer cosas buenas que parezcan malas, dice un refrán popular, el mundo está lleno de buenas intenciones, pero sigue siendo mundo; las cárceles están llenas también de crímenes, de los que obstruyen la justicia y que andan en malas compañías. El caso de la protagonista de series de narcotraficantes no es incumbencia nuestra, pero sí podemos tomar el ejemplo para exhortar a los padres en el cuidado de las perlas que Dios les dio en su matrimonio. “Dime con quién andas y te diré quién eres”, la despreocupación en la educación de sus hijos será al final causa de sinsabores, lágrimas y tragedias, por andar en la calle con otros jóvenes “mala planta”, tendrán el mismo calificativo, andarán en carros robados y aunque solo sean compañía serán acusados de ladrones.
Queremos que el país cambie, pero tenemos que cambiar nosotros a lo interno, en la conducción de la familia, en la educación de los hijos, en el buen trato al cónyuge, quitarles de las garras de la bestia del mal a los nuestros, que estudien, que tengan buenas costumbres, principios, que se eduquen. Las malas compañías corrompen las buenas costumbres, dice la Biblia. En el libro de Proverbios nos recomienda: “No te hagas amigo de gente violenta, ni te juntes con los iracundos, no sea que aprendas sus malas costumbres y tú mismo caigas en la trampa”.
En este mundo con cambios existenciales, la mejor defensa de los hijos está en la familia. Leer la Biblia, repasar las buenas costumbres, que se practiquen, que sean temerosos de Dios y respetuosos con sus padres, con sus maestros y con el prójimo.











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