Marco Antonio Sagastume Gemmell
Presidente del Comité de Derechos Humanos de la Federación Interamericana de Abogados (FIA)
En el rompecabezas de nuestra historia, la verdad debe ser lo que aprendan las nuevas generaciones para no volver a cometer los mismos errores. He escuchado las canciones que contienen los cuatro videos sobre Jorge Ubico que publican en las redes sociales por medio de #ejercitogt#guatemala#ubico#rapguatemala, donde nos quieren convencer de las bondades del dictador, como la seguridad y la honestidad y que después de él vino el robo y el saqueo que sufrimos hoy. Claro que existe la libertad de pensamiento y se puede expresar sin limitación de fronteras, pero también tengo el derecho de decir mi verdad, a través de mis investigaciones. Mi primera afirmación es que la Revolución del 20 de Octubre de 1944 fue la obra social de mayor importancia en nuestra historia y democráticamente lo estamos viendo. La obra física de Ubico está a la vista. Su obra social fue una vergüenza, no solo obligó a los campesinos a trabajar gratis para sus patrones finqueros, sino que les obsequió a estos patrones la exención de la responsabilidad penal. El 27 de abril de 1944, la Asamblea emitió el Decreto 2795, en donde declaraba exentos de responsabilidad criminal a los propietarios de las fincas rústicas cercadas, o a sus legítimos representantes, por los delitos que pudieran cometer contra los individuos que habiendo penetrado sin autorización en el interior de aquellas, fueren hallados in fraganti, o cogiéndose animales, frutos o productos forestales o instrumentos de labranza. Esta ley autorizaba a delinquir en impunidad e inclusive a cometer homicidios y les bastaba presentar dos testigos de su misma finca.
La obra social de Ubico fue una vergüenza, no solo obligó a los campesinos a trabajar gratis para sus patrones finqueros, sino que les obsequió a estos patrones la exención de la responsabilidad penal.
Gobernó a Guatemala como si fuera su finca; cuando me hablan de su honestidad, encontré que tenía una asignación presupuestaria de Q11 mil 790 mensuales y un director de escuela ganaba un sueldo entre Q12 y Q18. Y ese sueldo se lo concedieron como pensión vitalicia y nuestra moneda estaba en paridad con el dólar. También encontré que esa misma asamblea, en abril de 1940, aprobó la cantidad de Q200 mil para Ubico y que podría utilizar como él considerara conveniente. Fue un movimiento de unidad, militares de línea y militares de la Escuela Politécnica trabajaron con estudiantes universitarios de la USAC y en mi criterio fueron 14 estudiantes el nervio al tomar la Guardia de Honor. Estudiantes y profesionales también se unificaron para asumir este importante hecho histórico. El 25 de junio de 1944 se realizaron dos manifestaciones; en una de ellas, el capitán Ramiro Gereda Asturias dio la orden de disparar contra la multitud y una bala asesinó a la maestra María Chinchilla e hirió a varias personas; ante esta situación, Ubico renuncia el 1 de julio de 1944. Es importante la carta de los 311 ciudadanos que le pidieron la renuncia. No solo la situación de los campesinos estaba muy mal, la palabra obrero estaba prohibida y se pensaba en el Gobierno que después de la alfabetización vendría el comunismo y la educación estaba dirigida a perpetuar la protección al latifundista. El magisterio de esa época fue vital para esta revolución.
La USAC tuvo su autonomía y Manuel Galich redactó dicho decreto y se logró un pedagogo como candidato presidencial, el Dr. Juan José Arévalo, quien al llegar a la Presidencia propuso la creación de la Facultad de Humanidades de la USAC.











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