En algún salón de la ciudad de Guatemala, hacia finales del siglo XIX, una pareja aprendía los pasos de una polca. Afuera, el mundo cambiaba. Adentro, la música mandaba. Esa escena, repetida miles de veces en décadas de vida social centroamericana, estuvo a punto de desaparecer para siempre. Hoy, gracias a un esfuerzo musicológico sin precedentes, vuelve a sonar.
Dieter Lehnhoff, compositor y director de orquesta, y la mezzosoprano especializada en música barroca y latinoamericana Cristina Altamira, con el respaldo de la Asociación Guatemalteca de Gestión de la Industria de Productores de Fonogramas y Afines (Aginpro), presentaron ayer su cuarto documental de la Serie de Rescate Musical Los bailes sociales de antaño.
Tanto Lenhoff como Altamira han emprendido la tarea de rescatar, transcribir y difundir el patrimonio sonoro de Guatemala. El resultado es una colección audiovisual disponible de manera gratuita en YouTube, bajo el nombre Altamira TV Producciones. “Lo que estamos contando es la experiencia humana a través de la música y la interacción danzaria”, señalaron los responsables del proyecto.

Ritmos desde Europa
El siglo XIX fue, en materia musical, una época de préstamos y traducciones. Los ritmos llegaban de Europa en barco y se instalaban en los salones con naturalidad. La polca, de origen checo, animaba las noches junto con la mazurca polaca, el chotis alemán y el vals vienés. Autores guatemaltecos como Lorenzo Morales, Julián González y Julián Paniagua Martínez los adoptaron, los firmaron y los convirtieron en algo propio.
Pero Guatemala no fue solo receptora. Desde sus áreas rurales y comunidades mayas nació el son chapín, y fue precisamente la marimba el instrumento que cambiaría todo.
A principios del siglo XX, el constructor y músico Sebastián Hurtado —asesorado por el maestro Paniagua Martínez— dotó a la marimba de la escala cromática completa, equiparándola con el piano. Ese salto permitió que los bailes de salón del siglo anterior fueran adoptados de lleno por el instrumento más guatemalteco de todos. La música urbana y la rural se encontraron en sus teclas de madera.
Hoy, esas mismas partituras —muchas de ellas inéditas hasta que Lehnhoff las transcribió— son interpretadas por la Orquesta Millennium y la Orquesta Sinfónica Nacional. También en piano y marimba. “Queremos que el mundo sepa que este material existe”, manifestó Altamira.











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